volver a
Mendolotudo El feminismo se ha convertido en el enemigo del hombre y la mujer, convirtiendo la lucha igualitaria en un conflicto de géneros. Primera polémica nota de tres.

Feminismo: el enemigo de la mujer | “Infantil y mentiroso”

Mendo Mendolotudo

El feminismo actual es el peor enemigo de la mujer, claro que también del hombre, y causante de la degradación de la sociedad. Ha dejado en el olvido la premisa del viejo feminismo: “la importancia primaria de que ningún ser humano esté por encima de otro” y, aunque sus guerreras lo nieguen, viene demostrando, a través de sus actos y retóricas, su esencia anti-masculina. Convirtiendo la lucha igualitaria en un conflicto de géneros, destruyendo las relaciones humanas, generando más violencia y encendiendo la guerra entre los sexos. Empecinado en la firme idea de que continúa vigente un sistema social patriarcal, no hace más que culpar al hombre de todos los males y de situar a la mujer en un eterno lugar de víctima para conseguir privilegios del Estado. Y es justamente esa victimización constante, la que nos vuelve vulnerables e inferiores a los hombres.

“Patriarcado” es un término que alude a una organización social en la que el varón es la autoridad, ejerciendo una opresión sobre la mujer. Estructura de dominación que es inexistente en nuestra sociedad occidental actual. No veo que las mujeres sigamos siendo inducidas por una cultura dominada por los hombres. La lucha por la igualdad de derechos, ya no tiene razón de ser. ¿Qué derecho o privilegio tiene el hombre que la mujer no tenga?  Las mujeres gozamos de los mismos derechos y libertades que los hombres. Somos independientes y libres de hacer lo que queramos —claro que hay ciertas libertades, que más adelante menciono, que no sería sensato tomarse en un mundo en que la maldad también existe—,  nadie nos retiene, ni estamos obligadas a hacer lo que no queremos. Tenemos acceso al empleo que elijamos, a la política, a las universidades, elegimos la profesión que nos plazca, entre otras cosas. No niego que en muchos hogares todavía rige este tipo de sistema machista dominante. Y es justamente la visión resentida de estas mujeres que han tenido experiencias lamentables con los hombres, cuando no traumáticas, la que está definiendo la masculinidad, para ellas agresiva y opresora. Es injusto definir al hombre basándose en ese porcentaje menor de la población que integran los abusadores y violadores, porque exista no significa que vivimos oprimidas bajo el influjo de un sistema social heteropatriarcal. Desviemos nuestra mirada hacia el Oriente, y se nos van a pasar las ganas de seguir victimizándonos por todo. Esas mujeres sí que nos pueden dar cátedra de lo que significa vivir eternamente oprimidas.

Me cuesta llamar a este movimiento “feminismo”, porque es un término que le queda grande. El feminismo debería relacionarse con valores tales como la equidad, dignidad, libertad, unión, reconciliación, solidaridad, respeto, y a riesgo de sonar romántica, paz y amor entre todas las personas sin distinción de géneros. Muchos coincidirán en que quienes llevan las riendas de esta revolución que patrulla actualmente las calles y los medios, están teniendo serios problemas en demostrar que van en busca de desarrollar estos valores. Nos hacen sentir que ya no somos seres humanos, sino prototipos de una entidad colectiva llamada género. Es por eso que a muchos de los que defendemos las ideas humanistas, nos está costando simpatizar con este colectivo, ya que no podemos ver en sus discursos y la violencia en que se declina, otra cosa que la decantación de un odio latente, no sólo al hombre, sino a todos los que no comulguen con sus ideas. No se trata de pecar en ser poco solidarios con el movimiento, o sororas en el caso de las mujeres. Se trata de pensar y sentir diferente. Se es solidario con quienes luchan por causas justas y asimismo no las deslegitiman utilizándolas en pos de otros intereses. Considero un infantilismo sentirme obligada a ser solidaria con mis congéneres sólo por el mero hecho de que sean mujeres. Sería como pensar que todas son buenas personas.

Este feminismo de género tiene mucho de infantilismo. Por ejemplo, es infantil e irresponsable, alentar a la mujer a hacer uso de sus derechos y libertades, sin advertirle de los peligros a los que se enfrenta. “Mujer tienes el derecho a vestirte como quieras y caminar por donde quieras, a la hora que desees y beber alcohol hasta perder la consciencia si así lo quisieses”. Y por supuesto que tenemos esos derechos, pero con esas ideas se asume que vivimos en un mundo rosa donde no existe esa porción mínima de hombres malos compuesta por  abusadores y violadores, o al menos que no cabe la posibilidad de toparse con uno de ellos. No estoy diciendo que en caso de una violación, la culpa la tiene la mujer. Es claro para mí que en un cien por ciento el culpable es el violador, sea en la circunstancia que fuere. Estoy cuestionando a un feminismo que se centra sólo en que debemos educar a los varones a no violar y respetar a las mujeres, pero no además enseñar a éstas a prevenirse, librándolas de la responsabilidad de cuidarse de los violadores. Lo que ocurre que en estos tiempos de grandes confusiones y susceptibilidades extremas, decir “mujer tienes que cuidarte”, es una aberración políticamente incorrecta.

Se puede observar además, que es un feminismo tirano que se construye con mentiras. Afirmar que existe una brecha salarial en donde las mujeres ganan menos que los hombres por igual trabajo y tiempo, como sucedía en los antepasados, es uno de los mitos difundidos por estas guerreras de tercera ola. A veces tengo la sensación de que se quedaron por aquellos tiempos del siglo 19, describiendo a un patriarcado que ya no existe como tal y negando las muchas batallas ganadas en buena ley por el verdadero feminismo, una de éstas la brecha salarial. Sí es verdad que en promedio terminamos ganando menos, pero no por discriminación machista, sino debido a otras causas. Por lo general es la mujer quien se toma más licencias. En una familia, en la gran mayoría de los casos, es ella quien prefiere quedarse al cuidado de un hijo enfermo. Otra mentira es sentenciar que los puestos de gerencias o jefaturas, son reservados para los hombres debido a un sistema empresarial machista. Es la propia mujer la que los rechaza. Una de las razones es que prioriza el tiempo dedicado a los hijos, y desempeñarse en esos puestos requiere mayor carga horaria. También se debe a que las mujeres tenemos tendencia a elegir carreras basadas en nuestros gustos personales, como psicología, pedagogía, profesorados, enfermería, etcétera, y los hombres se vuelcan más por las que les reditúe mayores ingresos económicos.

Estoy convencida de que este feminismo no mejora las relaciones, al contrario es destructivo. Basta con ver los resultados. Sus acciones han fracasado en su principal objetivo de frenar la violencia hacia la mujer, y parece no darse cuenta. Esta manía de despreciar al hombre, criminalizarlo por todo sólo por el mero hecho de serlo y definirlo como un villano, lo vuelve más violento. He escuchado decir a muchas feministas de manera victoriosa: “llegó el momento en que los hombres nos tengan miedo, así saben lo que se siente”. Y nada bueno puede surgir de un hombre con miedo e inseguro. Hay una teoría que explica que del miedo surge el deseo de dominación sobre el otro, para sentirse poderoso. La agresividad de algunos hombres no es más que el miedo transformado en violencia.

Quizá sea tiempo de reflexionar en las maneras y en cambiar de métodos, en culpar y odiar menos. Basta de toda esta locura, de tanta mentira y violencia. Necesitamos de un feminismo serio, que se encamine con el objetivo de orientar los cambios hacia una sociedad verdaderamente humana.

Temas
  • Feminismo
  • Polémica
  • Feminazi