Mentiras piadosas

Mentiras piadosas

Escuchando al gran Joaquín hoy me inspiré para escribir sobre esas pequeñas faltas a la verdad que decimos por miedo a herir los sentimientos ajenos.

Mendoza Escribe

Escuchando al gran Joaquín hoy me inspiré para escribir sobre esas pequeñas faltas a la verdad que decimos por miedo a herir los sentimientos ajenos.

Frase típica después del polvo: “nunca nadie me ha hecho sentir como vos o su genérico vos has sido el mejor”.

Estas fuleras palabras que pronunciamos de pura lástima, sabiendo que has malgastado los últimos diez minutos de tu vida en ser la muñeca inflable del pobre galgo cansado que tenés  al lado tuyo, realzan la hombría del macho que hemos satisfecho con la ilusión de que en la segunda vuelta, si es que la hay, alcancemos a verle aunque sea la barba a Cristo. Pero aquí es donde estamos equivocadas, no hay cosa que los incentive más a nuestros compañeros de telo que demostrarles que han tenido una performance comparable con la del conejito pipón.

Frase típica de local de ropa: “pero si te queda pintado”.

Esta frase que puede ser dirigida ya sea a tu amiga, compañera o hasta la insoportable indecisa que está ocupando el probador,  es el último recurso que te queda una vez de que intentaste hacerle entender sutilmente a la otra mujer que lo que tiene puesto le queda peor que una tanga a la Tota Santillán, pero ya estás tan cansada de malgastar tu preciado tiempo que la sinceridad se  esconde bajo esas incontrolables  ganas de irte a la mierda. Y acá queridas,  también estamos equivocadas, porque cuando tu amiga hace la elección equivocada, todo ese tiempo que ahorraste en que no se probara dos prendas más se convierte en las eternas preguntas ¿pero me queda bien?; ¿segura que no me hace gorda?; ¿vos decís que va con los zapatos? Y es ahí donde debemos seguir mintiendo ganándonos de a poco el infierno.

Frase típica cuando un amigo/a te presenta a su novia/o: “ahhh no, me cae super bien”.

Acá es cuando toda nuestra sanata sale a la luz con tal de ver a tu amigo/a feliz. Siempre resulta ser que la nueva adquisición está llena de defectos; “hueca, celosa, agrandada, nena de papá, gorda, flaca, fea, gato” y así podría seguir enumerando infinidad de adjetivos que se nos vienen todos juntos a la cabeza con sólo verlos llegar de la mano. Pero ponemos la mejor cara de moneda de cinco pesos con tal de que nuestros verdaderos pensamientos no salgan a flote como pedo de buceador. Y si acá también erramos, porque siempre de alguna u otra manera  dejamos notar que el nuevo juguete de tu amigo/a te cae más pesado que sopa de chancho.

Frase típica cuando tu amiga te cuenta sobre su facultad: “ahh pero que interesante, a veeer mostrameeee”.

Cuando en realidad lo que querés es que acabe de una vez por toda esa torturante conversación sobre los lindos trabajitos de colores, proyectos, materias, tesis, etc. que lo único que hacen es que pensés en todo lo que tenés que terminar cuando llegues a tu casa. Pero cómo vas a expresar todo ese odio que se te genera adentro, si le vez la carita de emoticón a tu amiga contándote entusiasmadísima sobre como su compañera se sacó una nota mejor. Y sin embargo cuando llega el final del día nos damos cuenta que nos hemos bajado dos termos de mates y ni siquiera le hemos comido el cuero al 10% del pueblo, ¿y todo porque? Por no quedar como la forrita que no le interesa la verdadera vida de su compañera de parrandas.

Frase típica cuando vemos un bebé: “pero que lindo gordito”.

Y es así, esa gran falacia de que todos los bebés son lindos ha nacido en nuestra sociedad basada en que el pobre niño no tiene la culpa de haber sacado la gigantezca nariz del padre o las insulsas facciones heredadas de la madre. Y todos nos resguardamos bajo el manto de…”ya vas a ver cuando sea grande” pero ¿cuáles son las probabilidades que le cambie el formato de la nariz en 15 añitos? Y encima expresamos esas trilladas frases de “es igual a su papá” mientras pensamos por dentro “pobre niñito, lo que le va a costar debutar sino es con una puta”. Pero esta si es una mentira piadosa y necesaria sino querés quedar como Cruela de Vil ante esta sociedad misericordiosa.

Frase típica del regalo: “hay qué lindo, muchísimas gracias”.

Cuando en realidad estamos pensando “este no me conoce nada” “cuantas veces habré dicho que el color verde no me gusta” “me trajo lo más feo del giftshop”. Y así podría seguir transcribiendo esas verdades que no podemos decir porque “por lo menos hizo el esfuerzo y te trajo algo” pero ya que hacen todo ese esfuerzo… ¿no pueden comprar algo, que aunque no fuera lo que queríamos lo pudiéramos usar?

En definitiva si por cada una de estas mentirillas piadosas tuviéramos un paso más dentro del infierno, no habría lugar para los asesinos, ladrones, violadores y todos esos verdaderos pecadores.

Escrito por Dale Alegría

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