Cozo

Un bioquímico controla un elemento específico llamado Moscovio, se le ocurre mezclarlo con una bebida y probarlo... y todo se va a descontrolar.

adrian monetti

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Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan.

Stephen King.

Estaba cansado. Hacía un largo rato que estaba sentado observando por el microscopio. Tenía la vista cansada, el cuerpo agarrotado y la mente por explotarle. Se sentía un tanto perdido.

Miró por la ventana y suspiró resignado. La lluvia caía, bella, certera y sin repetirse en sus formas. Pensó que por lo menos le quedaban solamente dos horas para cumplir su jornada laboral.

En su casa lo esperaban sus gatos y su música, el único oasis de paz en el cual se podía sumergir Ansiaba llegar pronto, sacarse los zapatos y tirarse en el sillón escuchando Miles Daves, pero interiormente sabía que eso no lo sosegaría, no le traería calma. Nada lo hacía.

Su nombre era Hernán Ponce, trabajaba en los laboratorios de una gran empresa multinacional durante largas horas. Le estaba haciendo pruebas al elemento llamado Moscovio, el número 115 de la tabla periódica. Aunque no lo movilizaba el hecho de estar manipulando un mineral sintético.

Un rayo cayó cerca, la tormenta arreciaba. Hernan Ponce se preguntó qué pasaría si se expusiera al Moscovio a un elemento común. La idea lo despertó un poco, lo sacó de su apatía. Sin ninguna medida de seguridad tomó un poco del Moscovio que analizaba.

Debía hacer algo, no se podía quedar con lo visto, la situación demandaba algo más. Entonces miró la lata de bebida cola dietética que estaba bebiendo ¿Qué pasaría si echase un poco del líquido en la muestra del Moscovio? Era una acción con tintes necios, lo más probable que nada pasase, sólo eso. Pero de todas maneras siguió adelante con la idea.

El brebaje burbujeó al caer sobre el Moscovio. No pasó nada.

Hernán Ponce miró el desastre que había sobre la mesa de trabajo, debería ser un lugar impoluto, quedó todo pegajoso. Algo le dijo que lo intentara de nuevo.

Los relámpagos iluminaban el ambiente. Un estruendo lo sobresaltó, otro rayo había caído cerca, muy cerca. La electricidad se cortó, todo se quedó a oscuras. El Moscovio sobre la mesa brillaba con un fulgor verde, repentino y muy intenso.

Hernán Ponce miró extasiado la reacción, su rostro se iluminaba con el resplandor creciente, debía investigar qué había causado esa manifestación. Arguyó que la intervención de la bebida cola generó esa fosforescencia.

Se dispuso a tomar notas sobre el evento, entonces sintió un fuerte dolor en su cuerpo. Una abrasadora agonía lo poseyó, un tormento atroz le subió por las uñas de los dedos de los pies y fue creciendo hasta hacerle explotar los tímpanos.

No sabía si estaba soñando, pero se vio a si mismo corriendo por los pasillos del complejo científico. A medida que lo hacía algo pasaba con su cuerpo, iba perdiendo su forma original, crecía sin ningún límite mientras que sus músculos se ensanchaban.

Corría a una velocidad pasmosa, sus pisadas colosales sonaban en la oscuridad. Una pared se interpuso, sin pensarlo arremetió contra el muro y los escombros salieron en todas direcciones. Hernán Ponce se encontró en la calle, bajo la lluvia torrencial.

***

-Ha creado un nuevo elemento por accidente- Dijo para si misma la agente Elvira Alvarez, en un murmullo que aseveraba su teoría.

La habían mandado para investigar desde Inteligencia Militar al lugar de trabajo de Hernán Ponce; querían saber cómo el hombre se había convertido en ese monstruo monumental que estaba asolando la ciudad en esos momentos.

La metamorfosis de Hernán Ponce fue brutal y sobredimensionada; en un lapso de tiempo no mayor a una hora su cuerpo creció hasta una la altura de cien metros, su piel se volvió roja y sus rasgos faciales cambiaron y lo convertieron en un ser irreconocible.

La conjunción de la bebida gaseosa y el elemento 115, el Moscovio, habían mutado el ADN de Hernán Ponce y lo convirtieron en el ser apocalíptico que las fuerzas armadas intentaban contener.

Elvira Alvarez se comunicó con sus superiores y les comunicó la noticia.

***

La atención del mundo, a través de los medios de comunicación, estaba centrada sobre Cozo, el nuevo ente que estaba destruyendo la ciudad. El nombre Cozo surgió al principio del incidente, cuando un periodista le preguntó a un soldado contra qué se enfrentaban -A un coso gigante- contestó apresurado el militar al tiempo que se iba para el campo de batalla. Los noticieros lo cambiaron un poco y quedó Cozo.

El general Zavala estaba en el centro de mando, en lo que había sido un centro comercial. La actividad era febril, desde ese sitio se dirigían las fuerzas que luchaban contra la colosal bestia.

Se intentó contenerla con un ataque frontal, pero los misiles y las balas de los tanques rebotaban contra la gruesa piel y no le causaban el menor daño.

Batallaron contra Cozo y sólo lograron enfurecerlo más, lo que llevó a la casi destrucción total de la ciudad, con muchísimas bajas civiles. Cozo derribaba los edificios a puñetazos y lanzaba colectivos y otras cosas de gran porte a las fuerzas defensoras.

Un científico tuvo una idea, conjeturó que algo de humano quedaba en él y que se podía recurrir a lo que más quería parar tranquilizarlo. Entonces fueron en busca de su novia, Cecilia.

Ella se aterrorizó con la idea de acercarse a Cozo, pero el general Zavala la convenció de que seguramente Hernán la recordaría y eso iba a contribuir a detener esa masacre.

Cozo estaba sentado sobre unas construcciones derrumbadas, miraba sin mucho interés a los helicópteros que lo sobrevolaban. Cecilia, temerosamente, se le acercó hasta quedar a pocos metros de el monstruo. Le habló con un megáfono en un tono suave.

-Hernán, Hernán, por favor prestame atención- le dijo-Hay que detener toda esta locura ya mismo, por favor mi amor- Cozo la miró, entre extrañado y contento, algo parecido a una sonrisa se dibujó en su cara horrenda. En el centro de mando seguían la escena mediante monitores de TV. En ellos veían a la trémula Cecilia y a Cozo dominado por los cambios en su ADN.

Cozo bajó su rostro hasta quedar a la altura de la mujer. Cecilia se animó a tocarlo y extendió el brazo para hacerlo. Entonces el monstruo la engulló de un bocado.

En los monitores se alcanzó a ver Cecilia en las fauces de Cozo siendo destrozada por sus dientes.

Cozo había descubierto el sabor de la carne humana y le había gustado.

***

Se inició una contraofensiva total. El general Zavala ordenó un ataque con todas sus fuerzas contra Cozo. Primero un bombardeo con aviones, luego la artillería haría una cortina para enviar tropas comandos, con la intención de que éstos últimos instalaran en el monstruoso ser un explosivo especial, con la capacidad de hacer implosionar la materia, generando un vacío. Los cazas de la Fuerza Aérea atacaron, los misiles aire-tierra explotaron sobre Cozo. No le hicieron ningún daño, ni siquiera lo distrajeron de su apatía.

Cozo estaba sentado con la vista fija en el horizonte, no se había movido en varias horas. Arreció la lluvia de proyectiles de artillería, los obuses cayeron sobre su cuerpo infructuosamente. Estaban a punto de enviar a los comandos cuando Cozo cambió de actitud.

Se levantó y sin mediar otra acción se puso a correr hacía dónde estaba el centro de control de los militares. Unos helicópteros artillados intentaron detenerlo, pero la gigantesca bestia los derribó a manotazos, luego pisoteó a los cañones y por último se dedicó a destrozar todo lo que estaba a su paso. El general Zavala miró como el enorme pie de Cozo rompía el techo del centro de control. Fue lo último que vio en su vida.

Cozo se dedicó a comerse a los soldados que huían. Lo hacia delicadamente, disfrutando cada bocado. Los pobres hombres eran destrozados por los enormes dientes.

***

Los gobernantes estaban azorados. No sabían cómo actuar. Ya habían perdido a una ciudad entera con cientos de miles de vidas. Una multitud de científicos se devanaba los sesos, intentando crear una solución al problema, pero todos los estudios que hicieron con el Moscovio no dieron ningún indicio de cómo ponerle freno a la situación.

Cozo comenzó a movilizarse y tomó rumbo a la ciudad próxima más cercana, la situación era muy delicada. Se inició la evacuación de la población, mas de un millón de personas se estaban movilizando. El caos era general.

Gobiernos extranjeros vieron que el peligro pronto pasaría las fronteras y el problema con Cozo sería internacional. Entonces ofrecieron su ayuda. Una bomba MOAB, la más poderosa antes aque una nuclear, se consideraba lo idóneo. Sería lanzada desde un bombardero antes de que llegara a la ciudad que estaba siendo desocupada.

El avión bombardero que llevaba la bomba, llamada By by Cozo, se aproximaba a su blanco. Toda la zona en un área de dos kilómetros a la redonda había sido evacuada. Cozo avanzaba lentamente, iba como reconociendo los lugares, mirando todo con suma atención.

Se había decidido lanzar el explosivo mediante un misil gigante. Cuando el avión se acercó a la distancia ideal la bomba fue lanzada. Pasaron unos segundos, la expectativa crecía, todo el mundo estaba atento a lo que ocurría en el lugar. El misil golpeó en el pecho de la bestia y se desencadenó una explosión enorme.

La misión estaba cumplida, nada más quedaba esperar a que disipara el polvo levantado por el estallido. Grande fue la sorpresa cuando se vio que Cozo había resultado indemne, sólo estaba un poco aturdido. Era indestructible.

***

Amadeo Modigli era un soldado raso al que no le caía bien el oficio de militar. Siguió la carrera de las armas por una fuerte imposición familiar. Estaba a punto de renunciar cuando se desató el conflicto con el gigantesco ser y fue desplazado con su batallón a la zona de guerra.

Había visto a Cozo durante la batalla en la ciudad, le pareció soberbiamente maravillosa la imagen del monstruo destruyendo todo a su paso.

Amadeo Modigli fue elegido como observador cuando fue lanzado el misil MOAB. Su misión era la de corroborar lo qué había pasado. Se instaló en un refugio con dos soldados más, provistos de binoculares y radios para informar de primera mano qué había ocurrido.

La nube de polvo que levantó la detonación no les permitió ver por unos largos quince minutos. Se dedicaron a fumar y a esperar mientras mejoraba la visibilidad.

No escucharon nada, estaban enfrascados en su conversación, describiendo los hogares de donde provenían, hasta que el techo del refugio salió despedido. Para el espanto de los tres soldados ahí estaba Cozo, con su cara a muy poco metros, mirándolos.

Amadeo Modigli fue el único en reaccionar cuando Cozo abrió sus fauces. Sus dos compañeros fueron engullidos mientras él se salvó por su rápida reacción de arrojarse a un lado. Sintió la fetidez insoportable del aliento del monstruo y no pudo evitar arcadas por el asco. Estaba cercado, no había salida posible, era cuestión de segundos para que Amadeo fuese comido por el ser bestial. Entonces el soldado tomó una decisión, se metió en la oreja de Cozo, la única salida posible. Lo hizo por su salvación, por puro terror.

Cozo, al sentir que algo se le introducía por su aparato auditivo, se reincorporó. Al hacer esto Amadeo Modigli perdió el equilibrio y cayó hacia el tímpano. El ser monumental sintió el movimiento dentro de su oído y se introdujo un dedo en el, intentando desprenderse de la molestia.

Amadeo no se podía mover bien, los líquidos que segregaban el oído de Cozo le impedían movimientos, estaba atrapado en ese lugar. Pero en su desesperación pudo vislumbrar algo positivo. Aún conservaba su arma de fuego, comenzó a disparar. Se sintió el rugido de dolor de Cozo.

***

Los altos mandos militares supieron que la estrategia había fallado, no quedaban opciones. No encontraban una salida. Las cámaras que monitoreaban a Cozo lo encuadraban mostrándolo furioso por el ataque que había sufrido. Se comenzó a pensar en armas nucleares.

Cozo iría rumbo a la ciudad, el desastre era inminente. Vieron como se agachaba en el refugio de observación, estuvo un instante mirando hacia el interior de éste y se levantó de un golpe. Se tomaba la cabeza y se introducía un dedo en la oreja.

***

Amadeo Modigli gastó todas sus municiones en el interior del oído de Cozo. Todavía le quedaban tres granadas, las cuales lanzó por el canal auditivo. Éstas explotaron. Un liquido sanguinolento comenzó a subir hacia el soldado.

Los ojos del monstruo se volvieron blancos y cayó cuan largo era.

Cuando las fuerzas armadas rodearon al inerte Cozo no podían creer lo que vieron: Amadeo saliendo de la oreja gigantesca, tembloroso y pringoso de sangre.

El soldado raso Modigli había logrado lo que un ejército no pudo. Como dice el Arte de la Guerra: Lo que los antiguos llaman un luchador astuto es aquel que no sólo gana, sino que resalta por ganar con sencillez.

Fue considerado un héroe y a pesar de los pedidos gubernamentales y militares abandonó el oficio de soldado para dedicarse a lo que más le gustaba.

Ahora tiene un atelier de pintura, vive de lo que pinta, siempre el mismo tema recurrente: Un hombre naciendo de una enorme oreja.

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