La verdulería

La verdulería

Una escena cotidiana en una verdulería de barrio se ve sumida en un extraño diálogo que roza lo sexual... o no lo roza, sino que se ahonda.

Mendoza Escribe

Todo pasa por la inteligencia. Sin seres inteligentes no hay seducción. La hermosura que se puede encontrar en un cuerpo tiene que ver con una forma de percibirlo, y eso ya es pensamiento

Milo Manara

 

 

Escena 1- Interior-día-Verdulería

 

La imagen está en negro, funde con la escena

Estamos en una verdulería de barrio, con los cajones con verduras acomodados uno sobre otros, con un mostrador rojo de madera ajada y una balanza romana.

De una vieja radio Spica se escucha el tango “Nostalgias”.

Detrás del mostrador está Don Corvalán, un hombre de unos cuarenta años, de gran complexión física y piel cetrina.

Está leyendo el diario, a sección de deportes.

Se escucha en off cómo se abre la puerta del local y unos pasos dados con tacos.

Don Corvalán levanta la mirada y mira hacia la puerta.

Ve entrar a Clara, una mujer de unos treinta años, con el pelo teñido de un rubio platinado, voluptuosa, vestida con unas calzas rosadas, una camisa amarilla muy escotada y unos zapatos con tacos dorados.

 

-Clara-

¡Buen día, Don Corvalán! ¿Cómo dice qué está?

 

Don Corvalán la mira de arriba a bajo, antes de contestar con voz impostada, tratando de ser seductor. Su mirada se centra en el escote de la mujer.

 

-Don Corvalán-

No tan bien como está usted, Clara

 

Clara sonríe, saca un poco la punta de su lengua y se relame los labios, le habla en un susurro.

 

-Clara-

¿Cómo tiene la berenjena?

 

Don Corvalán se pasa la mano por el pelo y le contesta

 

-Don Corvalán-

Negra, grande y lustrosa

 

-Clara-

¿Muy grande?

-Don Corvalán-

Y…no es para decir ah, qué grande, pero se defiende…Usted podría poner el escabeche y yo pongo la berenjena…

 

Clara mira hacía el suelo, con picardía, le retruca.

 

-Clara-

¿Y los huevos? ¿A cuanto tiene los huevos Don Corvalán?

 

-Don Corvalán-

A un metro del suelo.

 

Los dos ríen a carcajadas.

Don Corvalán le mira los pechos indisimuladamente.

 

-Don Corvalán-

Qué lindos tiene los pomelos.

 

Al escuchar esto Clara ríe y se tapa un poco el escote.

 

-Don Corvalán-

Es que el otro día pasé por su casa y vi el árbol de pomelos que tiene en el patio.

 

-Clara-

Es que me estoy poniendo una huertita, pero no me crecen las hortalizas.

 

-Don Corvalán-

Si quiere yo la ayudo y le entierro la batata.

 

-Clara-

Ay si, dele, lo que pasa es que mi marido no me ayuda en nada.

 

-Don Corvalán-

El se lo pierde ¿Y coliflor?..¿Tiene coliflor?

 

Clara se mete el dedo índice en la boca y le contesta en un murmullo.

 

-Clara-

Si, si tengo, cerradito y jugoso está…¿Y las frutas?...¿Están caras?

 

-Don Corvalán-

 

Tengo la banana en oferta, está grande y madura…Un primor

 

Don Corvalán se acerca a Clara, se detiene a pocos centímetros de la mujer, le habla en un murmullo, con los ojos brillantes.

 

-Don Corvalán-

Si quiere pasamos para atrás y le muestro la bergamota.

 

Clara sonríe y se acerca a Don Corvalán, parece que lo va a besar, entonces se da vuelta raudamente y se va rumbo a la puerta mientras le habla.

 

-Clara-

Disculpe Don Corvalán, me tengo que ir…Tengo que ir a la carnicería para ver como tiene el chorizo Don Gómez.

 

Clara se va ante la mirada estupefacta de Don Corvalán, el verdulero se queda ahí mirando a la nada. Se nota que tiene una erección.

Se rasca la cabeza y duce para si mismo.

 

-Don Corvalán-

Encima no me compró nada.

 

La imagen funde a un cuadro en negro, aparece la palabra Fin en letras blancas.

FIN

Escrito por el Dr. Ácido

 

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