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No me merecías

Después de un tiempo regresa Calypso, pero esta vez no hay un relato hot, sino que se desnuda realmente para todos nosotros.
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El Mendolotudo

No me merecías

No me merecías

Es muy extraño como uno tiene su propia filosofía de vida. En mi caso, creo que somos recipientes vacíos desde que nacemos. Día tras día vamos llenándolos de vivencias, algunas buenas otras malas. Pero la realidad es que lo que más pesa y más agua acumula son las que consideramos malas. Y así fue como una gota rebalsó el vaso. Uno se ve desbordado, problemas estudiantiles, familiares, económicos, personales y sobre todo, amorosos.

En estos meses de ausencia en relatos eróticos nadie comprendía porque tan repentino acto de desaparición. Me dijeron que plasme en letras lo que me tenía rota por dentro. Que usara las palabras para decir y expresar aquello que me tenía tan mal. Al fin y al cabo es una manera silenciosa de gritarle al mundo lo que uno siente. Pero no podía, ¿Cómo iba a mezclar mis sentimientos en un ámbito de erotismo y placer? Sentía que iba a ser una decepción a aquellos que siempre estuvieron fieles ahí. Sin embargo, vuelvo a repetir, siempre hay una gota que rebalsa el vaso... Y no queda más que tirarlo y desagotar todo.

Lo que no me dijeron es que iba a doler tanto, y no hablo de palabras ni de agua. Hablo de amor... Pero ¿Qué es el amor? Según el diccionario es "el vivo afecto e inclinación hacia alguien", vivo afecto e inclinación hacia alguien... Lo que el diccionario no nos dice es cuándo sentimos amor realmente.

A él lo conocí hace varios meses ya, como a cualquier otro. Como quien conoce personas hoy en día. Debo admitir que tenía y tiene un gran atractivo físico. Ojos negros y profundos, una sonrisa y muecas de niño, una voz suave, una altura justa a la mía. Era una personificación de mis más recónditos sueños. Pero al decir verdad, lo que más me atrajeron fueron las charlas. Una mente poderosa y pensante tan grande que me sentía chica al lado suyo. Un cerebro exquisito.

Llegó el momento de conocernos, y lo que ustedes hombres jamás saben es por todo lo que pasa una mujer previo a eso. ¿Qué ropa uso? ¿Será poco o mucho maquillaje? ¿Le gustará mi perfume? ¿Seré suficiente? Y así, mil interrogantes más que nos carcomen la cabeza. De lo que no estamos ni estaremos preparadas es para los finales no felices. Es un tanto gracioso volver creyendo que éramos completamente complementarios y no obstante del otro lado no había ningún interés. Fue una desilusión, sí. Fue una noche de tristeza también. Pero que masoquista es una misma queriendo conservar aquel espécimen, que en plena crisis emocional ofrece amistad.

¿Amistad? Lo peor que puede haber en este mundo es querer y desear a alguien en silencio bajo el término amistad. Que hermosa y a la vez detestable se vuelve esa relación. Es tener próximo a quien te gusta y a la vez a miles de kilómetros de distancia. Pero nos inyectamos esa dosis de cercanía solo por unos momentos. Es un éxtasis al corazón... lástima que después viene la abstinencia. Y por más que lo intentes, por más que quieras ocultar todo lo que sentís. Hay cosas que no van. Y por cosas que no van me refiero a su desaparición. Después de varios encuentros e histeriqueadas por su parte, se esfumó con tal liviandad que asusta pensar como alguien puede ser capaz de algo así.

Y ahí estaba, soñando noche tras noche que probaba esos labios, que me sentía contenida por esos brazos, que mis piernas temblaban al sentir sus ojos penetrando los míos. Pero era eso, fantasías. Soñaba a alguien que no me extraña y que jamás tuve. Soñaba, con él. Los días de verano transcurrían, mi mejor cara de superación y sonrisas sabían ocultar a la perfección lo que pasaba. Pero ¿Por qué? Hasta el día de hoy me lo pregunto, que fue lo que vi en aquel muchacho de veinticinco años. Tratando de buscarle una explicación, leí por ahí que cuando alguien te toca los gustos y la mente jamás sale. Y acá estas, revoloteando mis neuronas, incendiando mis pasiones y derramando mis lágrimas. Probablemente te diste cuenta, probablemente no. Pero pasó y pasa. Y tengo miedo de que siga pasando. Es que es tan ilógico que alguien llegue en tu peor momento, tu año más difícil, lidiando con tantos demonios y con solo sonreírte creas que es la salvación. Un chaleco salvavidas en medio de la inundación. Sostengo, es tan ilógico.

Tras varias semanas de ausencia, buscando causalidades para verte. Hubo un reencuentro. Mi corazón latía a más no poder, inocente yo creyendo que esta desaparición había generado por fin algo de interés en vos, tal vez me extrañabas. Me auto decía a mí misma que si te pedía con la cabeza tan fuerte iba a generar esa energía cósmica de la que tanto hablan y atraerte. Y así fue, te vi de lejos, hermoso como siempre. Puse a replantearme ¿Alguna vez alguien te deseo con tantas ganas como yo? ¿Alguna mujer habrá estrenado ropa solo por verte? ¿Te habrán dedicado tantas letras y poemas? Y aun así, nada pasó. Las nubes de ilusiones se esfumaron con la leve brisa que dejabas al pasar atrás mío. Ignorando no solo alimentaste tu ego si no que destruiste el mío.

Escapando entre la gente, llorándole al taxista, y siendo consolada solo por papeles mojados. Supe del grave error que había cometido todo este tiempo... Quererte con el amor que me pertenecía.

Esperé, esperé muchas veces, muchos días y muchas noches una situación que no se dio. Un beso que no se consumó. Una mirada que jamás conectó, y sobre todo, un mensaje que por más simple que fuese que tampoco llegó.

Y ahí fue cuando me di cuenta que, no me merecías.

Hoy digo basta, ¿Qué es eso de dedicarle mi tiempo a alguien más? Si quiero flores, las compraré para mí. Y si quiero amor me veré a espejo y sonreiré esperando solo esa sonrisa de vuelta. Pero lo más importante es entenderte y saber que no te culpo de nada. Ocupaste un lugar que yo definí, y de ese error entendí lo más importante, vivir de fantasías solo alarga el cuento.

Con el corazón abierto, limpio. Con el vaso vacío. Me despido de aquel año de porquería, incluyéndote. Dejo en cada letra lo sentido.

Al fin comprendí, que nos merecemos a nosotros mismos. Siempre.

"Y empecé a librarme de todo lo que no era saludable: situaciones, personas, gustos y cosas. Lo llamaron egoísmo, yo lo llame amor propio."