Probabilidades en contra

Probabilidades en contra

A medida que avanza en sus estudios, una serie de sucesos trágicos van aconteciendo con cada materia aprobada. Cuando por fin se recibe sucede lo peor... pero el equilibrio es justo. Impactante cuento de Heriberto Pérez Grullo.

Después de muchísimos años y vicisitudes accedía al título. Sacrificó trabajos, parte de su historia familiar y hobbies. Pero allí estaba, rindiendo su última materia. Afuera esperaban los pocos amigos que le quedaban y parte de su familia, ya que los otros le negaban su presencia. Sobre todo después de una larga serie de eventos desafortunados, que algunos atribuían a su tenacidad de poner su carrera sobre las crecientes desgracias personales, sobre los que lo rodeaban, y el resto que relacionaban directamente su esfuerzo en cambiar su destino con la creciente mala suerte de su directos.

Como cuando llegaba a su casa festejando luego de conseguir el número de materias para cursar el último año de la carrera, y un choque de palomas producto de un arremolinado viento zonda, provocó un corto en la manzana donde vivía, descomponiendo heladeras y boicoteando un quince, un homenaje a un empresario recién llegado y en su casa la comida para el invierno almacenada luego de una semana de trabajo

O como cuando volvió de viaje para concertar la entrevista con su director de tesis, y la compañía de celulares tuvo graves dificultades de sistema y le imposibilitó saber que la mitad de sus primos habían caído víctimas de una persistente y nueva variedad de hepatitis.

Y el colofón de todo ese resquemor fue lo que le aconteció a una Tía abuela cabulera, que había construido su fortuna gracias a una inusual habilidad con la Quiniela, y que había muerto por un monedazo caído de la terraza de un edificio de más de diez pisos, luego de que él sacara la antepenúltima materia.

Cuando dio el penúltimo paso, los diarios se cubrieron de titulares del día que en Buenos Aires nevó, granizó, al atardecer salió dando un Arcoiris y tembló con grado 5, surgiendo una extraña falla hasta entonces desconocida en el Río de la Plata. Y en Mendoza tanto el dique potrerillos, el carrizal y el lago del parque se vaciaron, dejando salir de las grietas olor a azufre.

Cuando terminaron tanto la exposición y las preguntas de la mesa examinadoras, sintió ese maravilloso éxtasis de haber vencido a la adversidad, de torcer el destino, de cambiar años de desafortunados hechos que a medida que sus pasos lo acercaban a su logro académico, aumentaban en improbabilidad.

***

Mientras tanto, del espacio, caía en la zona del río Mendoza, lindera a la ciudad de San Martín, un micro meteorito, que portaba una terrorífica forma de vida en estado de espora.

Se posó sobre los vertederos cloacales adyacentes y encontró el ambiente propicio para comenzar su desarrollo.

Al cabo de minutos era una esfera pluricelular de diez metros de diámetro. Tenía vestigios de sistema nervioso. Al atardecer, ocupaba varias manzanas y la policía comenzaba a acudir ante gente que era absorbida por aquella masa, con habilidades ya de nube de insectos.

A la mañana siguiente un ser de inteligencia básica cubría Palmira y sus zarcillos se extendían por caminos, zonas de cultivos y ríos. La alarma era nacional y ya se consultaban a organismos de la ONU para combatir aquellos.

Cuando el segundo equipo de investigadores rodeaba una prolongación con sumo cuidado, puesto que el primero había sido absorbido, ya ocupaba una región de 300 kilómetros cuadrados, y tenía la inteligencia de un humano pequeño. Fue entonces que la tierra fue invadida por una flota de sanidad interestelar persiguiendo ese tipo de plagas.

No tardaron más de seis horas en exterminar a la población mundial, preservando algunos millones para ser trasladados a un mundo de cuarentena, y la tierra convertida en un páramo esterilizado.

El extraño alienígena, que miraba los informes de la operación, reflexionaba en la increíble probabilidad que el grano de aquella cosa hubiera caído en la civilización humana. Vaya a saber que juego de azar neutralizaba aquella calamidad.

Leyó el indicador de hechos probables y este estaba en gris neutro. El azar se había balanceado.

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