5 mitos que nos perturbaron de chico

El Ingeniero Conep nos cuenta algunas cosas que de chico creíamos que eran realmente ciertas y nos quitaban el sueño.

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Todos, a lo largo de la infancia, tendemos que convivir con fantasmas internos que se nos inculcan sin saber realmente porqué.

Esos fantasmas son producto de una incertidumbre, miedo y hasta dudas internar si realmente esas cosas que nos cuentan nuestros padres son realmente ciertas. Debido a nuestras escasas primaveras en esta vida terrenal, no nos queda otra que vivir con esa inseguridad de saber realmente si puede o no pasar.

¿De qué cornos está escribiendo este tipo? se preguntarán. A continuación se las voy a contar, y les aseguro que de una u otra forma me darán la razón de cómo los adultos se aprovechaban de nuestra poca sapiencia a tan corta edad.

Mito número 1: “No te metas al agua después de comer que se te van a reventar las tripas”

Decirle a un niño que se le pueden reventar las tripas es realmente asqueroso. Nos imaginamos una panza abierta con todos nuestros intestinos afuera y sangre alrededor de la pileta.

Está claro que eso jamás iba a pasar. Pero… ¿y si pasaba? No había chance de especular. Este mito se desasna en ese primer momento en el que tomamos coraje y nos dimos un chapuzón justo después de comer un pancho en el cumpleaños veraniego de algún amigo.

Las causas u orígenes de esto calculo que puede ser la siguiente: “Este pendejo pretende que esté mirándolo en la pileta para que no se ahogue y con el camión de entrañas a la parrilla que me acabo de comer, tengo más ganas de dormir la siesta que de cuidar su integridad física.”

Mito número 2: “No reciban figuritas que regalan fuera del colegio porque traen drogas”

Que ingenuo por Dios. Yo miraba como mis compañeritos se agolpaban en esa especie de promotores de “Air Mokeys” y llenaban sus álbumes mientras yo, desde un costado, estaba atento al primer desmayado por alguna sustancia tóxica que pudieran llegar a tener adentro.

Para mí que esto empezó por una cuestión de orgullo de nuestros padres. “Si mi hijo no puede comprar figuritas con mi plata, entonces no tendrá nada.”

Mito número 3: “No salgas a jugar a la hora de la siesta porque te va a robar una gitana”

Todos sabemos que el mejor momento para jugar, mandarnos cagadas, meternos en casas abandonadas y tirarnos en las veredas a jugar al mosquito con un mazo de cartas, era la hora de la siesta. Claro está que nuestros padres impedían eso.

¿Alguien vio alguna vez una gitana agarrando a un pendejo cual bolsa de papas y llevárselo a su carpón?

Calculo que todo esto nace de los gritos y quilombos que hacíamos a la hora de la siesta y claramente a nuestros padres eso les jodía. Entonces en una reunión al estilo “de consorcio” se preguntaron: “¿Alguien conoce a algún gitano?”. Al no obtener una respuesta positiva decidieron alegar que ellos robaban niños.

Mito número 4: “Si no continúas esta cadena, en 5 días se muere toda tu familia”

Tenía 8 años cuando leí por primera vez algo así. Más allá que esto no lo inculcaron los padres, si lo hicieron adultos con demasiado tiempo libre.

Recuerdo que fue una carta, escrita a puño y letra que pasó por debajo de la puerta. La abrí y leí algo como que si no copiaba 10 veces a mano ese texto y lo repartía entre vecinos, nos sacaban la casa, nos quedábamos pelados, se moría el perro. Pero ojo, si lo hacía nos podíamos volver millonario. Todo esto corroborado por Elizabeth Tompson de Texas, quien si se hizo rica. O Richard Adams, quien se le quemó la casa justo después de hacer caso omiso a esto. El riesgo era muy grande, así que lo hice.

¿Qué hice mal? En vez de dejárselas por debajo de la puerta a mis vecinos, les toqué el timbre y se las di en mano. No terminé de dar la vuelta a la manzana cuando mi vieja me agarró del brazo y al grito de “encima de hereje, boludo” me metió a mi cuarto.

Mito número 5: “La Coca Cola tiene cocaína”

Esto surgió en mi curso de 3er grado, en donde uno de los chicos empezó el rumor. Y más allá de lo cierto o incierto, todos sospechábamos ante los concisos argumentos que se planteaban como por ejemplo:

– ¿O no que cuando empezás a tomar querés más y más? COMO LA COCAÍNA

– ¿Por qué te creés que se llama COCA COLA? POR LA COCAÍNA

– ¿Por qué te creés que es negra? POR LA COCAÍNA (en esa época no teníamos Google y el color de esta droga quedaba a nuestra libre imaginación)

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