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Relato hot: Sorpresas en la web

Típico domingo en su casa, despeinada y ligera de ropa, una joven mendocina decide ponerse a chatear. Mirá como termina todo...
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El Mendolotudo

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Domingo. Llovía. Día de vacaciones. Sola en mi departamento. La tele no ofrecía nada para matar el tiempo. Todos en alguna costa, tomando sol, comiendo churros y comprando todo lo que no se necesita a los vendedores ambulantes. Nadie a quien llamar, nadie a quien visitar, nadie con quien ir al cine. Me esperaban unos perfectos 15 días al parecer. Enciendo mi computadora, chequeo el mail, borro cuanto power point hay en la bandeja de entrada, miro la carpeta de mi ex de hace cuatro años a ver si estaba en negrita y con un 1 entre paréntesis (ilusa). Conecto facebook: fotos de lo lindo que le queda a la arena y al mar el sol. ¿Qué podía hacer? Pensé en abrir algún sitio de chat. Me sentía con 14 años de nuevo, aunque parecía mas una divorciada de 58.

Nickname: “MENTIMEQUEMEGUSTA”. Nada pasaba. Parecía que nadie se daba cuenta que era mujer. Espere mientras me preparaba un café batido. Regreso a la máquina: “EL DR AMOR dice: hola muñeca”. ¿El doctor amor? Me dio risa. Pensé que debía ser un viejo como de 60 años, pero estaba aburrida, así que respondí: ¡hola doc!. El “doctor amor” resultó ser un hombre de 32 años, separado, médico (¡sorpresa!), de géminis, y aburrido como yo un domingo doblemente típico y rematado con agua. Un hombre muy agradable para conversar. Hablamos durante 4 horas (debo decir que continué en la cama con mi notebook sobre mis piernas). En un momento leo un: ¿tenes webcam? Mi computador definitivamente lo tenía, el único problema es que no estaba presentable para ello.

- En realidad si, pero no estoy muy presentable que digamos, así que dejémoslo pasar.

- Pero, ¿por qué? ¿Cómo podes llegar a estar como para que no me dejes verte?

- Como día domingo y sola que estoy.

- ¿Sola?

- (me asustó un poco) Sí, con mi perro, un grandanés que odia a los desconocidos y se pone muy malo cuando viene alguien acá.

- Jajaja ¡pará! No te asustes, no dije que iba a ir a verte. Tranquila.

- Está bien, solo comentaba…

- Bueno, y como es que estas vestida que no podes ponerte frente a una webcam

- Ah, nada, con un camisón de breteles finos, negro, con puntillas en los bordes, sin sostén, un culotte, despeinada y sin maquillaje… ¡Impresentable! jajaja

- ¡APA!

(En estos momentos me di cuenta que había dado demasiados lujos de detalles lo que podrían provocar en el “Doctor Amor” que tenga algún tipo de imaginación y quisiera…. ¡oh, no! ¡TARDE! Ese “apa” ya era indicios de algo)

- Jajaja ¿qué?,  ¿vos qué haces? (quise hacerme la tonta y ver si podía despistarlo)

- Y, ahora por lo que me contas, podría estar haciendo solo una cosa si me quedo acá, y muchas si estuviese allá.

(¡Dios mío!.. Aunque en el fondo salió la picara que hay en mí. Pensé: es solo un juego, no puedo contagiarme de nada, si no me gusta o me siento incómoda puedo terminar la conversación… Y bue… a ver que sale)

- ¡Ahja! Y ¿me querés contar?

- Simplemente me imagine por momentos que iba a visitarte ahora, que la puerta estaba entreabierta, que te veía tumbada en la cama con tu camisón de breteles finos, negro y con puntillas, que estabas boca abajo escribiendo en tu computadora, que ese lindo camisón se había subido y me permitía ver desde la puerta de tu habitación lo perfecto que quedaba ese culotte con tu cola, y pensar que si estuviese mirándote de frente podría ver algo mas que una cadenita colgando sobre tu cuello. Pienso que me acerco, beso tus pies, sigo por tus gemelos subiendo hasta tu espalda, mientras con mis manos subo lo que resta por subir de ese camisón negro con bretes finos y puntillas en los bordes hasta sacarlo. Seguir besando tu espalda, tus brazos, tu parte de atrás del cuello, y con mis manos contornearte hasta llegar a tu cintura. Recostarme sobre vos, y que sientas todo lo que vengo a ofrecerte.

- ¡GUAAAAAU! Jajajaja (mi risa idiota iba a hacerle perder a mi “Doctor Amor” todo el hilo de su imaginación, lo cual también perdería yo, porque, de hecho, me estaba comenzando a gustar.. me estaba calentando).

- Bueno, en realidad no era para reírse, pero veo que igual te causó gracia..

- ¡NO, NO, SEGUI! (mis mayúsculas indicaban lo que el sabía que estaba provocando).

- Bien, masajeo tus hombros, el centro de tu espalda, tus glúteos, tus piernas… Vos me miras de reojo y te pones de frente. Esa posición me permite que pueda admirar tus pechos, muy naturales, blancos, con dos durezas que hacen que mis glándulas salivales funcionen triplemente. Miro tu abdomen. Esos kilitos de más le quedan muy bien a ese piercing en el ombligo. Suave como un bebé. Te beso ese piercing, mientras bajo suavemente ese culotte divino, pero que me impide deleitar más allá. Lo saco. Me miras con cara rara: ni de no quiero, ni de si quiero, pero si de un podés seguir. Vuelvo a besar y a pasar mi lengua desde la punta de tus pies hasta tu boca mojada por tanto morderte mientras te recorro, sin dejar ningún espacio por saborear. Cuando te beso en los labios, siento tus manos desabrochando mi bermuda color crema, mientras me miras fijo a los ojos. Sabes perfectamente lo que tenes que hacer y cómo hacerlo. Me haces parte tuya y te haces parte de mí. Sentir tus gemidos a la par de la lluvia es una música sensacional. No pronuncias ni una palabra, o no logro entender tus susurros, solo pongo atención a esos gemidos que me indican cómo seguir y cuándo terminar. Cuando llega el momento, me separas un poco de vos, me volves a mirar fijo a los ojos un segundo, para luego cerrarlos fuertemente y dar un único grito, mientras enterras tus uñas en mi espalda. Giras la cara hacia un costado y me decís…

- Doctor Amor, un momento que voy a la ducha…

- Exactamente eso.

Necesitaba ir a la ducha y bañarme con agua bien helada. Esas palabras me habían puesto demasiado caliente e incitaron a mis manos a seguir paso a paso lo que mis ojos leían. Estaba tan metida en lo que leía, que en el momento en el que terminé en sus fantasías, terminé en la realidad.

Vuelvo a la cama, vuelvo al chat, me había dejado un mensaje: “estoy seguro que lo disfrutaste tanto como yo, te dejo mi número y tomamos un café un día de estos. Tenemos mucho para hablar, y me encantaría conocer en persona ese camisón de breteles finos, negro y con puntillas en los bordes”.

¡Oh oh! Si después de esto acepto que nos veamos, es obvio que se va a traducir a la realidad. Además, ¿y si no me gusta?, ¿y si no es como me dijo que era?, ¿y si es un secuestrador?.. Bueno, basta, el tipo se desconectó, no tiene ningún medio para comunicarse conmigo, ¡ya está!, fin del tema.

Continuará