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Alemania recuerda el mayor ataque racista del país 20 años después

Hace dos décadas, extremistas de derecha incendiaron un edificio con cien vietnamitas dentro. Ocurrió en Rostock, en tiempos de la reunificación del país, bajo el lema “Alemania para los alemanes”. Hoy, 20 años después, aún siguen existiendo racistas que entienden los actos violentos de 1992 como una salida.
Rostock, Lichtenhagen, día del atentado.
Rostock, Lichtenhagen, día del atentado.

El mayor ataque racista de la historia de la Alemania moderna ocurrido en la ciudad porturaria de Rostock cumple 20 años. Sin embargo, las imágenes del edificio en llamas donde vivían cerca de 100 vietnamitas permanecen en las retinas de los alemanes como si hubiera ocurrido ayer.

El descontento social ante las elevadas tasas de desempleo y las pocas perspectivas de futuro en una ciudad que durante años fue parte de la República Democrática Alemana (RDA) fueron el gérmen de cultivo que aprovecharon cientos de extremistas de la derecha para desatar el odio contra un grupo de asilados vietnamitas al grito de "Alemania para los alemanes".

Todo comenzó el 22 de agosto de 1992, apenas dos años después de la reunificación alemana, cuando un grupo de radicales se dirigió al centro de registro de asilados en el barrio de Lichtenhagen, al noroeste de Rostock.

Una vez allí comenzó su ataque con piedras contra el centro, con el beneplácito de los vecinos. Los gritos xenófobos continuaron durante toda la noche y el día siguiente sin que la policía pudiera hacer nada para disolverlos y ante la indiferencia de la clase política que no vio el cariz que tomaban los acontecimientos.

"La policía se encontraba aún en pañales apenas dos años después de la reunificación", comentó el jefe de inspectores de policía de Rostock, Michael Ebert, sin querer justificar el fracaso de su actuación, aunque recuerda que incluso ellos llegaron a temer por su vida.

"La dirección de la policía provenía del Oeste, mientras que los que patrullaban las calles eran de la antigua policía de la RDA. No existía ningún tipo de unidad en cuanto idioma, formación y equipo", agregó.

El 24 de agosto, tras dos días de asedio, la policía consiguió disolver a la gente reunida ante el centro. Sin embargo, lejos de apagarse el odio, éste se reavivó.

Los manifestantes decidieron dirigirse en ese momento contra la residencia de asilados, conocida como el edificio de los girasoles por la pintura de estas flores en su fachada y donde vivían alrededor de 150 personas, 100 de ellas vietnamitas.

Los numerosos ataques con cócteles molotov contra la residencia provocó que ésta acabara en llamas ante la mirada de alrededor de 3.000 personas que no dudaron en aplaudir. "Era imposible distinguir a los atacantes de los simpatizantes", recuerda Ebert sobre el tumulto formado frente al edificio.

En el último momento, las 150 personas pudieron ser rescatadas desde el tejado del edificio. "Fue un milagro que nadie muriera en el ataque", declaró el entonces responsable de los extranjeros de Rostock, Wolfgang Richter, que no duda en asegurar que fue una experiencia que no olvidará en su vida.

Los ataques de Rostock pasaron a los anales de la historia como "símbolo del odio contra los extranjeros", mientras que las imágenes del edificio en llamas y los vietnamitas dieron la vuelta al mundo, llegando los estadounidenses incluso a acuñar el término de "rostocking".

Hoy, 20 años después, aún siguen existiendo personas que entienden los actos violentos de 1992 como una salida. "Personas racistas existen desgraciadamente por todos lados. No se puede negar que en el Este de Alemania existe un porcentaje mayor que en el resto del país", comentó el presidente federal de Alemania, Joachim Gauck, al diario "Ostsee-Zeitung".

Sin embargo, todos se afanan en la actualidad por dejar claro que un acto de tal embergadura no podría suceder hoy en día en Alemania.

"Gracias a las técnicas de comunicación actuales, no se valoraría de manera tan errónea una situación como esa", opina el jefe de inspectores de policía de Rostock.

"La policía y los políticos no volverían a fracasar como lo hicieron entonces", agrega por su parte Wolfgang Richter. "Tras Rostock se crearon numerosas iniciativas de lucha contra la marginación y el racismo".

Rostock aprendió la lección. Alrededor de 40 asociaciones con más de 100 proyectos trabajan en el tema de la integración, lo que la ha convertido en todo un ejemplo a seguir para el resto de Estados federados alemanes. Incluso en el tema de la población islámica, que cuenta con el apoyo de la ciudad en su búsqueda de un nuevo enclave para su mezquita y de financiación.



Fuente: DPA.