Cómo volver al mercado

¿Cómo volver a disfrutar de la soledad y la soltería cuando hemos construido una vida al lado de un mal tipo?

amelie

[MISSING]binding.image.description

Cuando todas las conversaciones con “él” terminan en: “haaa y mirá vos”; cuando sentís ganas de llorar cada vez q hablás de lo que les pasa, empieza a carcomernos la aparición de pensamientos existenciales nocturnos.

Pero, de repente, un día nos levantamos para ir a trabajar y una angustia aterradora nos invade. “Estoy en crisis” logramos concluir. No sé qué hacer para remontar esta situación.

Por momentos, decidida a cortar, por otros con un sentimiento de pre-arrepentimiento. Mezcla de realidad real y de la inventada, que por supuesto es mayor. Nos preguntamos si realmente es momento de empezar a valorarse.

¿Nunca te pasó? creo que no soy un buen referente para aconsejar respecto a “valorarme” y ese tipo de cosas, pero lo que sí puedo, es contar detalles sobre lo que a mí me pasó.

El silencio cobraba protagonismo entre nosotros, parecía no haber nada de qué hablar. Uno sentado en cada lado de la mesa, pensando él vaya a saber qué, pensando yo “necesito un comentario sumamente inteligente/ trascendente/ novedoso/ gracioso/ tétrico para romper el silencio” o… ¡Simplemente un tema de conversación! Sólo eso…

Pero, la dificultad de las relaciones humanas, es que uno puede hacer sólo el 50% de lo posible para que las cosas funcionen.

La cosa no daba para más. Era necesario un cambio. El problema es que los cambios dan miedo. ¿Miedo a qué? ¿Será a quedarme sola? Quizás, ya no me acordaba cómo era.

Dejamos pasar un poco más de tiempo, y la situación se tornó insostenible. Todo plan era “mal plan”, toda idea era “mala idea”. Los sueños se esfumaban y los proyectos parecían asentados en arena.

En búsqueda exhaustiva de respuestas, encontré en mí unas palabras de mi mamá: “uno no tiene que forzar las cosas, tiene que dejarlas fluir. Si es tuyo, lo va a ser siempre, si no lo es no”.

Cabeza en agua, se logró tomar la decisión, hasta el momento la más temida, la que no estaba en los planes (así hayan sido malos). Separación.

¡¡¡Qué miedo!!! El tema de “separarse” implicaba mucho más que romper esa relación. Implicaba cambios personales, profundos y no tantos, pero sí importantes. Todo empezaba por mirar hacia fuera, otra vez.

Te vas dando cuenta que los códigos son distintos. En vez de levantarse y salir a trabajar, es, levantarse, pensar q sorete te pones, maquillarte, putear las manchas en la piel, vestirte para los otros ¡sin saber que mierda ven los otros!, porque hace muchísimo que no le prestas atención. No sabes las palabras de onda, te sentís vieja, forrada en papel blanco y negro. Ma’ que blanco y negro… forrada en papel gris, porque te sentís con tan poca personalidad q no logras definirte entre blanco o negro. Pero…

También empezás a verte distinta, la ropa de “moda” no te queda tan mal, los hombres siguen buscando ver lo mismo que en nuestra época, o sea, un escote que insinúe. Las palabras de onda se te van pegando solas pero en tu boca quedan como el reverendo or.. así que decidís seguir hablando como lo solías hacer.

Entonces surge la pregunta, ¿Es posible la vida post? Sí, de ser posible, lo es; pero una ¡no lo sabe!

Una sigue pensando en “qué fácil hubiese sido este momento de m.. si hubiese estado en pareja”. Referido a este tema, hay una ley de Murphy, que se cumple al pie de la letra. Bah, son dos… en realidad 3. La primera, es que cuando te pones de novia, sentís que todas, todas las conversaciones jugosas y momentos divertidos son justo cuando vos no estas. La segunda ley es que cuando decidís, a fuerza de contradicción hormonal-neuronal, separarte, todas, todas tus amigas, las que tenían esas fantabulósicas conversaciones hasta la madrugada y salidas súper divertidas se ponen de novias con un tipo tan detestable, que no la deja acercarse a vos, porque como sos la “sola nueva” creen que tenés mas hambre que Mahatma Gandhi. ¡¡¡¡¡Y vos sólo querés compañiaaaa!!!!! y no masculina sino, que querés estar en esas charlas donde se habla vulgaridades y asquerosidades femeninas, con tus amigas donde se cuentan hasta el color, olor y consistencia de la última ida al baño. Pero como de eso no se habla delante de “ellos” creen que nosotras hablamos sólo de bultos y ex a los que teóricamente todavía les tenemos ganas.

La tercera ley de Murphy es, que cuando lograste alinear la agenda de tus amigas y la tuya (vacía desde hace tiempo) y la de sus novios perseguidosos (perseguidos y celosos), ¡Se organiza una juntada! Vos, tenés toda la expectativa e intriga sobre “esas charlas” que tenían cuando no estabas. Te bañaste, pintaste, produjiste (porque ya no se sale a la calle sin el kit de emergencia social) y saliste de tu casa ¡10 minutos antes para llegar puntual!

Llegas y esperás. Y esperás. Comenzás a impacientarte y le mandás un mensaje a “las chicas” diciendo que ya llegaste y tenés muchas ganas de verlas (y claro, poner en un sms “loca apurate que me aburro” es como que no da). Clavás la mirada en la puerta, rogando que lleguen pronto, porque los síntomas del panic atack (consecuencia de no salir durante muuucho tiempo) están apareciendo y… ¡eureka! ¡¡¡Llegan!!!

Si bien el físico y lo externo poco importa para los amigos, empezás a recorrer sus cuerpos, el estado de su vestimenta, la falta de make up en algunas (la ausencia total del mismo en otras). Y mientras ellas te dicen “¡Qué linda estas!” vos pensás……. (¡qué camión te pasó por encima!), pero eso no se puede exteriorizar, así que asentís con una humilde expresión de Gracias.

Y al fin, ¡¡¡Comienza la charla!!! Vos te sentás como indio, como una niña a punto de ver El Rey León, Ups! Digo, Gaturro. Cada una empieza a contar detalles de su “peoresnada” y así se va creando el clima justo para estar Entre Amigas.

Todo divino, hasta que te preguntan: ¿Y vos? ¡¡My God!!

-. Ehmm, y yo… todo bien, todo tranquilo, trabajando mucho. (Respuesta fácil). Pero, ¿¡Cómo explicarles en un ratito de los ataques de pánico y lo del miedo a estar sola!? Sooo complicated.

Una vez adentrada la conversación, te miran y te dicen: Pero, ¿En serio que no tenés nada?

-. Uff!! De tener, tengo. Bah, mejor dicho “De haber, hay” (después de todo lo vivido, a una le cambia el concepto de “tener”)

Y se quedan todas calladas. Les contás de Menganito, que resultó tener más maquillajes, ropa y bronceadores que vos. Seguís por Sultanito, que venía todo de 10 Pero resultó ser un ñoño bárbaro. Y esta Fulanito… que el hecho que te demores en seguir contando, hace que Ellas ya sepan que “resultaría un buen candidato”. ¡Resultaría! Pasa que Fulanito parecía un maravilloso Príncipe Azul. Pero, como todo Príncipe, se transformó en sapo. Y como todo azul, se destiñó en el primer lavado.

Les relatas que, a medida que va pasando el tiempo te vas dando cuenta de la existencia de todo tipo de especímenes. Y en búsqueda de alguno que se asemeje a la realidad…te olvidas de Vos. Sí, así, te olvidas de Vos.

¡¡Y volvés a pensar que fue un error separarte!! Sin tener en cuenta, que lo que una busca no estaba en él (motivo por el cual cobra razón de ser todo este rollo). Tu agenda ya no se ordena por orden alfabético, sino por: si – más o menos – como último recurso. Y seguís limitando tu tiempo a: trabajo, casa, ellos. Hasta que un buen día, te das cuenta (como en el principio de esto) que así no se puede seguir. Analizás tu exhaustiva (desesperada diría yo) búsqueda centrada en lo ajeno. Y reconoces finalmente ¡El miedo a estar sola! Uhgg, qué horror, qué real. Pero, como dice alguien por ahí, lo importante no es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa. Así encontrás el punto de partida de todo. La pregunta disparadora. La necesidad de encontrarte. Sí, ya sé, es tan difícil encontrarse… Te mirás al espejo, te observas con detenimiento, rejuntas cuidadosamente los trocitos que han quedado de Vos, pero que después de todo, sos Vos. Te animás a sonreír y a darte tregua.

De a dos, el camino es más corto, el peso la mitad y el alivio el doble. Hay dos. En una, hay dos. En mí, hay dos; la que veo en el espejo y “Ella” la que por mirar tanto para afuera descuidé. Entonces, con mucho temor, pero con una luz en el pecho, retomás la búsqueda. En este caso, de VOS misma.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?