Manuales policiales del pasado reciente: entrenados para aplicar mañas

Un nota del archivo MDZ, que halló un Manual Policial de Mendoza en el que prácticamente se les enseñaba a cumplir con recursos prejuiciosos, amañados y que no tenían que ver con su función, sino con cuidarse de ser acusados de algo, centralmente, Gobernaba Mendoza el Partido Justicialista, con Rodolfo Gabrielli como gobernador y Carlos Vicente Pacífico como jefe de la Policía. Esta nota fue publicada el 25 de junio de 2008.

Gabriel Conte

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Manuales policiales del pasado reciente: entrenados para aplicar mañas

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Manuales policiales del pasado reciente: entrenados para aplicar mañas

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Manuales policiales del pasado reciente: entrenados para aplicar mañas

Manuales policiales del pasado reciente: entrenados para aplicar mañas

Manuales policiales del pasado reciente: entrenados para aplicar mañas

“…cuando debas tirar y tu disparo,sea sin odio y tal vez certero…”(Fragmento del poema “Señor de ti mismo”, de Carlos Heitz, página 102 del “Manual del Policía” de Mendoza).

El manual con el que se entrenó a los policías mendocinos por lo menos entre 1988 y 1991 y al que tuvo acceso MDZ, demuestra cómo los uniformados recibieron una preparación cargada de estereotipos y de recetas para salir bien parados frente a situaciones difíciles (para ellos).

Todo esto no sucedió bajo un gobierno de facto, sino en pleno ejercicio de un gobierno constitucional

Con frecuencia se dice que “todo tiempo pasado fue mejor”. No es el caso de la institución policial mendocina, que carga sobre sus hombros una historia que permite compararla con las fuerzas más “bravas” del país. Y que quede claro, decimos brava que no es lo mismo que eficiente, decente, preparada y tantos otros calificativos que podríamos ponerle a una buena fuerza policial.

Cuando analizamos su accionar muchas veces somos ingratos al igualar para abajo. Los más de 100 policías que están cursando la tecnicatura en Seguridad en el Instituto Universitario creado tras la reforma de 1998 seguramente no merecen caer en la misma bolsa que aquellos que todos los días aparecen en la prensa, aun hoy, acusados por abusos, asesinatos o gatillo fácil.

Esos “factores culturales” de los que siempre hablamos desde la prensa no se transmiten con los genes, sino que se aprenden con manuales como el que encontramos y que aquí mostramos.

Con un formato “de bolsillo”, el pequeño libro de 109 páginas fue ideado para portarlo todos los días y consultarlo en caso de emergencia.

 
Manual Policial

Fue impreso el 17 de julio de 1990 en los talleres del diario Los Andes, pero –según lo acredita en el prólogo quien fuera el Jefe de Policía, Carlos Vicente Pacífico- sirvió como herramienta para “fusionar lo teórico con lo práctico” y como parte del “Plan de Acción Institucional” para el ejercicio 1988 – 1991. De él, en esta oportunidad, se imprimieron 5 mil ejemplares, más de 1 por cada uniformado de aquel entonces.

Hay que decir, además, que tan importante y grave como el contenido del volumen resultan las “consideraciones finales” que incluyeron sus autores. No bastó mal aconsejar a los hombres y mujeres de la policía (aunque el texto está dirigido sólo a los de género masculino) sino, después de todo lo recomendado se les dijo algo así como que “de todos modos, más vale aplicar el sentido común que este manual”. Textualmente, dice que el texto “no pretende ser táctico en las distintas especificaciones; siempre prevalecerá su buen criterio para aplicar sus contenidos”.

Metiéndonos de lleno en sus “Reflexiones para un mejor proceder” elaborado por la División Doctrina y Editorial de la Dirección de Coordinación de Planeamiento de la Policía en el primer gobierno de la democracia, encontraremos estas perlitas oscuras y, a veces, tragicómicas pero demasiadas otras ocasiones, colaterales, insustanciales e impertinentes, cuando no abusivas, de la formación policial mendocina.

 Cómo actuar frente a los periodistas

manual policial

El capítulo Octavo del manual lo elegimos para encabezar la lista, porque nos toca en lo más íntimo. Aconseja a los miembros de la fuerza cómo actuar frente a personas difíciles y enumera acciones para: “menores, adolescentes, mujeres, dementes, ebrios, drogadictos y... periodistas”. Y dice: “sin previa autorización de la superioridad se prohíbe que el policía efectúe entrevistas, declaraciones o discursos por los medios de comunicación”. Sin embargo, en caso de que las cámaras o grabadores tomasen al policía in fraganti, el manual da 3 consejos, a saber:

a) “El hecho de ser fotografiado o televisado no justifica que no lleve a cabo su trabajo (…) Si piensa que las fotografías o lo televisado pueden dañarlo en cualquier aspecto, informe de inmediato a sus superiores de tal situación, aportando el nombre de la empresa de comunicación que intervino…”

b) Manténgase alejado de los demás policías en el lugar de un delito o accidente vial. Las fotografías de varios policías aparentemente sin nada que hacer, afectan las buenas relaciones públicas.

c) No sonría cuando esté trasladando aprehendidos, especialmente si sangran o están vendados. Ello causa mala impresión.

• Cuidado con "el sexo débil": Artículo 61 del Manual

“1- Las mujeres son más débiles que los hombres;

2- Los hombres pueden aprovecharse sexualmente de ellas. Y cuando se trata de hombres policías, estos supuestos se sostienen con mayor firmeza”. Dicho esto, el pequeño libro instruyó a los miembros viriles de la fuerza (siempre el texto se dirige a los hombres y se menciona colateralmente a las mujeres policías): “Dado estos supuestos, reconocerá los peligros de tratar con las mujeres y, al mismo tiempo que cumple con su deber, tomará medidas para protegerse de posibles acusaciones”. Está claro que el instructivo no habla de los derechos de las mujeres, ni de cómo recibir denuncias por maltrato.

• Perfil de las mujeres

Advirtió el “Manual del Policía” elaborado en democracia que “las mujeres pueden mentir, engañar, robar y matar de la misma manera que los hombres y con la severidad que usted no espera y ahí es donde radica el peligro”. Lo dice en la página 45. ¡Lo dice!

• Cómo reconocer a un adolescente delincuente o infractor

“a) El aspecto sucio, combinado con ropas raídas;

b) La exhibición repetida de cicatrices y contusiones que pueden sugerir un temperamento irritable, demasiado agresivo; y,

c) Cualquier indicio de que el adolescente fume cigarrillos de marihuana, use narcóticos o repetidamente ingiera bebidas alcohólicas”. La pequeña “Biblia del policía mañoso” olvidó aconsejar en torno a cómo orientar a jóvenes que necesitan ayuda de otra agencia no represiva del Estado, ni señala cuáles son los derechos con que cuentan, pero no olvidó recomendar a la tropa: “Ante el cometimiento de delitos por parte de los adolescentes, aprehéndalos sin lesionarlos. Cuando tenga que someterlos, tenga cuidado en la forma en que lo golpea. La sociedad en general repudia el empleo de la fuerza contra un adolescente”.

“ ¿Está mal golpearlo mi Comisario? ¡Yo no dije eso, dije que está mal visto!”, pudo ser un diálogo surgido de las enseñanzas oficiales a los civiles armados del Estado para defender y hacer cumplir la ley (a los demás, pero no a los camaradas, según este libro).

• Cuándo “eliminar” a una persona

“Utilización de la fuerza pública: Capture a su oponente sólo cuando sea necesario y elimínelo únicamente como último recurso”.

• El uso del arma de fuego

Una serie de normas locales y nacionales, como asimismo recomendaciones internacionales a las que nuestro país adhiere, indican que a cada policía debe instruírsele en torno al uso del arma de fuego. Es eso lo que diferencia a un uniformado de cualquier otro civil: el Estado le dio un arma para trabajar y, por lo tanto, como responsable que es el Estado por lo que haga con ella, se intuye que los consejos que debería darles a sus policías tendrían que basarse en el respeto por las normas. El “Manual del Policía” dio vuelta el asunto y lo presentó de esta manera a los uniformados, en la página 14: “Como funcionario policial, usted no tiene la obligación de sufrir una lesión grave o fatal antes de protegerse o proteger la vida de terceros”. Lo que sigue a este punto es una serie de recomendaciones para disparar y atinar con el tiro.

• Sobre el "peligro" de los adictos

“La toxicomanía –advierte a sus hombres el Manual- es un problema especial para la policía”. Detalla luego que “los drogadictos pueden ser de cualquier sexo” y, luego de dar algunas señas físicas de los efectos del continuo consumo de drogas en las personas, indica que hay que tener cuidado porque “estos síntomas no son suficientes, dado que una persona diabética puede mostrar los mismos síntomas”. Pero da una receta para diferenciar diabéticos de adictos y, así, poder atraparlos: “los diabéticos se valen por si solos y los drogadictos dependen de otros”, por lo que “se congregan en billares, confiterías, centros bailables…”

• La higiene personal de los policías en “esa región”

Menos grave y más curioso que lo anterior es la dedicación a la imagen e higiene personal que se inculcó a los hombres de la fuerza. Numerosas páginas del pequeño libro están dedicadas a cómo debe vestir un policía y cómo cuidar su higiene. Por ejemplo, un consejo para el verano: “Aplicar talco antisudoral en los pies y la región comprendida entre las piernas ayuda a evitar hongos y erupciones”.

• Cuidado con que se note

Casi  todo el trabajo está pensado con preocupación en torno a cómo verán los medios o “los civiles” la actitud policial y no en machacar con la necesidad de cumplir bien el servicio y hacer respetar (y respetar) las leyes. Con respecto a la ingesta de alcohol, el Gobierno de Mendoza aconsejó a sus hombres en la página 64 del Manual del Policía: “evítelo, aunque se trate deuna pequeña copa, ya que su aliento denotará la ingestión de alcohol, lo que será criticado por civiles y sancionado por sus superiores”.

“…y logres irradiar sin falsas poses,esa hombría de bien con que se nace,de tu hermosa misión en esta tierra…” (Otro fragmento del poema “Señor de ti mismo”, de Carlos Heitz, página 102 del “Manual del Policía” de Mendoza).

La reacción de dos expertas

Tras la difusión por parte de MDZ de los polémicos contenidos de un “Manual del Policía” editado en Mendoza en 1990, dos investigadoras en materia de formación e historia de la policía analizaron el pequeño libro.

Se trata de Viviana Ocaña, quien actualmente participa en la formación de los futuros uniformados como docente del Instituto Universitario de Seguridad (IUSP). Es miembro, además, de la Escuela Latinoamericana de Seguridad y Democracia (ELSED) y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo. En tanto, también opinó Alejandra Rico, magíster en Historia e investigadora de la Universidad de Lanús, quien calificó al instructivo mendocino, además, como “exageradamente machista”.

MDZ reveló el miércoles que “el manual con el que se entrenó a los policías mendocinos por lo menos entre 1988 y 1991, demuestra cómo los uniformados recibieron una preparación cargada de estereotipos y de recetas para salir bien parados frente a situaciones difíciles (para ellos)”.

Las recomendaciones de los jefes policiales a “la tropa” estaban cargadas de estereotipos y de recomendaciones para sus hombres no quedaran mal parados ante “los civiles”.

Ocaña señaló que, “desde ya (el manual) es un descubrimiento que muestra  la necesidad de abarcar, desde los cambios políticos sobre todo, a la institución policial”.

Un fenómeno del Siglo XIX

Sobre el funcionamiento de la policía en democracia, la docente indicó que si bien “todos nos alegramos con la democracia en 1983”, “al interior de las instituciones, la democracia no llegó, especialmente en lo que se refiere al poder punitivo del Estado, él que se maneja, en todos o casi todos sus aspectos, con categorías analíticas del siglo XVlll y XIX. Ni siquiera con las del siglo XX, y ni que hablar del siglo XlX”.

Por su parte, la historiadora de la Policía de la Universidad de Lanús, Alejandra Rico, consideró –tras leer la nota de MDZ en Buenos Aires- que “desde el sentido común de una simple ciudadana atenta a lo que pasa a su alrededor, te diría que es preocupante aunque no sorprendente, teniendo en cuenta la historia de nuestro país en las últimas décadas”.

Sobre el proceso histórico, Rico coincidió con el análisis de Ocaña y agregó que “en los documentos que me tocó trabajar para analizar el siglo XIX no vi nada parecido, pero hay que tener en cuenta que aún no estaba construida la identidad policial; este es un proceso que recién se inicia hacia fines del siglo XIX”.

La historiadora porteña ya había contado a MDZ en una entrevista realizada días atrás cuáles fueron las influencias ideológicas que recibió la formación y el accionar policial en el siglo pasado. Al respecto, dijo que "durante la reforma peronista (con el acceso de Perón a la presidencia) la ideología anticomunista y la doctrina del enemigo interno ingresa a las academias de policía de la mano de la profunda reestructuración que sufre la fuerza con la llegada de Mercante a la gobernación de la provincia de Buenos Aires y es utilizada luego del 55 para la represión de los propios peronistas".

En tanto, indicó que "obviamente, con la última dictadura militar la ideología tuvo un papel fundamental en el accionar policial".

La democracia llegó tarde a la policía

“Si bien la democracia tiene una onda expansiva incontenible que ya abarca varios grupos marginados inicialmente de la misma, la institución policial es una de las que menos conoce el ejercicio democrático”, analizó Ocaña.

De los “múltiples factores que impidieron la democratización de la fuerza” tras la recuperación del sistema democrático, puso de relieve “que sus miembros consideran la necesidad de la jerarquía, el orden, la autoridad, como ejes para un accionar correcto”.

Aceptó, desde su rol de formadora de futuros policías, que “ha costado mucho trabajar estos aspectos en la carrera policial, (género, prejuicios, estigmatización) sobre todo por que desde el plan de estudios de 1999, expresamente se prepara  a un futuro profesional con incumbencias, perfil, actitudes y aptitudes muy concretas relacionadas al uso legítimo de la fuerza, o bien, el trabajo para la prevención”.

Entre lo que “se es” y lo que “se quiere ser”

MDZ reprodujo en su nota un fragmento del poema “Señor de ti mismo”, de Carlos Heitz, incluido en la página 102 del “Manual del Policía” de Mendoza y que funcionó también en la Policía Federal como estimulador del espíritu de cuerpo.

En él se reconoce una fuerte dosis fundamentalista al sugerir que “policía se nace” y atribuirle a los uniformados una “hermosa misión en tierra”.

Además, son numerosas las menciones a “los civiles” en el texto, tratados como “el otro”, “el que observa y critica”.

Por eso, Ocaña recordó que un uniformado “es un civil con el poder del uso de la fuerza o violencia legítima, es decir, solo para preservar bienes jurídicos protegidos”.

“Sobre todo –dijo- es un ciudadano que tiene el deber de resguardar los derechos del resto de los ciudadanos, tarea que le ha sido encomendada con una capacitación especial, sobre todo teniendo en cuenta la legislación (ley provincial, de Seguridad Pública Nº 6721, la Constitución,(artículo 19  y normativa internacional).

En la actualidad, tras la creación del Instituto Universitario de Seguridad Pública en 1998, “todo el plan de estudios está atravesado por conceptos centrales: democracia y DDHH”, dijo Ocaña, quien agregó luego que “esto lo destaco a propósito de las prácticas ya conocidas y tan bien expresadas en el Manual, que como su palabra lo indica, es de uso y expresión poco técnicas, es decir, centrado en los prejuicios, estereotipos, y consideraciones del conjunto social”.

A pesar de que el libro en cuestión fue editado por el Gobierno de Mendoza y lleva el prólogo del por entonces jefe de Policía, José Vicente Pacífico, la especialista consideró que se trata de un manual “casero, ya que que de haber sido explícito, profesional, y más técnico para las prácticas policiales, o de considerarse como eje de dichas prácticas, debería llevar un nombre más acorde, como pueden ser instructivo, disposiciones legales, marco normativo o disposiciones procedimentales”.

Sin embargo, reconoció que su hallazgo y difusión “revela los errores de esa capacitación a la luz del momento histórico; sobre todo, porque replica las mismas fallas escondidas bajo formas pseudoprofesionales”.

Pero, ¿estas prácticas fueron cambiadas? “No sé si se habrá logrado desterrar estos vicios, para utilizar el mismo lenguaje”, se animó Ocaña, quien indicó que “faltar aún un camino más sólido, pero que nos hemos esforzado por trazarlo, de eso no hay que tener dudas”.

La docente consideró que en Mendoza “gradualmente los policías pudieron incorporar para sus propias prácticas los insumos de las materias del nuevo plan y, sobre todo, las teóricas, sobre las cuales resaltamos la necesidad de tener elementos de ese orden para justificar, explicar o darle operatividad a una práctica”.

Finalmente, evaluó que “mientras más se explique, se argumente y se sostenga teóricamente un accionar, más lejos se estará de equivocarse, o al menos de no poder dar cuenta de la acción.

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