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Mi experiencia con una ninfómana

Fernet Basualdo nos cuenta de lo que podrían haber sido sus peores vacaciones de la historia, hasta que conoció a una mujer muy particular.
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El Mendolotudo

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 Promediaba un diciembre prometedor, el veranito hacía notar su presencia pero la gente normal sabía contrarrestarlas con horas y horas de pileta o con un simple chapuzón en el laguito que está atrás del shopping, otros jugando a la play con su aire acondicionado de 25000 frigorías o como concha se diga, otros se juntaban en la plaza a tomar una coca al hielo o una "fresca" (adjetivo tumbero de la cerveza) disfrutando de su libertad veraniega.

¡Pero yo no! Como un buen pelotudo me había llevado todas las materias del colegio y estaba pagando con creces las eternas rateadas, las jodas a mis compañeros, las siestas colegiales, la rebelión con el uniforme y la falta de compromiso hacia todo intento de enseñarme.

Así que en vísperas de navidad el pelotudo estaba estudiando cagado de calor, con el ventilador del nono que destilaba aire caliente y con los huevos pegajosos de tanto transpirar, pero había algo que me alentaba a no cambiarme la identidad y fugarme del país. Nada más ni nada menos que "las vacaciones''

Estaba emocionado por ese acontecimiento al cual pensaba: "jojojo de ahora en mas voy a ser un macho porongeitor, seguro mis viejos me van a empezar a dar el auto y voy a ir a buscar suripantas en todo Mendoza"

Terminé de rendir las materias, que dicho sea de paso me sentaron sublimemente en el pelado, y solo quedaban dos semanas para mis súper vacaciones esperadas (entiendan que en mi casa nunca hubo plata para vacacionar). La emoción invadía mis venas, y mi viejo ansioso también me había tirado la indirecta de vernos en la playita. Yo ya me imaginaba tirando pasos en GAP o SOBREMONTE y diciéndole a una porteña que me haga un peterete.

Pero en una cena familiar pre viaje mi papa decidió que nos íbamos de vacaciones a Córdoba, porque a mi mama la estresaba mucho el viaje hasta Mardel, alegando que era muy largo (vieja pajera). Pero bueno, nada podía sacarme la ilusión de mis vacaciones, y me imaginaba un Carlos Paz o un Mina Clavero como destino vacacional familiar. Ya me habían contado mis amigos que las cordobesas no eran histéricas como acá y que las fiestas eran otra cosa y bla bla bla... así que ya venía con un grado de motivación agravado.

Llega el día del viaje, la noche anterior salí a bailar y me levanté al otro día. Tenía una resaca nivel Dios, por lo que me dormí todo el viaje. Desperté más o menos cuando estábamos llegando y mi viejo paró en un pueblito lo más parecido a Fray Luis Beltrán o Rodeo del Medio, a lo cual pensé "seguro que acá nos bajamos a comer algo y seguimos en camino", pero cuando veo que mi viejo se empezó a adentrar en el pueblo me empecé a preocupar. Nos bajamos en un hotel que distaba de ser higiénico y las palabras que menos quería escuchar se hicieron realidad, se bajo mi viejo del auto y estirando las piernas y con el pecho henchido de orgullo dijo: "llegamos"

Se vinieron abajo todos mis sueños de sexo alocado en una ciudad fiestera... más bien pensé que me llevaban a hacer turismo religioso o a un exorcismo. A lo cual con ojos semillorosos le pregunte a mi papa - ¡¿Dónde carajo estamos, pelado?!

Y me respondió - Estamos en RIO TERCERO.

Después de muchos cuestionamientos del por qué nos adentramos en medio del campo para vacacionar me respondió que querían tener unas vacaciones tranquilas, disfrutar de la naturaleza... (Malditos viejos hippies). El pueblo poronga este tenía entre sus grandes diversiones: un casino municipal con seis tragamonedas, una peatonal de media cuadra, un boliche re tumba-canela llamado "Saturno" con el dj "maxi" que evidentemente auguraba muy mal gusto musical.

El hotel dejaba mucho que desear, empecé a notar algo raro en las comidas y resulta que siempre venían sin sal, lo que creí un hecho aislado. Mis dudas se aclararon al otro día cuando vi descender en tres micros de doble piso a un contingente gigante del PAMI; los viejitos venían chochos con el equipito de mate colgado al hombro y las cartas de rumi; debo admitir que en algún momento hasta se me cruzó por la cabeza moverme a una anciana, debido a que estaba más caliente que motor de colectivo de la 380 y mi necesidad de ponerla estaba superando ampliamente los límites normales.

El panorama se veía oscuro para esta sex machine que les escribe, hasta que del bondi descendió una mujer joven de estatura promedio y con buenos glúteos que estaba ayudando a bajarse del micro a una pareja de vejetes; les juro que me volvió el alma al cuerpo, con el sólo hecho de pensar que aunque sea le iba a mirar las cachas un ratito.

Llegó la hora de la cena en el hotel y mi vieja me llamó para que bajara a comer; así que aprovechando la situación y pensado que la podía ver, clave camisita, un buen jean, me puse zapatos y hasta me peine. Demás está decir que el ratón de mi viejo se cagó de risa toda la cena, cuando me vio llegar con mi nuevo peinado a lo hot wheels, y por esas cosas de la vida, a la familia de ella ¡la colocaron en la mesa de al lado de la mía! El universo estaba conmigo. Esa fue la primera vez que usaba servilletas para comer y ni me importó que la cena fuera caldito con cabellos de ángel sin sal. Necesitaba ser un caballero y causarle una buena imagen.

Después de esa hermosa cena, el hotel ofreció un pequeño baile para los jubilados que empezaba a las 22:30 y terminaba a las 00:00.... Entonces me dije "este era mi momento para clavarles los colmillos"; terminé de cenar y le robé el vermú que tenía mi viejo, me bajé media botella solo para envalentonarme, baje al hall y me dispuse a encararla, con tanta buena suerte que el abuelo de ella estaba medio en pedo y me agarró a la pasada y me la presentó.

Al principio estaba medio cerrada la flaquita, pero debido a esa media botella de vermú y a fuerza de mil chistes malos, pude sacarle una sonrisa y se prendió en la charla. Estábamos los dos en la tertulia de los viejos, el tema central de la charla rondaba en cagarnos de risa de los bailes exóticos de los jubilados y de un abuelito que no le avisaron que el Chaqueño Palavecino no cantaba cuarteto. Terminando la "PAMI FEST" mandé una indirecta y dirigiéndome al aire tiré un "la noche está en pañales'' a la cual respondieron tres parejitas que se habían formado de no menos de 75 años levantando las copas de vermú. Al ver que no era un violín y mi alma caritativa de incentivar a los vejetes a vivir sus últimas noches, se animó y me lanzó un delicado pero firme - Te acompaño - ¡¡¡Si señores!!! ¡¡¡El pescado mordió el anzuelo de este hábil pescador!!! La única que quedaba, pero cada vez se me hacía mejor, era ir a tomar algo y quedarnos a bailar en "Saturno".

¡¡¡Y ahí nos encontrábamos los ocho!!! ¡¡¡En Saturno Local Bailable!!! El panorama pintaba áspero para este galán menduco, así que saque a relucir mi caballero respetuoso y románticon. Después de bailar el footloose con dos abuelas que me guiñaron el ojo y me hicieron insinuaciones carnales aberrantes, decidí usar mi último as bajo la manga: ponerla en pedo e insistirle a que me diga que sí.

Así que en medio de los bailes eróticos propinados entre viejos causados por un vodka de dudosa procedencia y encontrar las palabras exactas para una muchachita de bien, le robé un beso a la susodicha. La noche terminó medio entre flashes porque me parece que tomamos un poquito de más, la recuerdo a ella llorando mientras caminábamos de vuelta al hotel y después recostarme despatarrado y solo en mi cama. Al otro día me levanté a desayunar dispuesto a seguir el chamuyo y llegar a segunda base (al menos) pero la mina ni siquiera se dignó a aparecer y no la vi en todo el día. Y ahí pensé "seguro estaba muy borracho y le dije a la mina de coger de una o capaz le toque la pochola o me zarpé con algo, ¡capaz me comí a la vieja del 71!"

Y como buen macho me hice cargo de mis errores, y fui a encararla después de cuatro días. La verdad es que no sabía que poronga decirle así que como buen pelotudo le pregunte - ¿Qué paso esa noche, por qué llorabas?

Después de una larga charla la mina me confesó que hacía tres años que estaba de novia y que estaba confundida porque yo era muy dulce. Así que necesitaba hacerle la psicológica para poder poseer su cuerpo. Después de comerle la cabeza varias horas y de confundirla aún más con algunos besitos, llegaba el día anterior a mi vuelta así que le tiré una indirecta para ver si picaba el pez otra vez y le dije - ¿Qué vamos a hacer de especial en mi despedida? - ¡¡Y si señores el pescado volvió a morder el anzuelo!!

Así que después del brindis y de un mini té bingo organizado por la gente amiga del Pami, el momento tan ansiado llegó, ya había comprado los prime con tachas, ya me había higienizado el amigo, me podé la selva que tenía, le dije a mi viejo que se fuera a explorar la naturaleza como bien él quería y hasta ordené la habitación.

Estaba medio nervioso... iba a ser mi segunda vez, así que me tomé lo que quedaba de la botella de vermú de mi viejo para desinhibirme, llegó, la cosa empezó tranquila hasta cierto momento que la mina se calentó y se transformó, fue el momento más feo de mi vida, la mina paso de ser una tierna ovejita a una maquina sexual que tenia mas cancha que el maracaná... se movía cual Maradona en el gol contra los ingleses.

¡Esos movimientos dignos de una actriz porno hicieron que el acto sexual durara solamente 45 segundos! La mina se me quedó mirando como si le hubiera hecho una joda, como si fuera un boxeador que no se iba a conformar con un round y knock-out, ella iba a por los 15.

Entre los nervios y la sorpresa de tal momento me acosté en posición fetal para intentar asimilar lo que estaba pasando; me moría de vergüenza de lo sucedido y la mina, tierna y paciente me abrazó por detrás y el silencio reinó en esa cálida tarde de verano. Pasados unos minutos, escucho sollozos detrás de mis hombros y pensé "¡¡¡uhh que le pasa a lo loca desquiciada del sexo ésta!!!" Y si, lo que temía... la mina me confesó algo que ningún hombre inexperto quisiera escuchar, entre un llanto vergonzoso y una sonrisa pícara me dijo - ¡¡¡Soy ninfómana!!!

- ¡¡Y yo soy un cagon!! - Le retruqué casi sin pensarlo. Esa bomba de sinceridad y confianza entre los dos me dejó el mástil con la dureza del mármol de granito y empezó la maratón camística.

Y así fue como pasé una de mis tantas particulares vacaciones. Me quise hacer el langa y me cogió una ninfómana con más experiencia que todas las viejitas que estaban en el hotel, seguro la mina llegó a su casa y se cagaba de risa con las amigas del precoz que conoció en el viaje de los nonos. Aprendí la lección: tenés que ser humilde y sincero con tus experiencias sexuales. Lo que no te mata te fortalece así que ahí van unos consejos de mi parte para todos los supuestos cogedores:

1º Tener mucho cuidado con las calladitas, eso de que son las peores es cierto y hay un gran porcentaje de que sean ninfómanas.

2º Nunca aparentes ser una maquina sexual, las minas se remiten a los hechos y es preferible ser sincero, les causa ternura que seas honesto y de paso menos presión para vos.

3º Cuando estés haciendo la cochinada, ¡pensá en tu vieja cuando recién se levanta para durar más!

4º Los prime con tachas son malísimos.

5º Imagínense un pedazo de queso suizo lleno de agujeros.

Cuanto más queso, más agujeros.

Cada agujero ocupa el lugar donde habría queso.

Así que, mientras más agujeros, menos queso.

Cuanto más queso, más agujeros, cuanto más agujeros, menos queso.

Conclusión: Cuanto más queso, menos queso.

Y bueno, eso...