Mujeres, ¿eternas adictas al masoquismo?

Una lectora nos deja una reflexión sobre las mujeres y su afección a sufrir.

Betsabé Salomón

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A menudo escuchamos historias de amores imposibles, noviazgos nefastos y relaciones complicadas. Generalmente somos las mujeres las que las vivimos y contamos. ¿Quién de ustedes no ha tenido algún amor inalcanzable?, ¿a quién no le han roto el corazón alguna vez?, ¿cuántas siguen insistiendo con “atrapar” al mismo hombre después de mil intentos fallidos?, ¿cuántas han hecho lo que sea por ese tipo? Es increíble lo que el género femenino puede llegar a hacer en nombre del “amor”.

Incluso he escuchado casos de mujeres que soportan insultos, presiones, infidelidades y hasta golpes por parte de su pareja con tal de no estar solas. Yo misma estuve años intentando formar pareja con alguien que no tenía el más mínimo interés en mí y a cada rechazo me “enamoraba” aún más.

Es difícil cuando el corazón está involucrado en esto… Yo sólo me pregunto si somos tan masoquistas como para aguantar todo lo que venga con tal de mantener a un hombre a nuestro lado. A veces dejamos en segundo plano todos nuestros proyectos, sueños y metas en pos de mantener una relación amorosa. Pero: ¿en qué lugar nos dejamos a nosotras? ¿Es tan importante tener un tipo a nuestro lado? Cuando hay hijos de por medio es más duro todavía, ya que ponemos su bienestar por encima del nuestro. Hay muchas que se dejan ningunear, basurear y manejar por sus parejas. Que hasta aceptan el abandono de los padres de sus criaturas y les permiten ir y volver a su antojo. Me pregunto si esa vocación de eternas víctimas es algo cultural o depende de cada una. Si hasta la más feminista anhela tener un hombre y la que no, desea ser como ellos.

En un libro de Gabriela Acher leí que “nos enamoramos del hombre que queremos ser”. En algunos casos yo diría que sí, porque estamos convencidas que el mundo es de ellos y nosotras nacimos para servirles. Veo mujeres reclamando igualdades que parecen prácticamente imposibles. Pretendemos tener sus mismos derechos, cuando biológica, emocional y espiritualmente somos diferentes. Y es en esa diferencia en la que se nutren las parejas, las amistades, las relaciones en general. No creo que queramos ser iguales a ellos. Creo que deberíamos tener la suficiente personalidad y entereza como para que sepamos defender lo que nos corresponde.

El masoquismo no es una opción, estar en pareja no debería ser nuestro único objetivo. Por supuesto que hay mujeres que saben estar solas y lo disfrutan; mujeres que luchan y que tienen objetivos que van más allá de estar o no con alguien del género opuesto. Deberíamos aspirar a ser como ellas y no como los hombres.

Dejemos de dañarnos, de estupidizarnos, de cambiar toda nuestra personalidad por mantener a nuestro lado a una persona que, sin nos exige cambiar, definitivamente no nos ama. Amar es aceptar al otro tal cual es, con defectos y virtudes; es algo recíproco, es apoyarse, contenerse y querer siempre el bienestar del ser amado. Pero de ambas partes. No es unilateral, no hay excusas para esto.

Creo que, en vez de ser víctimas, deberíamos ser guerreras, luchadoras, tomar las riendas de nuestra vida independientemente de estar solas o no. Decidamos ser y seamos…

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