Te salí gritona

Hiedra Venenosa vuelve con uno de sus más crudos relatos, experiencias de su vida personal y una confesión a su papá... "te salí gritona pa"

hiedra venenosa

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Hiedra Venenosa vuelve con uno de sus más crudos relatos, experiencias de su vida personal y una confesión a su papá… “te salí gritona pa”

Charlando con mi mamá sobre el nacimiento de mis hijos hace algunos días atrás, comentábamos el cambio que ha habido a través del tiempo en la forma en que las mujeres atraviesan un parto. “es que ésta es una generación de mujeres gritonas” dijo mi mamá mientras me alcanzaba un mate. Fue ahí cuando mi mente empezó a escarbar en el pasado pensando principalmente en mi papá, quien siempre me dijo que me había criado toda la vida dándome el ejemplo sobre cómo debía permitir que me tratase la gente que me rodeaba.

Todo comenzó a los siete años, ¿te acordás, viejo? Cuando en aquel lugar público un desgraciado me arruinó la infancia manoseándome en un baño y después me dijo que no dijera nada, que era un secreto.. Lo empujé con fuerza que no sé de dónde saqué, pero recuerdo que se cayó al piso… y no me callé. Lo conté apenas salí de ese baño no a una sino a seis personas. Y cada vez me preguntaban de nuevo qué había pasado, si estaba segura de lo que estaba contando, si no estaba mintiendo… hasta que te vi llegar. Ni sé cómo estacionaste. Venías con los ojos hinchados y rojos de haber llorado en el camino. Te abriste paso entre la gente en dos segundos y me levantaste. Con los dientes apretados por la bronca y la impotencia me apretaste fuerte contra tu pecho y me preguntaste qué me habían hecho. No dije nada. Exploté en un llanto incontrolable porque sentí que ya podía llorar; que vos sí me ibas a creer sin importar nada. No me callé, viejo… te salí gritona.

Unos años después, en la escuela una maestra creyó escuchar que yo había dicho algo que en realidad había dicho otro compañero y, en consecuencia, decidió hacerme la vida imposible por lo que quedaba del año. Me tenía parada en el medio de la galería durante la media hora que duraba el recreo todos los días. Me acuerdo de haberte contado sin saber qué hacer porque tampoco quería que nadie fuese a hablar con ella. Cuando viste que quería resolver el problema sola, me miraste a los ojos mientras tomabas mates con la mami y me dijiste: “siempre que lo que pidas sea justo y que lo digas con respeto, vas a tener mi apoyo incondicional. Defendete. Con respeto, pero defendete”. Al día siguiente hablé con la directora de la escuela. Fue la primera vez que entré a la dirección. Tenía apenas diez años y le dije que yo no iba a jurar la bandera si esa situación continuaba sucediendo. Llamaron a todas mis maestras y aclararon el problema. No tenes idea de la lección enorme que aprendí ese día, papá.

Ese fue sólo el comienzo. Entendiendo que podía expresar mis ideas siempre y cuando lo hiciera de manera respetuosa, escribí notas al municipio para mejorar los edificios donde estudiaba, notas a los directivos para hacerles llegar inquietudes de los alumnos, fui delegada de curso durante varios años en la secundaria… ya nunca me quedé callada. Te salí gritona, pa…

Cuando a los dieciséis años empecé a sufrir ataques de pánico y la psicóloga me dijo que tenía que hablar sobre el abuso que sufrí en mi niñez y dejar de culparme, me tome mi tiempo y les conté a los dos exactamente qué era lo que había pasado ese día.

Tiempo después cuando en un arrebato propio de mi personalidad mezclado con la estupidez de la edad decidí casarme, estuviste al lado mío con advertencias y consejos… y cuando después de seis años y dos hijos por fin decidí que amar no es aguantar y no aguanté más, y entonces me tocó enfrentar sola un mundo que no conocía sacando adelante a una familia, también te tocó estar ahí, apoyando y consolando; palmeándome la espalda y diciéndome “dale, que yo se que vos podes”. Decidí no aguantar, no callar más… te salí gritona, viejo.

Yo se que por ahí hubiera estado bueno que hiciera mi vida como la mayoría de las mujeres de la familia… pero salí distinta, papi. Esta hija te salió caminando para el otro lado. Abriendo caminos para aquellos que tal vez no quieran seguir al rebañito completo de este grupo familiar. Haciéndoles sentir que siempre se puede ser diferente y que eso también está bien. Esta hija te salió picuda; siempre saliendo a hablar por los que no encuentran la manera de defenderse o expresarse.

Salí diferente porque siempre estuviste ahí sosteniéndome la espalda y ayudándome a salir adelante. Siempre que miré, te vi atrás mío por las dudas, como cuando me enseñaste a andar en bici.

Ojalá un día el mundo se llene de mujeres gritonas, que luchen por sus derechos, que no callen ni acallen nunca más; que griten lo suficientemente fuerte para que aquellas que están escondidas y con miedo las escuchen y se animen a gritar también. Y Ojalá, papi, que algún día después de tanta lucha no necesitemos gritar para ser escuchadas…

Esta hija te salió distinta, pa… te salió gritona, revolucionaria y feminista.

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