Así cayó la "banda de la cárcel" de secuestros virtuales

Lograron concretar 8 secuestros virtuales donde se pagó rescate. Otros tantos quedaron en grado de tentativa. Todos fueron gestados desde la cárcel de Boulogne Sur Mer por teléfonos celulares que manejaban con impunidad. Tenían cómplices afuera y cometieron torpezas. Los cruces de llamadas y las "repeticiones" fueron clave.

Avatar del

Redacción MDZ Online

"Le saqué 30 lucas al pariente del Gobernador", se jactaba el hombre. En realidad su afirmación no fue precisa: a quien le había “sacado” 30 mil pesos no era el Gobernador, sino el ex ministro de Obras Rolando Baldasso, quien fue víctima de una estafa a través de un secuestro virtual. Y quien se jactaba era un preso que operaba y conducía una banda dedicada a ese delito desde la cárcel de Boulogne Sur Mer. A Baldasso lo estafaron con el miedo como instrumento: le dijeron que tenían a su hijo secuestrado y pagó para la supuesta liberación.

Los supuestos secuestradores actuaban con total impunidad desde la cárcel. Pero lo que no sabían era que cuando ejecutaron la estafa al exministro ya estaban siendo investigados en secreto por otros hechos. Aunque tenían una logística aceitada, también pecaban de torpeza: usaban los mismos teléfonos siempre, el sitio para dejar el dinero se repetía y, para colmo, muy cerca de la casa de los cómplices que tenían fuera de la cárcel.

La justicia logró determinar que habían concretado 8 casos, pero hay muchos más en "grado de tentativa". Ahora quieren acumular los casos para sumar en la condena. De igual manera parte de la banda no tendría forma de zafar, pues están condenados por delitos más graves. Ahora la fiscalía de Delitos Económicos, a cargo de Gabriela Chaves, prepara la etapa final de la acusación.

Pero ahora se abre otra investigación. Es que los secuestros virtuales eran conducidos desde la cárcel con total impunidad. En los allanamientos hallaron 7 teléfonos que los acusados mantenían a pesar de que habían sido cambiados de calabozo varias veces. Por eso pedirán al Ministerio de Seguridad y a la Inspección que investiguen. Incluso sospechan que hay una red de provisión de teléfonos dentro de la penitenciaría.

El modo

Las denuncias por secuestros virtuales tenían hasta ahora un destino de archivo por tener de acusados a “NN”. Sin embargo la intuición de un grupo de investigadores de la Fiscalía de Delitos Económicos cambió el enfoque. Una denuncia de una pareja mayor que había sido víctima de ese delito dio algunas pautas iniciales.

Los habían llamado de madrugada al teléfono fijo y le dijeron que tenían a su hijo secuestrado. Alargaron la comunicación y les dieron los 10 mil pesos que tenían a mano. Para los supuestos secuestradores era poco y los obligaron a ir a un cajero para sacar más dinero. El dinero siempre debían dejarlo debajo de un transformador, a la vuelta de un conocido comercio de la construcción de Las Heras.

El seguimiento de esa denuncia sirvió para marcar puntos clave: los teléfonos desde donde llamaron, el sitio donde dejaron el dinero y hasta una mujer que pasó por el lugar. Pocos días después, otro caso permitió atar cabos: el mismo ardid, un número telefónico que se repetía y el mismo sitio para dejar el dinero del supuesto rescate, en el barrio Junín de Las Heras, debajo de un transformador eléctrico. Y hubo otra coincidencia.

Uno de los teléfonos a los que llamaban figuraba en un expediente judicial que no tenía nada que ver con los secuestros. Allí una mujer que declaró mencionaba ese número como propio y una dirección en el mismo barrio donde se centraba la investigación. Todo coincidió. 

Los investigadores judiciales rastrearon en su sistema y hallaron otra causa idéntica. Pero no fue la única coincidencia. Al cruzar datos, descubrieron dos números telefónicos que se repetían y eso les permitió hacer un cruce de llamadas y establecer el radio de acción. Las antenas que se activaron eran en calle Boulogne Sur Mer y el parque San Martín. Con esos datos, la justicia dio alerta a Delitos Económicos de la policía y se intervinieron dos líneas. La banda tenía organización, pero eran bastante torpes: usaban los teléfonos para estafar, pero también para llamar a los amigos y familiares.

Cuando se determinó que los llamados venían desde la cárcel de Boulogne Sur Mer, se ordenaron los allanamientos dentro de las celdas. Allí hay un detalle curioso: los oficiales que ejecutaron los operativos debieron dejar sus teléfonos en la puerta y fueron requisados. Pero adentro de la cárcel en solo tres celdas hallaron 7 teléfonos. Los acusados ni siquiera los tenían escondidos, sino en sus bolsillos. En el proceso habían sido mudados de calabozos, pero siempre lograron mantenerse comunicados con los mismos teléfonos. Por eso ahora investigarán si hay alguna connivencia dentro del Servicio Penitenciario.

Temas
  • Seguridad
  • Secuestros virtuales