Pequeño informe sobre los insultos

Pequeño informe sobre los insultos

Adrián Monetti nos deja un espectacular ensayo sobre esas palabritas que tanto usamos: los insultos

Adrian Monetti

“Pedicabo ego vos et irrumabo…”
Primera línea de Carmen 16, de Cayo Valerio Catulo (siglo I a C)

Injuria, qué hermosa palabra; no solo por su significante y significados (una puteada y sus adornos) sino también por su cadencia y musicalidad. Los insultos son un reflejo de la creatividad, posibilidades lingüísticas, historia y cultura de un pueblo. Representan una válvula de escape para la tensión por la que pasamos; al insultar descargamos nuestro enojo, impotencia o dolor. Se podría decir que el improperio cumple también una función catártica en el ser humano.

Durante el transcurso de la Historia de la Humanidad, los insultos nos acompañaron en nuestra evolución. Quizás la primera palabra dicha, bajo el concepto de generación espontánea de un idioma, haya sido un insulto. Un homínido descubre que el fuego que dejó un rayo caído le puede servir para calentarse en las frías noches, entonces al intentar manipularlo se quema y dice: La puta madre qué lo recontraremilreparió. Con fonemas guturales y balbuceos prehistóricos trasmitió así su desazón dándole un marco y un sentido a la ira. De ahí en más todo fue un camino liso y llano para los denuestos.

En este punto se hace necesario aclarar que no siempre hemos insultado con las mismas palabras, es decir que una expresión que era ofensiva en el siglo XV ahora puede ya no serlo, ya que las lenguas son entidades vivas: se transforman a lo largo del tiempo. Por ejemplo, antes se le decía un truhán a la persona que no tiene vergüenza y que vive engañando y estafando a los demás, ahora es un garca o la cara de la pija. No está de más decir que lo sustancial se mantiene, aunque se haya perdido la elegancia.

En cualquier evento que se realice los insultos se hacen presentes y protagonistas, por ejemplo en el arte. En su ensayo “El arte de injuriar”, que cierra Historia de la Eternidad, Jorge Luis Borges comenta magistralmente a diferentes autores, definiciones y demás bellezas respecto de los insultos, como por ejemplo, y cito: En la noche 146 del Libro de las mil y una noches, pueden aprender los discretos que el hijo del león fue encerrado en un cofre sin salida por el hijo de Adán, que lo reprendió de este modo: El destino te ha derribado y no te pondrá de pie la cautela, oh perro del desierto.Sabiendo que para el Islam el perro es un animal impuro entendemos la índole y catadura del oprobio que se profirió.

En la actualidad, de cierta manera, existe una serie de categorías en base a las características del escarnio. A continuación veremos algunas de ellas.

-Tenemos a los insultos establecidos socialmente, la puta que te parió, la concha de tu madre son paradigmas de ello.

-Los insultos sentenciosos, que guardan una información definitoria. Es el caso del puto viejo, que es diferente del viejo puto. El primero es una especie de adalid, de gurú, por su sapiencia y experiencia, en síntesis su sabiduría. El segundo es una mera descripción.

-Los racistas, y uno de los más deplorables según mi opinión, referidos a la pertenencia a una raza como algo bajo o infame. En este caso usaremos boliviano, con sus variantes: negro como codo de boliviano y demás. Hay que recordar que estos solo son usados por personas obtusas de mente.

-Los religiosos, generalmente dichos por ateos e iconoclastas, buscan ofender creencias. La concha de la Virgen, me cago en Dios, etcétera.

–Los no convencionales, que tienen un cierto toque de creatividad en su estructura, con un significado desopilante: Hijo de un vagón cargado de putas, o la concha del pato.

-Los referidos a la sexualidad que intentan defenestrar en base a la ignorancia y la necedad, tanto como los racistas. Los ya famosos culo roto o tortillera entre otros.

También existen en base al aspecto físico, por la inteligencia o generados por la ira además una variedad cuasi infinita de vituperios.

Los insultos tienen la elegancia que nosotros les permitamos tener, una vez es certero pero la iteración de los mismos pierde gracia. Es decir que la puteada por la puteada misma no tiene una razón válida de ser. Su efectividad está, a mi parecer, en su uso justiciero y revolucionario, lo demás es solo procacidad gratis o lo sumo fiada.

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