Los misteriosos silos abandonados de Tunuyán. Parte II

Luego de su investigación, Darío Mugneco nos deja la 2da parte de esta aterradora historia

dario murgneco

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El día para ir a grabar había llegado. Entre los cuatro tratamos de conseguir todas las herramientas para poder captar la grabación, pero como todo al principio es escaso, “pobre”, y más teniendo en cuenta que somos estudiantes. Sólo conseguimos tres cámaras y una luz de emergencia para alumbrar durante la noche; pensamos que sería más que suficiente para lo que imaginábamos iba a ser el trabajo.

Cargamos todo (no era mucho tampoco) en el auto que le habían prestado a uno del grupo y partimos a Tunuyán desde Eugenio Bustos. En el camino íbamos armando el guión de lo que sería el corto, que a la larga sabíamos que seria de ficción, es decir que podríamos manejar la situación y prevenir los hechos nosotros mismos, desafortunadamente el guión redactado no sirvió de mucho.

La entrada al callejón estaba más oscura que nunca, tuvimos que entrar despacio por la cantidad de pozos y barro. Ingresamos y pasamos frente a los silos, parecían estar esperándonos, trepados por el óxido y manchas de lluvia antiguas. Sorprendentemente y para nuestra desgracia total, la casa grande que había dado lugar a la historia, estaba casi derrumbada, sólo quedaba en pie una parte de ella, la parte que rodeaba el árbol que creció dentro de ella. Tuvimos que encontrarle el lado positivo, pensamos que era algo bueno, pues no tendríamos que recorrer semejante residencia.

Llegamos a la casa donde había vivido Paola hasta el 2009, estaba muy deteriorada por fuera, pero por dentro mantenía ese aire que ella nos había contado que siempre sentían, y que por primera vez pudimos experimentar nosotros; era como cuando una casa no tiene ventilación y perece que el aire se vuelve sofocante, así, pero sólo por momentos.

“Dejemos las cosas ahí en la esquina así armamos todo para ir a la casa a grabar” nos dijo Paola mientras señalaba una esquina llena de humedad. Sacamos la cámara, la luz de emergencia y algunas otras cosas para grabar; preparamos el mate y dimos los últimos detalles al guión y a las técnicas de rodaje para que saliera lo más profesional posible. Dejamos todo sobre el picnic en el suelo y nos fuimos a darle una recorrida a la casa, a sacar algunas fotos. Era una casa bastante grande, con varios pasillos y habitaciones; estaba llena de moho, humedad y algún que otro yuyo que trepaba las paredes y el suelo, bastante tétrico debo admitir.

No encontramos nada extraño en el recorrido, excepto por algún que otro crujido del techo, que se justifica por la antigüedad y estado de la casa.

Después del recorrido, empezamos a organizar todo para partir, mientras tomábamos algunos mates. Entre ronda y charlas fue atardeciendo, desde lo lejos pudimos escuchar a dos perros que ladraban enojados, escuchamos el ruido seguido de un eco en todo el lugar, salimos desesperados afuera, no había nada, en el momento que abrimos la puerta quedo todo en silencio; en el lugar de los silos salieron volando teros como si hubiesen sido espantados por algo. Decidimos no darle importancia, no queríamos asustarnos antes de tiempo y llegar a cancelar la grabación a causa de eso.

Partimos a los silos con todo el equipo, eran las 20:00hs. estaba oscureciendo; el suelo seguía inestable por los restos de semillas y hojas en descomposición, entramos a la casa, lo poco que quedaba de ella, sólo restaba la cocina, y tres habitaciones; inexplicablemente seguían en pie los espacios por donde Paola había pasado aquella vez que encontró la alpargata.

Entramos a la galería, y a la parte del frente (lo único que permanecía) sólo vimos las paredes deterioradas y las ramas del árbol, al entrar recorrimos la cocina que, como nos había contado Paola, todo era pequeño, la mesada, y el techo no eran altos. Apenas ingresamos a la casa sentimos un aire frío que corría dentro de la casa, supimos que había algo que no quería que estuviésemos allí. El suelo estaba completamente lleno de tierra y los pasos retumbaban dentro.

Inesperadamente al querer entrar a la habitación donde Paola había visto la alpargata, las cámaras comenzaron a fallar, dos de ellas se detuvieron simultáneamente y dejaron de grabar, por lo que tuvimos que seguir grabando con una sola de ellas, pero no duró mucho la grabación, pues al entrar a dicha habitación sentimos un sonido vacío, como cuando zumban los oídos, escuchamos ramas que se quebraban en la otra habitación, quedamos unos segundos en silencio, helados, esperando volver a escuchar el ruido para darle una explicación, pero en ese instante un grito desgarrador y vacío lleno el lugar, que parecía venir desde el techo. Ninguno recuerda nada de lo que sucedió en ese instante, pues con la adrenalina y el tremendo susto salimos corriendo hasta afuera de la casa. La cámara que quedaba viva se apagó sola en el momento que salimos de la casa.

Llegamos corriendo a la antigua casa de Paola con el último rayo de luz. Para completar el momento de terrible susto, al llegar a la casa encontramos pájaros muertos alrededor de la casa, como si alguien los hubiese puesto allí; algunos de ellos parecían haber muerto aplastados, otros solo yacían intactos en el suelo.

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Nosotros nos miramos sin explicación, los dejamos en el lugar y sin palabras corrimos hasta el umbral de la puerta donde había otro pájaro de mayor tamaño, parecía ser una gaviota, animal que no se encuentra entre los animales de nuestra fauna, ese pensamiento lo pensamos luego, pues la escena daba para pensar mucho más, el pájaro estaba totalmente destrozado, pero solo habían plumas esparcidas junto con la cabeza y las patas del animal, en el centro habían juguetes, juguetes de los que vienen en las sorpresas de los cumpleaños infantiles… no había sangre, ni rastros de ninguna otra cosa, la situación nos estaba desesperando antes de lo que pensábamos.

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Entramos agitadísimos a la casa, retomamos el aire mientras nos mirábamos e intentábamos tragar saliva. “¡Esto no está pasando, esto no está pasando!” gritaba Ana agarrándose la cabeza, “Chicos, yo les dije que esto podía pasar, no se alarmen tanto, puede que no pase mas.” Dijo Paola intentando darnos calma “¡Pero no te das cuenta de lo que pasa, no sabemos lo que esta pasando, ni mucho menos a lo que nos estamos enfrentando!” le dije desesperado pensando que era ella la que quería ocultarnos los hechos, la verdad es que ella ya había vivido algo parecido, pero lo pasó por alto al contarnos porque pensó que sería mejor no contar toda la historia para no asustarnos de más.

“Chicos, tranquilicémonos, y vamos a comer algo. De verdad no hay nada que pueda lastimarnos” dijo Paola, ya más tranquila agarrando la espalda nuestra compañera.

Cenamos una pequeña vianda que habíamos llevado mientras revisábamos las cámaras, como era de esperarse, las dos cámaras que se apagaron primero no registraron nada, la memoria estaba vacía, incluso las fotos que tenia almacenada previamente se borraron. La cámara que yo llevaba alcanzó a registrar parte del recorrido pues, hay partes perdidas o saltadas, increíblemente fue lo único que obtuvimos de la primera visita.

Armamos las bolsa-cama y accedimos a dormir para levantarnos temprano para grabar algo de día. Era de esperarse que durante la noche escucháramos o viéramos algo por lo que dormimos en un círculo y en el centro dejamos la luz de emergencia prendida hasta que la mayoría se durmiese. Nos dormimos muy tarde, esperando escuchar algo pero nada sucedió; no hasta que Lucas se despertó porque sintió a alguien que apagaba la luz, primero pensó que había sido yo el que la apagó, pero al mirar la hora vio que eran las cinco de la mañana, muy tarde para estar despierto, así que de golpe se dio vuelta y la luz estaba apagada, miró a su alrededor y no vio nada, pero en la esquina más oscura de la casa, donde habíamos apilado nuestras cosas escuchaba un pequeño sonido, como cuando alguien se acaricia el cuerpo, que produce ese suave sonido en la piel, pensó que era el viento que entraba por la puerta, pero empezó a ser cada vez mas fuerte entonces supo que no era algo normal e intento fijar mejor la vista, en ese instante vio la cara de una mujer anciana entre nuestras cosas, que tiritaba y cerraba los ojos individualmente, no pestañeaba normalmente, la miró fijo durante unos cinco segundos; hasta que Paola se despertó con un suspiro de susto, agitada miro a nuestro amigo despierto y le dijo “¿Qué te pasa? ¿Por qué seguís despierto?” él seguía inmóvil mirando fijo la esquina oscura, Paola todavía agitada le grito “¡Hey, qué te pasa, despertate!” como no reaccionó al grito, Paola volteo para mirar el lugar donde estaba mirando Lucas, sin mucho esfuerzo la vio, estaba todavía tiritando tal como él la había estado viendo durante todo esos segundos. Paola dio un grito despertando al resto, en ese momento algunas cosas apiladas se cayeron. Prendí la luz y estaban los dos agitadísimos, Paola tiritaba y Lucas seguía callado “¡¿Qué paso!?” les pregunte, y ella respondió “La vimos, estaba ahí, en la esquina, nos estaba mirando mientra dormíamos. ¡Chicos me quiero ir de acá!” Yo y Ana que estaba intentando hacer reaccionar a Lucas, la miramos desconcertadamente, no entendimos lo que decía, “¿Pero qué viste? ¿Por qué te querés ir? Todavía nos quedan dos días para grabar.” Le dijo Ana abrazando a Lucas, “Chicos, no se dan cuenta, antes no la había visto dentro de la casa, y ahora la vi, estaba entre nuestras cosas, esta adentro de esta casa también, ya no solo está en la de los silos, se adueño de ésta. ¡NOS TENEMOS QUE IR!” en ese momento largo el llanto desamparado y Lucas reaccionó. “Bueno, nos vamos, pero mañana a la tarde, grabemos algo más, no vinimos hasta acá para no tener nada, al menos grabemos algo imitando un reportaje, no sé” Dijo Ana acordando con Paola, los demás asentamos con la cabeza, le servimos unos mates a Paola y Lucas para que se calmaran y volvimos a dormir.

A la mañana nos levantamos a las 11hs, preparamos el pequeño desayuno y no nos dirigimos nada en todo ese tiempo, los pensamientos se habían mimetizado en todo lo que habíamos visto el día anterior, era demasiado.

Revisamos el guión para ese día lo modificamos agregando una pequeña salida de Paola imitando a una periodista en el lugar para rellenar el hueco. Preparamos todo y salimos, nos habíamos olvidado de los pájaros muertos, y hubieran seguido en el olvido de no haber sido por las plumas del pájaro que yacía en el umbral, estaban espaciadas por todo el patio, pero los demás pájaros no estaban, ni siquiera habían rastros de los juguetes sorpresa. Sacamos unas ramas del árbol que estaba junto a la casa y barrimos el desastre para no tener que recordar la escena otra vez.

Llegamos a la casa de los silos, esta vez decidimos entrar a los mismos y luego seguir recorriendo las últimas partes de la casa. Al llegar a los silos tuvimos que entrar por una puerta pequeñísima, al entrar vimos lo que parecía ser una especie de puerta de fierro de la pequeña entrada. Lo sorprendente que encontramos en el interior de los silos fueron unos arañazos en las paredes, obviamente alguien o algo había sido encerrado en el silo, por la altura de los rasguños que no eran muy altos, deducimos que era un niño o algún animal pequeño.

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En el segundo silo no pudimos entrar porque no teníamos como hacerlo, pero había un pequeño agujero en la pared, por el que vimos hacia adentro, no había nada raro, los rasguños sólo estaban en el primer silo. El hecho no nos asusto porque podía ser que antes encerraran a algunos animales en los silos.

Entramos a la casa, omitimos los lugares que ya habíamos visto, inconcientemente ni siquiera los miramos. Al entrar a una de las habitaciones detrás de una gran rama del árbol, había un dibujo bastante definido, no llevaba mucho tiempo allí, lo pudimos saber por el estado del mismo. En el dibujo se veía a una mujer joven de pelo largo, de ojos rojos, labios grandes y dientes puntiagudos; con una vestimenta antigua que databa (según averiguamos) de fines del siglo XIX y tenia como prendedor una especie de cruz. Detrás de la mujer se podía ver que había una tumba con una lapida con la leyenda “QEPD”, junto a la mujer había una inscripción que decía: “Este martirio Será mi eterno amigo. Tu vida es la virtud eterna, soportando esto, lo pido y lo deprecio. Tu vampiro corazón me desangra. El amor es algo que los idiotas e infieles desconocen. La sangre purga. La eterna juventud de mi amor durará si me das tu sangre roja.”

Esto nos dio el punta pie final para decidirnos a que esa misma tarde nos iríamos del lugar, con o sin material en mano. Sólo pudimos sacar una foto, porque las cámaras fallaban de nuevo y funcionaban de vez en cuando.

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Armamos el “set” para que Paola hiciera su salida como periodista. Pusimos la única cámara funcionando correctamente en el trípode, pusimos un poco de luz y empezamos con un pequeño ensaño. Empezamos a grabar con Paola diciendo sus líneas, y haciendo los paneos acordados con la cámara. Todo salió bien a la primera, asíque decidimos grabar una segunda por si algo pasaba con la primer grabación; en la mitad del reportaje mientras Paola estaba en plano, vimos una sombra blanca pasando detrás de ella, seguido de unos pasos en la habitación de la alpargata, detuvimos la grabación y partimos a la habitación de donde venían los pasos, al llegar a la puerta la cámara se apagó nuevamente entre la sombra que generaba la luz de la ventana logramos ver el par de alpargatas que Paola nos había contado. No podíamos creer lo que estábamos viendo, eran las alpargatas, tal cual nos habían contado, todo se volvía a repetir. Entramos los cuatro juntos hasta llegar a las alpargatas esperando obtener alguna foto; prendimos un celular y le sacamos una foto.

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“¿Estas son las alpargatas que viste Paola?” Le preguntó Lucas cagado hasta las patas. “Sí, son las mismas. Después que las vi, escuche ese ruido en la cocina, y cuando volví ya no estaban…” Ese fue un baldazo de agua fría, fue como si una docena de elefantes nos cayera en la espalda, nos dimos cuenta que si se estaban repitiendo los hechos, lo que vendría sería el ruido en la cocina. No hay peor miedo que el anunciado e ignorado de igual forma, nos quedamos callados esperando lo que sabíamos que vendría; pero nada de eso paso, todo estaba en silencio. La calma volvía a nosotros, pero cuando íbamos saliendo de la habitación, unos golpes se empezaron a escuchar afuera, eran golpes en las paredes de la casa, en toda la casa, venían de diferentes partes, salimos desesperados y vimos horrorosamente pájaros muertos alrededor de la casa, alguien los había tirado contra la pared. Eso fue la gota definitiva que revalzó el vaso, sin pensar en las grabaciones salimos del lugar y partimos a la ex casa de Paola, eran las 16hs, en pleno día, cuando íbamos corriendo hasta la casa donde estaban nuestras cosas, vimos desde lo lejos a una mujer anciana parada justo en la puerta de a donde nos dirigíamos, “Chicos, es la vieja… La que vi yo, esta en la otra casa… ¡VAMONOS POR FAVOR SE LOS PIDO!” dijo Paola, gritando dura, inmóvil, sólo logró decir eso, mientras nosotros estábamos en un estado similar. La anciana seguía en la casa, moviendo las manos donde sostenía retazos de telas; llevaba un vestido largo negro de la mugre. En ese momento, después de unos segundos eternamente horrorosos, una bandada de pájaros salió del árbol cerca de la casa, y la anciana empezó a arañar la puerta, provocando un chillido parecido al de los cerdos cuando lo están carneando, algo muy parecido a lo que Paola y su familia escucharon aquella noche en la reunión familiar.

Siguió arañando, freno y lentamente entró a la casa, con la mirada fija en nosotros, se dio vuelta y la cabeza seguía mirando al frente, no era normal, ni humano lo que veíamos. Lucas empezó a tiritar, Ana sostenía su rosario y yo entre los tiritones y el terrible susto, intentaba prender la cámara para grabar algo, pero era inútil nada funcionaba.

Nunca nos vamos a olvidar de ese momento, todavía nos sigue en todo momento, y nos marcó para siempre ese sentimiento de terror.

Llegamos a la casa, ni siquiera entramos, por suerte teníamos lo mas importante con nosotros, Ana prendió el auto mientras Paola ayudaba a Lucas a caminar porque se había descompuesto. Salimos rajando del lugar, nos olvidamos de los pozos en la calle, el miedo lo teníamos a flor de piel, y no se nos pasó hasta que dejamos atrás los silos.

Salimos a la ruta, al Puente Río y frenamos a calmarnos, nos abrazamos los cuatro y nos alentamos entre nosotros, tomamos un poco de agua y seguimos camino a Eugenio Bustos. En el camino no dijimos mucho, solo que mantendríamos el secreto, y de ser posible cambiaríamos el tema del corto.

Lo que vivimos, lo poco que registramos esta todavía y es la prueba de lo que pasa en el lugar.

Unos meses después de lo que paso, el padre de Paola volvió al lugar y se contacto con un vecino que había vivido en el lugar toda su vida. Nos contó y nosotros personalmente fuimos a hablar con él, en el primer contacto medio que se resignó a ayudarnos, pero después que le contamos todo accedió.

El hombre vivía con su esposa en frente al callejón que daba a los silos. Nos contó la verdadera historia del lugar, que se sitúa varios siglos atrás.

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En el año 1897 vivía una familia de tres integrantes en la casa, la esposa Raquel de 37 años, José, su esposo de 40 y la pequeña María de 8. Se habían mudado al lugar con deseos de instalar su emprendimiento familiar de maíz, por lo que José mandó a construir los silos en el lugar. El negocio prosperó rápidamente, mientras Raquel se encargaba de los animales y del telar para la venta de prendas, la niña crecía saludablemente; pero todo no era color de rosas, pues como en toda familia alguien debe romper la felicidad en algún momento; José tenia una amante desde hace 7 años, con la que tenia planeado formar una nueva familia, pero no sabia como decírselo a Raquel y aún mas a María, por lo que lo mantuvo su secreto todos esos años.

No fue hasta una noche, donde habían organizado una reunión familiar para festejar la primer cosecha del año, donde habían asistido muchas personas, entre familiares, amigos y productores. Entre las personas estaba Perla, la amante de José, disfrazada de una clienta fiel. Entre tragos y charlas, Raquel se entretuvo en una conversación, mientras José y su amante se franeleaban en la habitación de la pequeña María, fue una mala idea pues María los vio mientras jugaba con otros niños por la casa. Sin entender nada, le dijo a su madre que papá estaba jugando con otra mujer en su habitación, Raquel rápidamente e ingenuamente se dirigió al lugar y los encontró manteniendo relaciones en la cama de la niña. Raquel empezó a gritar y a largarle todo lo que encontraba a su paso a los amantes. Con todo ese lío, los invitados se fueron retirando silenciosamente, hasta dejar la casa vacía. Perla se fue como pudo, y quedaron los tres solos. María lloraba en el baño, mientras sus padres discutían a toda voz. Raquel estaba incontrolable, nunca se imagino que su marido podría hacerle eso, y lo último que le dijo fue “Me la vas a pagar con todas tus sangres…” y se fue a dormir. A la mañana siguiente se levantó mas temprano que de costumbre, mientras José y María dormían, ella preparó su telar, se sirvió unos mates y fue a la habitación donde estaba su marido, lo degolló en la cama con el cuchillo que mataba los cerdos todos los días de su vida, sintió placer al hacerlo, pero después de unas horas cayó en sus cabales y se dio cuenta de lo que había hecho, no lo podía soportar y empezó a imaginarse la ola de problemas que se le venían, pues su marido tenia muchos conocidos y contactos, era sabido que alguien intentaría buscarlo por doquier. Entonces en un mar de desesperación arrastró el cuerpo de su marido hasta la cocina y con el hacha que cortaba la madera para la estufa comenzó a cortar el cuerpo en pedazos pequeños, sabia que de ese modo seria mas fácil ocultar todo, pero no estaba satisfecha, entonces, se dirigió al galpón donde tenían una jaula con pájaros de toda clase, los mató uno por uno, los abrió a la mitad, los destripó y dentro fue metiendo todos los pedazos de su marido. Estuvo hasta el medio día haciendo su trabajo, terminó cociendo a los pájaros y los enterró afuera, si alguien excavaba en busca del cuerpo solo encontraría aves muertas enterradas, nada sospechoso.

María se levantó en busca de su madre y encontró la cocina llena de sangre, empezó a gritar desgarradamente y salió afuera gritando a los cuatro vientos; con el fin de no llamar la atención, Raquel la metió dentro de la casa, le coció la boca y la encerró en uno de los silos para que no le hiciera recordar el mal que le había hecho a toda su familia. Pero su conciencia estaba limpia porque sabía que su marido había roto primero el linaje con su infidelidad.

Los días pasaron, y Raquel se encerró en su habitación, la niña murió en el silo arañando las paredes e intentando descoserse la boca. Raquel no soportó el dolor de no tener su familia y se ahorcó en la cocina.

La masacre fue descubierta por los trabajadores de José quienes fueron a buscar su pago y encontraron la familia muerta, menos a José.

El hecho fue caratulado y convertido en leyenda, transmitido por las diferentes generaciones. Con la urbanización muchos dicen haber visto a la mujer, unos vieron una mujer joven, otros una anciana; en la puerta de la casa arropando la ropita de María, su hija. Las alpargatas pertenecen a José, las cuales habían sido los primeros objetos que Raquel les largo a él y su amante aquella noche.

Eso nos dejó todo más que claro, y nos heló los huesos al saber que habíamos vivido algo que venia sucediendo hace siglos y más aún sabiendo que teníamos material físico de ello.

El corto terminó siendo de esta leyenda haciendo una especie de documental que tuvo mucha repercusión en el Instituto. Lamentablemente no obtuvimos la nota que queríamos por no respetar las técnicas que debíamos emplear, pero el material esta, al igual que la leyenda que hoy en día es conocida por todos los lugareños como “La masacre de los silos de Tunuyán”.

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