Crisis política en Alemania

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Jorge Millán

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 Crisis política en Alemania(AP)

 Crisis política en Alemania | AP

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Llegué a Alemania el mismo día en que el seleccionado local jugaba su partido con Corea del Sur. Había poca gente en las calles, a pesar de ser una tarde de día laborable. El dueño del departamento que alquilé en Stuttgart me había adelantado que no se me ocurriera llegar durante el partido ya que estaría viéndolo con sus amigos. Los trenes acá ya no son tan puntuales como otrora y el atraso de 30 minutos del ICE, desde Frankfurt hasta la capital del estado federado de Baden-Württemberg, me permitió llegar a la ciudad cuando el partido ya había terminado. La cara de mi anfitrión ya lo decía todo. Al día siguiente vendrían los balances, las especulaciones y los pronósticos sobre el futuro de JoachimLöw, al que muchos comparaban con Angela Merkel ya que ambos enfrentan una dura crisis y ven en serio peligro su futuro.

La economía alemana continúa tan pujante como siempre y es ajena a los vaivenes de la tensión política que en este país se vive a raíz del riesgo de ruptura que corre la coalición gobernante, con todo lo que eso implica. Jamás vi a una Angela Merkel tan presionada por sus propios aliados y, a la vez, tan debilitada, al punto que tuvo que acceder a los reclamos de la derecha propia y ajena. Su propio Ministro del Interior, Horst Seehofer (CSU, tradicional socio de Baviera) le envió un ultimátum que vence hoy domingo 1 de julio; si Merkel no accede a las pretensiones (de la derecha bávara) de cerrar las fronteras alemanas y europeas los bávaros se retirarán de la coalición gobernante. Si la CSU se retira de la coalición, caería el gobierno y habría un nuevo llamado a elecciones con un resultado más que incierto.

Las últimas oleadas de inmigrantes navegando a la deriva en precarias embarcaciones en el Mediterráneo fueron el detonante de la crisis política. El nuevo gobierno italiano (país más próximo al que solicitaron ingresar) se negó a recibirlos. Pedro Sanchez, el nuevo presidente del gobierno español, accedió a darles acogida con el beneplácito francés y alemán. Pero los acontecimientos desataron una verdadera crisis a nivel europeo. Merkel y Macron intentaron liderar una política común de fronteras abiertas, pero no imaginaron que el hecho despertaría una suerte de rebelión de los gobiernos de derecha de Italiay Austria y también de la propia CSU, la Unión Social Cristiana bávara, socia tradicional del partido de Merkel.

Bernhardt, el dueño del departamento por mí alquilado, me expresaba de alguna manera el sentir de muchos alemanes. Me decía: "¿Estamos obligados a recibir a todos cuantos quieran venir a Europa?". "¿Es bueno para Alemania un gobierno, tan prolongado en el tiempo, como el de Merkel?". "¿Europa también abarca, culturalmente hablando, a los países que estaban bajo la órbita soviética, como Rumania, Albania, los que componían la ex Yugoslavia, etc.?""¿Qué derecho tiene Turquía a ingresar a la Unión Europea, si culturalmente no tiene nada en común con Europa?". "Es que, al paso que vamos, me decía Bernhardt, ¡¡los alemanes también tendremos que celebrar el Ramadán!! Y ahora soy yo el que se pregunta si la llamada identidad alemana está en peligro ante el aumento incontenible de la inmigración. Basta caminar por una calle cualquiera de Alemania o visitar una estación de trenes o un aeropuerto y escuchar los idiomas en que los caminantes hablan, para constatar que Alemania está cambiando. ¿Es eso bueno o malo? Bernhardt, mi anfitrión, es muy escéptico al respecto.

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Por lo pronto, tanto los gobiernos de Austria, como el de Italia y la CSU alemana, lograron lo que querían, es decir, el cierre de las fronteras europeas, aunque tal vez no tanto como les hubiera gustado. Para ello, se acordó el viernes pasado en Bruselas, la creación de centros "controlados" migratorios que servirán para analizar caso por caso y separar (en Europa) a los refugiados de los inmigrantes económicos. También se ha acordado instalar, fuera del territorio europeo, plataformas de desembarco de inmigrantes para combatir la inmigración ilegal y, además, destinar en los próximos años una suma de dinero no especificada aún para combatir a la inmigración ilegal. También se ha acordado incrementar la cooperación con el gobierno de Libia -país del que procede la mayoría de los inmigrantes ilegales- a fin de que sus guardacostas aumenten la vigilancia de sus aguas territoriales y combatan a las mafias de traficantes de personas que ganan fortunas con este vil comercio.

En cuanto a los refugiados que se registraron en un determinado país europeo, no podrán dirigirse a otro país de la unión, sino que deberán permanecer en el país de registro. Merkel pretendía todo lo contrario, el libre tránsito dentro de la UE de los refugiados.

Por ahora las medidas no han sido implementadas y tampoco se conocen los detalles, la letra chica, de la nueva normativa.

Lo que sí se percibe muy claramente es que los populistas italianos, la ultraderecha austríaca y la CSU bávara se salieron con la suya y Bernhardt, mi anfitrión, los aplaude.