El brutal entrenamiento del grupo secreto de la CNI que operaba en la Compañía de Teléfonos

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Nicolás Sepúlveda

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El brutal entrenamiento del grupo secreto de la CNI que operaba en la Compañía de Teléfonos(ciperchile.cl)

El brutal entrenamiento del grupo secreto de la CNI que operaba en la Compañía de Teléfonos | ciperchile.cl

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Credencial de Jorge Lübbert en la CTC(ciperchile.cl)

Credencial de Jorge Lübbert en la CTC | ciperchile.cl

 Por 13 años Andrés Lübbert investigó lo que ocultaba la fuga de su padre de Chile en 1978. Hurgó hasta en los archivos de la Stasi, la Inteligencia de la RDA. Y destapó una caja secreta hasta hoy: un grupo de la CNI que operaba en la ex CTC (Compañía de Teléfonos), donde se torturaba, asesinaba y se adiestraba a otros jóvenes para matar. Lo plasmó en el documental "El color del camaleón" que se acaba de estrenar en Chile. Esta es la historia inédita de esa búsqueda, con episodios desconocidos del diputado Rosauro Martínez, del general Guillermo Ramírez y de civiles que jamás han sido interpelados.

Para la Stasi, el poderoso servicio de inteligencia de la República Democrática Alemana (RDA), el chileno Jorge Lübbert era agente de la DINA. Para la comunidad de chilenos exiliados en la RDA, el joven de 21 años que arribó allí en septiembre de 1978 era una víctima de la dictadura. Para su hijo, el documentalista Andrés Lübbert, un perfecto desconocido:

-Mi padre era alguien que estaba ausente. Nuestra relación fue en silencio. Hablábamos, pero no teníamos intimidad o diálogo.

Andrés captó desde pequeño que algo extraño ocurría en la historia familiar:

-Cuando éramos niños mi madre nos decía que mi papá había estado en la cárcel en Chile, pero que no había hecho nada malo. Siempre quise tener otra relación con él. Y descubrí en un momento que esa relación que no existía tenía que ver con su pasado -recuerda hoy, sentado en un café en Ñuñoa, mientras relata su historia.

Andrés arribó a esa certeza y se obsesionó. Su primer viaje a Chile fue cuando tenía 19 años.

-Vine a Chile porque quería conocer de dónde venía mi padre. Hice un pequeño documental de 40 minutos: "Mi padre, mi historia". Yo no hablaba español, era muy complicado. Y ahí mi tío y mi abuelo me contaron cosas que yo no entendía, que algo había pasado y que, por eso, mi papá se había ido de Chile. Que entró a trabajar en la Compañía de Teléfonos y que tuvo problemas ahí. Y me decían más cosas que yo no lograba entender.

Jorge y Andrés Lübbert durante uno de sus viajes a Chile

Ese documental fue el primero de cuatro que Andrés Lübbert, hoy de 32 años, ha realizado para entender la historia de su padre. No es extraño que sus dudas las tradujera en películas. En su familia es habitual tomar una cámara y filmar. Su tío, el reconocido cineasta Orlando Lübbert, fue quien le abrió una ventana al pasado. En su segundo viaje a Chile le entregó un testimonio que su papá dio en 1979, poco después de llegar a Europa, como parte de una terapia. Un relato muy íntimo donde revela las verdaderas razones que lo llevaron a escapar de Chile.

En ese testimonio su padre cuenta detalles del entrenamiento que lo obligaron a seguir mientras trabajaba en la Compañía de Teléfonos de Chile (CTC), cuando tenía 21 años. En esas páginas relata cómo le enseñaron a interceptar teléfonos, a espiar a sus compañeros, a disparar, a torturar. Allí su padre revela el funcionamiento de un grupo que hasta hoy ha permanecido en una caja negra que nadie había abierto. Jamás ninguno de los hombres que Jorge Lübbert pudo identificar ha sido interpelado ni por la justicia ni por nadie. Un grupo integrado por agentes de uno de los compartimentos más secretos de la dictadura y que se dedicó a preparar a jóvenes para hacer el trabajo sucio.

Una historia que tiene su punto de quiebre en agosto de 1978, cuando el entonces oficial de Ejército Rosauro Martínez lo castiga por haber hablado del "entrenamiento". Lo golpea, lo insulta, le pone el cañón de una metralleta en la boca y lo amenaza mientras lo sigue golpeando. Hasta que en un minuto, Jorge Lübbert se desespera, le pega una patada en la cara y le rompe el labio. Rosauro Martínez se sale de sí: "¿Quieres ver sangre?", le grita; y lo amarra y lo coloca semidesnudo debajo de una parrilla.

Así relatará ese episodio de quiebre el propio Jorge Lübbert, en el único testimonio que hizo de lo que vivió en Chile en 1978:

"Entró a otra pieza y del interior de un cajón grande sacó un cadáver de un tipo que estaba desnudo, sangrando de la boca, de la cara, estaba tajeado entero, totalmente maltratado, muy flaco, el pelo..., tenía mechones solamente de pelo, como si hubiera tenido una enfermedad, como si se le hubiera caído el pelo. Se notaba un tipo joven pero muy envejecido...estuve una noche completa debajo de él. Me puso el cadáver encima de la parrilla y yo estuve abajo, estuve toda la noche viendo eso. Yo ahí quise morirme. Fue terrible, yo lo único que tenía era movimiento en la cabeza y me golpeaba la cabeza, yo quería liquidarme, yo no quería saber más de esto, yo no podía, era desesperante, me caía la sangre a mí en la cara".

Jorge Lübbert supo ese mismo día que el hombre que lo torturó fue el entonces oficial de Ejército Rosauro Martínez:

"Este mismo tipo en la mañana llegó temprano. Andaba lleno de sangre. Venía histérico, y me sacó de allí. Yo no quería nada... estaba totalmente jodido. A él le llamó la atención que yo estuviera así, se reía, me tomó y me dijo: ‘Tómate este trago'. Me tiró fuera del galpón donde otros tipos que trabajaban allí me limpiaron, me lavaron, me ofrecieron desayuno y me dieron unas pastillas. ‘Para que te relajes', me decían. ‘Nosotros somos tus amigos, ¡este gallo está loco!, ¡este gallo es peligroso! Nosotros le tuvimos miedo también, trata de no meterte más con él', me repetían. Y ahí ese día supe el nombre del hombre que me torturó, porque otro tipo llegó ahí y me dijo: ‘Ah, estuviste con el Rosauro Martínez'. Después supe que lo habían designado guardaespalda de Pinochet. Por ahí se decía: ‘este va a ser el que va a acompañar a mi general hasta para ir al baño'. Creo que era de mucha confianza de Pinochet".

Años después, cuando ese hombre ya era diputado de Renovación Nacional (RN) por Chillán, Jorge lo reconoció de inmediato cuando su hijo le mostró una foto que sacó de Internet (revise aquí la ficha del Ejército de Rosauro Martínez, donde se comprueba que perteneció a la DINA).

EL COLOR DEL CAMALEÓN

Andrés Lübbert está en Chile presentando su último documental, el cuarto que realiza sobre la historia de su padre. "Llevas toda una vida escapando, de nosotros, tu familia, y de ti mismo", le dice Andrés a su padre al inicio de "El Color del Camaleón", la película que se estrenó oficialmente en el Sanfic 2017 (revise aquí el trailer).

Es una historia muy personal. Y a la vez, se sumerge en las calles de Chile, en su historia, en sus horrores. Andrés dice que su búsqueda "nació de una necesidad muy fuerte de acercarme a mi padre y de tener una mejor relación con él. De entenderlo y ayudarlo. Entender su pasado. Mientras investigaba me di cuenta de que era algo importante. La justicia y la denuncia son importantes, pero no es una película de denuncia tampoco". Andrés dice que es la historia de un padre y de un hijo.

Andrés fue testigo de cómo su padre sufría y no hablaba. Durante años, el hijo preguntaba, no había respuestas y Andrés se obsesionaba. Viajaba a Chile e investigaba. Y en ese periplo, que incluyó otros países y que duró 13 años, logró reconstruir paso a paso la historia de su padre. Desde que en 1977 Jorge Lübbert egresó de la carrera de Dibujo Técnico en el Inacap y un amigo y vecino le consiguió una práctica en la Compañía de Teléfonos de Chile (CTC). Ese vecino era Gerardo Ramírez Parga, padre de Gerardo y Guillermo Ramírez Chovar, dos militares que ocupan un lugar protagónico en esta historia.

-Él (el vecino) era también gerente del Banco Estado. Y escribió una carta a amigos que tenía en la CTC recomendando a mi padre para que entrara allí a hacer su práctica. Yo he visto la carta (ver carta aquí). Primero hizo su práctica como medio año y todo normal. Lo que hacía era dibujos técnicos de las líneas telefónicas. Mi papá diseñó el logo del telefonito de la CTC. Esas cosas hacía él. Cuando terminó el periodo de práctica, le ofrecieron que se quedara allí trabajando. Y después lo invitaron a una oficina (en el edificio donde funcionaba la DC en la Alameda) donde lo presionaron para firmar algo que él no sabe qué es. Ahí le dijeron: "Queremos que trabajes para nosotros ahora". Lo invitaron a firmar un contrato, pero era una hoja en blanco. Nunca supo lo que firmó -relató Andrés Lübbert a CIPER.

Carta de Gerardo Ramírez Parga donde recomienda a Jorge Lübbert para hacer su práctica en la CTC

El testimonio que Jorge Lübbert elaboró en su terapia entrega detalles de esa reunión. El 2 de mayo de 1978, a las ocho de la mañana, llegó a esa oficina de la Alameda para entrevistarse con Jaime Letelier Montenegro, quien aparecía como el jefe de todo. En el despacho de este ex oficial de la Armada, había banderines de un centro de ex navales (que después identificó como el Club El Caleuche). Letelier le hizo un par de preguntas y lo llevó a una oficina contigua donde se encontraba un hombre de apellido Cano, quien puso las cartas sobre la mesa.

Ese hombre le disertó sobre su familia. Conocía cada detalle de sus actividades y de sus vidas. Cano lo amenazó. Recalcó los vínculos con la izquierda de su entorno. Sabía que su padre era militante radical, que su hermana era socialista, que su madre había sido de las JAP durante la Unidad Popular. Le habló de su hermano Orlando exiliado y le preguntó si él militaba en algún partido.

"Este tipo se levantó de la mesa, se acercó a mí y me dijo de forma violenta: ‘¿tú te has dado cuenta de que lo sabemos todo?'. Nosotros, hablaba de ‘nosotros', y yo no sabía qué era ‘nosotros'. Le pregunté quiénes eran esos ‘nosotros', ¿la compañía? ‘Sí claro, la compañía', me dijo. ‘Necesitamos que trabajes para nosotros (...) tú tienes aptitudes para el trabajo, tienes muy buenas referencias'" (del testimonio escrito en terapia en 1979 por Jorge Lübbert).

Cuando Jorge Lübbert tuvo frente a él un contrato en blanco, insistió en saber de qué se trataba. Insistió mucho hasta que la situación se tornó violenta. Cano le dijo que no tenía problemas en borrar a su familia del mapa:

"Bueno, dijo, si no firmas tu familia lo va a sentir. Me amenazó con mi padre, me amenazó con mi hermano, con mi hermano que estaba en el exterior, me dijo que si yo no firmaba no tenía otra salida, que si yo salía ahora por la puerta no iba a estar más seguro".

Jorge Lübbert firmó. Después de ese episodio lo secuestraron. Una noche, al llegar a su casa en avenida Salvador con José Domingo Cañas, en Santiago, un auto se detuvo y hombres desconocidos lo subieron a su interior. Al ver al conductor del vehículo, Jorge se calmó un poco. Lo conocía: José Miguel Pavéz Ahumada, el hermano de uno de sus compañeros en el Instituto Nacional. Lo recordó como un joven de izquierda, uno que tenía un retrato de Mao en su habitación y que luego ingresó al Ejército y fue destinado a Antofagasta. Pavéz también lo reconoció y trató de pasar inadvertido. No era posible. Esa primera vez Pavéz le dijo que estuviera tranquilo, que iba a trabajar con ellos, que no se preocupara y que lo volverían a contactar.

Andrés precisa los detalles del segundo encuentro de su padre con el grupo de José Miguel Pavéz:

-Lo llevan a la casa de Pavéz en la Villa Olímpica. Ahí había una bandera nazi, y la casa estaba llena de pequeñas figuras militares. También había dos estatuas, una de Hitler y otra de Erwin Rommel, el famoso nazi mariscal de campo. La chapa de Pavéz era "Balmaceda", quien tenía características únicas en su vestimenta. Botas de cuero hasta la rodilla, botas militares, alemanas. Y usaba una fusta, con la que se pegaba en las botas. La tenía siempre consigo. En esa casa le dicen a mi padre que ahora tiene que hacer tareas para ellos, que ellos son el Servicio de Seguridad de la Compañía de Teléfonos.

El jefe directo de su padre en la CTC era Alfredo Ugarte Salcedo, quien le daba las indicaciones sobre qué hacer. Era su nexo con el "Servicio de Seguridad de la CTC". Su padre le contó que Ugarte siempre lo trató de forma especial, que lo invitaba a tomar café y le contaba de sus aventuras. En una de esas conversaciones le reveló que era de Patria y Libertad. Buen trato y órdenes. Jorge Lübbert lo retrata como un intelectual, como un hombre convencido de su causa.

Andrés dice que su investigación apunta a que Gerardo Ramírez Parga, Jaime Letelier y Ugarte eran amigos. La historia los conecta. Ramírez envió a Letelier la carta de recomendación para que su padre ingresara a la CTC. Y Ugarte y Letelier pertenecían al Club Naval El Caleuche, allí durante el gobierno de Salvador Allende se daban cita los primeros conjurados del Golpe de Estado de 1973.

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