A diez años del asesinato de Bin Laden, el extremismo islámico sigue "vivo"

A diez años del asesinato de Bin Laden, el extremismo islámico sigue "vivo"

Al Qaeda sigue inspirando a grupos yihadistas en todo el mundo, mientras que sus competidores también ganan terreno.

MDZ Mundo

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Diez años pasaron desde el dia en el que Estados Unidos mató a Osama Bin Laden. Si bien en ese momento auguraron  "un mundo más seguro", el islamismo radical goza de excelente salud, y Washington ha sido derrotado en Afganistán en la batalla más ambiciosa de la "guerra al terrorismo".

Al Qaeda sigue inspirando y asesorando a grupos yihadistas de todo el mundo, mientras que sus competidores del Estado Islámico (EI), declarados "derrotados" en 2019, están resurgiendo en Irak y Siria y aumentando su presencia en Afganistán, Pakistán y África. Asimismo, decenas de nuevas organizaciones armadas chiitas surgieron en años recientes en Medio Oriente y el norte de África, así como muchas otras sunnitas publica Télam.

La invasión estadounidense de Irak, la guerra entre el Gobierno de Siria e islamistas sunnitas y las revoluciones de la primavera árabe extremaron una enemistad que ya tenía siglos cuando el presidente estadounidense Barack Obama anunció, el 2 de mayo de 2011, que fuerzas especiales habían matado al saudita Bin Laden en Pakistán.

"Es un gran día para Estados Unidos. El mundo es más seguro y mejor a causa de la muerte de Osama Ben Laden", dijo Obama aquella noche en la Casa Blanca.

Desde entonces, cientos de miles de personas han muerto en Siria, en la revuelta islamista contra Muammar Kaddafi en Libia o la guerra de Yemen entre Arabia Saudita y rebeldes islamistas chiitas, así como en atentados del EI o Al Qaeda en Estados Unidos, Irak, Afganistán, Pakistán, India y numerosos países de Europa y África.

Decenas de millones de personas tuvieron que dejar sus casas en Siria, Irak, Yemen, Afganistán, Pakistán o Nigeria, y en 2015 más de 1 millón de esos refugiados de guerra se lanzó en barcazas al Mediterráneo para intentar llegar a Europa y huir de la letal coctelera de pobreza y yihadismo agitada por potencias regionales y mundiales.

Luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 cometidos por Al Qaeda en EEUU contra las Torres Gemelas y el Pentágono (11-S), Occidente gastó miles de millones de dólares para tratar de derrotar al islamismo radical; pero los yihadistas son hoy, de manera indisputable, muchos más que hace dos décadas.

Y el presidente estadounidense, Joe Biden, quien planea celebrar el 20° aniversario de los ataques del 11-S retirando las tropas de Afganistán, no solo no podrá cantar victoria, sino que además deberá disimular lo que a todas luces es una derrota en la guerra lanzada justamente para forzar a los islamistas talibanes a entregarle a Bin Laden.

Luego del asesinato de Bin Laden, su histórico lugarteniente egipcio Ayman al-Zawahiri pasó a liderar la cúpula de la red, que se transformó más bien en una "junta de asesores" que promueve su ideología y recluta y asiste a yihadistas sunnitas de todo el mundo.

"Al Qaeda central es una sombra de lo que era. Con Zawahiri, básicamente ha tercerizado sus operaciones desde el Magreb a Somalia y Afganistán, pasando por Siria e Irak", dijo Barak Mendelsohn, experto en extremismo de la Universidad de Haverford, de Pensilvania, EEUU, a la agencia de noticias AFP.

En 2014, uno de estos grupos inspirados en Al Qaeda, el ahora EI, tras romper con Al-Zawahiri, aprovechó el caos de la guerra en Siria y conquistó gran parte del país y del vecino Irak, proclamando un "califato" desde donde tramó decenas de atentados en países de Europa movilizados para combatirlo junto a EEUU.

Atacado por aire y tierra, el EI perdió sus territorios en Siria e Irak a fines de 2018 e inicios de 2019, y su líder, Abu Bakr al-Baghdadi, se inmoló con explosivos al verse acorralado por fuerzas estadounidenses en una vivienda en el norte de Siria el 27 de octubre de 2019.

Pero el EI está volviendo lenta, sigilosamente.


 

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