Autoritarios en el gobierno, golpistas en la oposición

El periodista, magister en Relaciones Internacionales y autor de una decena de libros, Mariano Saravia, reflexiona acerca de la situación en Venezuela.
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Mariano Saravia

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Autoritarios en el gobierno, golpistas en la oposición(AP)

Autoritarios en el gobierno, golpistas en la oposición | AP

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Autoritarios en el gobierno, golpistas en la oposición | AP

Es así y no hay que darle vueltas. La derecha latinoamericana es autoritaria cuando está en el gobierno y golpista cuando está en la oposición. Veamos algunos ejemplos.

En el gobierno no aceptan ningún disenso ni protesta, y la lista de represiones es larguísima. Empezando por los carabineros chilenos que muelen a palos a los estudiantes cada vez que salen a la calle a pedir por educación pública, gratuita y de calidad. O el Estado colombiano, que en democracia ha incurrido en el genocidio político, como el de la Unión Patriótica en los ’80 con más de nueve mil militantes políticos de izquierda asesinados. O Fujimori en el Perú con los crímenes de lesa humanidad de Barrios Altos y La Cantuta. O el llamado “marzo paraguayo” de 1999 con el saldo de siete manifestantes y responsabilidad del entonces presidente Raúl Cubas Grau y su hombre fuerte Lino Oviedo. O el propio Fernando De la Rúa, responsable político de la muerte de más de 30 argentinos en diciembre de 2001.

Ahora bien, cuando la derecha latinoamericana está en la oposición, se vuelve golpista, con la siempre inestimable ayuda de “la embajada”. Cuando se habla de “la embajada” en Latinoamérica, se habla de la de los Estados Unidos, que siguen considerando como su patio trasero a la totalidad de nuestra Patria Grande. El Imperio y las oligarquías locales, cuando ganan elecciones creen en el sistema democrático. Cuando las pierden no. Cuando las ganan se sienten legitimados a implementar sus políticas, aunque sean crueles para las grandes mayorías, y aunque las hayan ganado engañando al pueblo, como Carlos Menem que llegó a reconocerlo (“si decía lo que iba a hacer no me votaban”). Pero cuando pierden las elecciones empiezan a conspirar para voltear al que las ganó. Antes lo hacían con los golpes militares, ahora con los golpes blandos. Antes con tanques y generales, ahora con ONGs y medios hegemónicos. Cuando ganan dicen que la democracia es el gobierno de las mayorías. Cuando pierden, dicen que la democracia es el respeto a las minorías. Y conspiran para que caiga el gobierno. Así fue desde el golpe de Uriburu contra Yrigoyen para acá. Y no sólo en Argentina. Así fue con el golpe de 1954 a Jacobo Arbenz en Guatemala; el golpe a Perón un año después; el de 1963 contra Juan Bosh en República Dominicana y la posterior invasión yanqui; el de 1964 a Joao Goulart en Brasil; y el más emblemático: el de 1973 contra Salvador Allende en Chile. Hay muchos más ejemplos, por supuesto.

Ya en la etapa más reciente, el golpe blando se inauguró con el fallido golpe contra Hugo Chávez en Venezuela en abril de 2002; el golpe exitoso contra Jean-Bertrand Aristide en 2004 en Haití; el intento de golpe cívico-prefectural contra Evo Morales en 2008 en Bolivia; el golpe contra Zelaya en 2009 en Honduras; el intento de golpe policial contra Rafael Correa en 2010 en Ecuador; y el golpe parlamentario contra Fernando Lugo en 2012 en Paraguay. En Argentina también hay un golpe continuo por lo menos desde la mal llamada “guerra del campo” en 2008. Y ahora este nuevo intento en la Venezuela post Chávez. Ni un ejemplo de golpe blando contra los gobiernos de derecha en la región. De hecho, si hay protestas populares contra Sebastián Piñera en Chile, contra Juan Manuel Santos en Colombia, o contra Horacio Cartes en Paraguay, son por demandas concretas y en ningún caso con consignas del tipo “que se vaya” o “que renuncie”. Esto prueba que el golpismo es una característica de la derecha cuando está en la oposición.

Quizá esto se pueda explicar por razones históricas, aunque también se necesitaría un análisis desde la psicología social. Porque hasta el pueblo tiene internalizado que esto es así, que cuando hemos tenido gobiernos populares gran parte de la energía y el tiempo se han debido destinar a la lucha por la gobernabilidad. En cambio, cuando nos gobiernan los verdugos del pueblo, sólo queda resistir.

Históricamente también hay una explicación, y es que todos nuestros países se formaron desde el inicio o casi como una construcción elitista y antipopular. La Argentina tuvo en la Revolución de Mayo un movimiento progresista encarnado por Moreno, Belgrano y Castelli, pero a la larga se impusieron los Saavedra, los Alvear y los Rivadavia. Y mucho peor fue durante el período de la conformación definitiva del Estado Nación, en la segunda mitad del siglo XX, con figuras como Sarmiento, Mitre y Roca, que pusieron toda la carne al asador a favor de las potencias extranjeras y la oligarquía local. En Venezuela la cosa fue al revés, la revolución empezó elitista y luego con Bolívar se volvió popular, pero también el gran Libertador perdió la interna y murió solo y en el exilio de Santa Marta. En Colombia la cosa fue siempre mucho más excluyente y liberal con Santander. En el Perú lo echaron a San Martín como a un perro para repartirse el poder político y económico los mismos aristócratas que antes habían estado con los realistas. En Chile se impuso el conservadurismo de O’Higgins en contra del “populismo” de Manuel Rodríguez. En Brasil la independencia llegó de la mano de un Imperio cruel y sanguinario tanto con su propio pueblo como con sus vecinos. Y la única experiencia popular e igualitaria fue la de Paraguay con los López, y por eso mismo fue abortada en una guerra de exterminio comandada por Mitre pero al servicio del Imperio Británico.

Entonces, vemos que la de la derecha cree realmente que es la dueña de nuestros países, aunque en realidad los verdaderos dueños han sido primero los ingleses y luego los yanquis. Las oligarquías locales no han pasado de ser meros cipayos y vendepatrias. Y esto puede explicar por qué no les cabe en la cabeza que otras expresiones políticas, aunque sea con leves matices, puedan gobernar.

Esto también sirve para entender por qué los líderes opositores de Venezuela salen a la calle con la intención de voltear al presidente constitucional Nicolás Maduro, que hace sólo dos meses ganó las elecciones municipales por más de 10 puntos a nivel nacional. Ahora bien, en Venezuela se está avanzando más y más hacia una democracia participativa y menos representativa. Incluso existe la figura de la revocatoria de mandato, cosa que no existe en muchos países que se erigen como paladines de la democracia. Bastaría con que la oposición consiguiera el número de firmas suficiente para llevar a Maduro a un referéndum revocatorio. Esto sucedió en 2004, sólo que Chávez ganó aquel referéndum con un 60 por ciento de los votos. Ese sería el camino constitucional y democrático a seguir si quieren cambiar el rumbo. Pero como saben de su debilidad en las urnas, apelan al caos político y al golpe continuo. En esto tienen por supuesto el apoyo de siempre de los Estados Unidos y del nuevo brazo armado del poder financiero internacional: la prensa hegemónica.

Repetimos el concepto: hoy los golpes no se dan con tanques y generales, se dan con ONGs y con la prensa hegemónica. Tanto es su poder y tanta su impunidad, que este Partido de la Derecha Mediática Mundial (CNN, El País, Caracol, Televisa, O Globo, Clarín, etc.) incurre en una imagen de verdadero realismo mágico, “informando” que en Venezuela no hay libertad para informar. La escena surrealista del líder golpista Leopoldo López entregándose a la Justicia es elocuente: ante una multitud de cámaras y micrófonos quería explicar que apelan al golpe y al caos en la calle porque no hay medios libres para informar.

Está dicho, la derecha cuando gobierna es intolerante y cuando está en la oposición es golpista. En Argentina también se ve. No pueden ni siquiera esperar hasta el año que viene que hay elecciones. Necesitan desestabilizar y destituir al gobierno de Cristina. Lo dijo con todas las letras el referente sindical de Sergio Massa. En un nuevo sincericidio (como aquel de que “tenemos que dejar de robar por dos años”), esta vez Luis Barrionuevo dijo: “(Massa y De la Sota) no lo dicen para no quedar mal. Pero saben que hay problemas serios y están especulando con una salida anticipada. Esta es la realidad, por eso este adelantamiento vos podes plantearlo con algunos".


Mariano Saravia es periodista y magister en Relaciones Internacionales
Autor de los siguientres libros:
- Naciones Secuestradas (País Vasco, Irlanda del Norte y Quebec)
- Embanderados (el por qué de los diseños y colores de nuestras banderas)
- La sombra azul (la represión ilegal de la Policía de Córdoba en los '70)
- El grito armenio (crónica de un genocidio y de la lucha por su reconocimiento)
- Honduras Hoy (el golpe, la resistencia, la represión)
- El golpe paraguayo
- Genocidios Argentinos del siglo XX
- El Plan de Operaciones de Mariano Moreno
- Belgrano, el preferido
- Fiestas populares de Córdoba

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