¿Para quienes nos vestimos realmente las mujeres?

¿Para quienes nos vestimos realmente las mujeres?

La Dra. Lí nos deja un informe psicológico sobre la verdad acerca de la moda y los hombres

Dra. Lí

Las mujeres somos grandes consumidoras de zapatos, carteras y ropa de todo tipo. Cada una con su estilo, a veces deportivo, a veces conservador, otras veces excéntrico, hippón (si se me permite la expresión), místico con vestidos largos, o romántico, con vuelitos y broderie. En las que disponen de más recursos, se agrega cada temporada una considerable cantidad de prendas recién salidas de la imaginación de los diseñadores.

Pero no nos detenemos ahí: también consumimos cremas, cremitas, exfoliantes, astringentes, pomadas, base, rouge, sombras, delineador, corrector, máscara, tintura, baño de crema, shampoo, crema para peinar, extensiones, reflejos, ruleros, planchita, CERA depilatoria, maquinita, láser, electrodos, manicure, y mil huevadas más que me cansé de enumerar.

O sea: la mujer invierte mucho de su ingreso en su “belleza”. Para estar más lindas.

Pero, ¿qué dicen los varones del tema? La mayoría dice cosas como: “uhhhh para qué tanto arreglo si al final siempre se ve igual”, “vuelve de la peluquería y pregunta qué tal está y le tengo que mentir, porque yo ni me di cuenta del cambio”, “para qué quiere un vestido nuevo, yo con un traje me arreglo para todo”, “¿cuántos pares de zapatos necesita?”; a lo que otros ingenuos contestan: “Es por las otras minas que se visten, porque entre ellas se miran de arriba abajo y se viven criticando la ropa, y si tienen el mismo vestido la matan después”, “sí, qué boludas las minas, se hacen las amigas y por detrás se dan con todo”, “claro, pero la plata me la gasto yo” dice un tercero, aunque ella gane más que él.

Eso es lo que se rumorea entre los muchachos, y claro, es alentado por las novias y/o esposas. Pero si dejamos un segundo dicho pensamiento de lado y nos dedicamos a contemplar la realidad, sinceramente, objetivamente, vamos a ver la realidad.

Es muy ingenuo pensar que la mujer se viste para las otras mujeres. Al hombre las cosas le entran por marketing, si le hacen el verso adecuado comprará un elefante para que le pode los árboles o invertirá todos sus ahorros en una máquina de hacer popó. Las mujeres vivas lo saben y conocen todos los trucos para venderles gato por liebre. La más vaga puede representarles el papel de cenicienta, la más egoísta el de la Madre Teresa, y la menos agraciada por la madre Naturaleza les hace una femme fatal con sólo tres horas diarias de producción.

Miles de veces vi, en mi constante compulsión por observar el comportamiento de las personas, a grupos de amigos volverse locos por un jean ajustado aunque no marque buenas curvas, e ignorar olímpicamente a una chica en pantalones viejitos y sueltos con mucha mejor cola. Una mujer sin maquillaje, a menos que sea la única en dos cuadras a la redonda, pasa totalmente por debajo del radar masculino.

Otra constante: en un boliche, serán cientos los tipos que se acercarán a la chica de espaldas con un largo cabello rubio y lacio, mini y botas; y al darse vuelta descubrirán a una morocha arrepentida de cejas negras y cutis poceado. Pasarán los siguientes 30 minutos imaginando una excusa para irse. Pero volverán a sacar a bailar a la próxima “rubia”  o mini que vean. ¡No falla! Es el marketing que no falla, no importa qué vendo sino cómo lo vendo.

Una tarde cualquiera en el parque alrededor del lago, no es probable que vean a muchachos persiguiendo a la de jogging, no señor, van a perseguir a la de calcitas y remera “dry fit” aunque vaya empujando un coche con mellizos.

A ver, si todas viviéramos en una isla desierta y tuviéramos descendencia por clonación, ¿ustedes piensan que por un momento la mujer se detendría a levantar la cola con ejercicio, depilarse, pintarse, o ver qué zapatos me hacen más alta y qué se usa? Nooo señores, nos pasaríamos panza arriba comiendo chocolate, jugando algún juego o charlando sin ningún tipo de reparamiento acerca de cómo nos vemos.

Cualquier mujer sabe que un pelo largo  brillante y ropa sugerente Y A LA MODA (porque no he visto a nadie babearse con chicas vestidas de cinco temporadas atrás) son letreros luminosos para los tipos. Pero no todas tenemos como prioridad en la vida quitarle 2 horas diarias al descanso y el 40% de nuestros ingresos para ser un  letrero.

Última cosa: las mujeres miramos a otras mujeres, pero para aprender de ellas si nos gusta su look, las miramos de arriba abajo para ver detalle por detalle y tomar los tips que nos vendrían bien. También podemos mirarla para criticarlas, más vale, gente envidiosa y dañina hay en todos lados. O quizá confunde “linda” con “reventada”, y como es una jugada sucia para el resto, obviamente despierta mala onda entre el resto de las féminas. ¿Jugada sucia porque las mujeres vamos a envidiar que está más linda? ¿Más a la moda? ¿Más amatambrada? ¡No, manga de ilusos! ¡Porque va a atraer más miradas MASCULINAS que nosotras! A riesgo de quedar desnuda en cualquier momento…

En conclusión: es probable que su mujer admita que  se viste para otras mujeres o porque “le gusta”. Le gusta que la miren, le gusta ser agradable y gustar a los demás hombres. Eso no quiere decir que ande buscando acción ni levantarse a nadie en particular, sólo quiere seguir sintiendo que es linda y deseable; ya que seguramente usted es bastante grosero babeándose con las chicas que salen en la tele con la ropa que después ella va a intentar comprarse. Entonces mientras usted mira a otra, otro va a estar mirando a su mujer. ¡AGUÁNTESELA! Sería mucho pedir que no se deje engañar por la cáscara y que nos vean por cómo somos y no por cómo nos vemos… Al fin y al cabo, quizá no nos convenga tanto.

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