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El sexto sentido, el del humor

Adrián Monetti nos relata, según su punto de vista, que es el humor y cuáles pueden ser sus tendencias.
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El Mendolotudo

El sexto sentido, el del humor

El sexto sentido, el del humor

 "A fin de cuentas, todo es un chiste."
Charles Chaplin

Arístides y Boulogne Sur Mer; la cancha de la Lepra. Jugaban el local con un equipo que no me acuerdo por más que busque en la memoria. Era la primera fecha de un Torneo Argentino así que habían traído varios refuerzos, entre ellos un moreno centroamericano, ponderado como un cinco muy eficaz, elegante y repartidor de pelotas en el medio del campo. Un lujo.

El partido comenzó y en la primera jugada el nuevo número cinco de la Lepra iba a trabar una pelota. Entonces, entre el bullicio ensordecedor de la cancha, se escucha un crujido que todavía me impresiona, como cuando se quiebra un hueso de pollo pero amplificado mil veces. Silencio absoluto, solo se escuchaban los llantos del moreno. Los jugadores propios y contrarios dieron vuelta la cara ante la visión atroz de la fractura expuesta de tibia y peroné. El pobre hombre era una endecha de gritos y ayes. El cuerpo médico lo subió a la camilla y se lo llevó entre el mutismo del público. Entonces, en el medio del silencio desierto, se escuchó una voz aguardentosa desde la propia hinchada de la Lepra que gritó: Negro descalcificado hijo de puta. Inmediatamente todo el estadio, sí todo, estalló en una carcajada. Lo espontáneo en el humor, un segundo electrizante en donde un cerebro procesa una situación y transforma los datos recibidos en un comentario gracioso. Sin embargo...¿Qué es lo gracioso, cómo se limita, se define? Entran en juegos los valores culturales, los religiosos, los prejuicios, la inteligencia. Lo que es trágico se vuelve cómico, lo que es sagrado se convierte en burla. Una lágrima puede ser una sonrisa.

El sentido del humor, según mi mirada, puede tener dos tendencias. Por una parte el espontáneo, como el del malogrado cinco de Independiente o como la creación de apodos, de estos el ejemplo que se me viene a la memoria es el del Carlitos Laporla. El Carlitos era esmirriado, flaquito, de pelo crespo y dientes que desafiaban a los labios a ver quién sobresalía más. Su madre, la Tota, era la peluquera del barrio; pequeñita y gordita, dueña de unos senos exuberantes, gigantes; siempre recuerdo con ternura cuando me rapaba y le miraba el escote por los infinitos espejos. Tetas hipnóticas para un niño de nueve años. Una tarde estábamos jugando al fútbol frente a la casa del Carlitos y, como todas las casas de Luzuriaga de esa época, estaba en construcción. Era un verano ardiente y jugábamos sudorosos, indiferentes al fuego que nos rodeaba. Entonces empezó a llover sin previo aviso. Unas gotas generosas, gruesas caían cuando la Tota salió de la casa gritándole enloquecida al Carlitos, que estaba de arquero: ¡Carlitos, la porla, se nos moja la porla! Mientras los senos se le bamboleaban bajo el agua. Carlitos miró a su madre sin saber qué hacer, pero ya era tarde para las bolsas de cemento Port Land, que habían quedado inutilizables y para él que quedó estigmatizado hasta hoy con el mote de Carlitos Laporla.

Por otra parte está el humor pensado a priori. Éste requiere de una persona que sepa qué mecanismo activar para generar el humor, qué códigos manejar, qué puede resultar según el público elegido. Los temas van variando: políticos, religiosos, subidos de tono, etc. La mayoría políticamente correctos, aceptados, a pesar de que generen diferencias. Por ejemplo, uno político: Che...¿Sabías que encontraron las manos de Perón?, el otro contesta ¿y adónde estaban? Adentro de una lata. Este pequeño chiste no ofende a nadie, y hasta quizás genere una sonrisa en el más peronista de Perón.

Existe también otra clase de humor: el rabioso, el incisivo, el iconoclasta, el que necesita a la libertad de expresión para subsistir y propagarse, porque de otra forma caería en la clandestinidad. Todavía está latente el atentado terrorista a la revista Charlie Hebdo, la masacre en ella realizada. Por una caricatura mataron a once personas. Yo no creo que Mahoma se enojara ¿Qué sabían los fundamentalistas si se iba a enojar? ¿No serían sus propios prejuicios los que los llevaron a pensar eso? A lo sumo Mahoma se hubiera reído entre dientes porque él, como Jesús, Buda y demás seres de Luz, cuya comprensión de las cosas humanas va más allá de las sandeces que podamos decir, ve solo la verdadera intención que es decir una zoncera con ínfulas de ser graciosa. Sinceramente no creo que La Virgen, Nuestra Señora, se ofenda con que uno diga que estaba Ella y San Pedro en una nube, tomando mate y comiendo pastelitos, departiendo amablemente, mientras que en la Tierra choca un camión frigorífico lleno de chorizos y morcillas. Por esas cuestiones desconocidas de la física y la aerodinámica un chorizo sale volando más que los otros y llega hasta la nube, pasando junto a Ella. Entonces San Pedro le dice a María: Señora, Señora ¿Qué es eso? A lo que Nuestra Señora contesta: No sé, pero se parece mucho al Espíritu Santo.

Existe el fundamentalismo rabioso y asesino como respuesta, cuando la religión ha cometido actos infinitamente peores. El humor es solo palabras ingeniosas o no, que pueden hacer reír o no. No son ametralladoras ni bombas atómicas, no son niños con hambre o mujeres golpeadas. Son palabras. No generan violencia por sí mismas cuando se es lo suficientemente capaz para saber discernir entre una ofensa real y una observación aguda.

Al fin y al cabo todo es un chiste. Y si a alguien no le gustaron estas palabras, que consulte con mi abogada, la que tengo acá colgada.