No invites a nadie a casa

No invites a nadie a casa

Dos hermanas gemelas, en un cumpleaños, se hacen amigas de una niña y la invitan a dormir a su casa... pero habrá algo oscuro detrás de tan inocente oferta.

Mendoza Escribe

Mi nombre es Analía, soy viuda, tengo dos niñas gemelas de 6 años, hace tiempo fuimos a una fiesta que hizo una vecina, ella vive cruzando la calle del cementerio. En la fiesta mis hijas anduvieron felices, jugando con otras niñas e hicieron amigas nuevas, al terminar una de ellas me pidió, mientras la otra asentía.

—Mamá, ¿puede ir a quedarse a dormir mi amiguita nueva?

— Sí —le respondí—. ¡No hay problema!

Salieron corriendo a seguir jugando y momentos antes de irnos de la fiesta una me gritó.

—¡Ya invitamos a nuestra amiga, y dijo que sí, que va a dormir a casa con nosotras!

—¿Y dónde está la niña? —pregunté.

— Va a ir más tarde.

Así quedó y nos fuimos a casa. A media noche las escuché entre risas, me levanté, me dirigí a su cuarto y estaban despiertas. Las regañé y pedí que se durmieran. Así empezaron a ser las noches, ellas despiertas y yo regañándolas.

Un viernes las escuché igual y pensé, “voy a dejar que sigan jugando, total mañana no hay clases”. En la mañana, cuando estábamos desayunando, les pregunté.

—¿Se han divertido jugando hasta la madrugada?

— ¡Sí! La niña nos hace reír mucho — respondieron. Me quedé asombrada y pregunté.

—¿Cuál niña?

—¡La niña de la fiesta, mamá! ¿No te acordás que la invitamos a dormir? —me respondió Paula, una de mis hijas. Sentí un escalofrío y me quedé atónita por un momento, pero no le di mucha importancia.

En la noche lo mismo, risas de las niñas, pero ésta vez decidí escuchar tras la puerta. Cuando las oí hablar con alguien más fue tanta mi curiosidad que decidí seguir escuchando detrás de la puerta. Entonces Paula comenzó a llorar, empujé la puerta, estaban las dos sentadas en medio del cuarto y pregunté:

—¿Por qué lloras amor, que pasó?

—¡La niña me tironeó fuerte porque ya quiero que se vaya, mamá! —me respondió.

Aterrada, solo pude decirles que se durmieran. Al día siguiente, en la comida, les recuerdo lo sucedido en la noche, y creyendo  que era pura imaginación de ellas, les comenté con tono burlón:

—¿Y la niña ya se fue a su casa ? ¿No se quedó a comer?

—¡No quiere irse, mamá! —me respondió una de ellas—. Ya no la queremos acá. Nos empuja cuando se enoja y siempre quiere jugar y no nos deja dormir.

No supe qué decir, estaba aterrada y deseaba que fuera producto de su imaginación.

Esa noche escuché un ruido extraño, me levanté, abrí la puerta de su cuarto y estaba todo apagado, me acerqué a la cama a darles un beso, cuando veo a una niña sentada en la cama de arriba balanceando su piecito de un lado a otro.

—Acostate, mañana hay escuela —le dije pensando que era mi hija, pero al agacharme a darle un beso a mi otra hija que dormía en la cama de abajo, mi sorpresa fue de terror. ¡¡¡Mis dos hijas que estaban dormidas juntas!!!

Me quedé paralizada, no quería mirar hacia arriba, si mis dos hijas estaban dormidas juntas, ¿quién era la niña que estaba arriba? Poco a poco decidí levantarme y mirar otra vez, pero ya no había nadie. Me fui a mi cuarto, pero no podía dormir, no podía dejar de pensar en esa situación, me dio mucho miedo. Cansada me dormí, cuando entre sueños escuché la voz de una niña que me decía:

—¿Me puedo acostar con vos, por favor?

— Sí —le respondí y levanté la frazada. Sentí que se acostó a mi lado, al abrazarla la sentí fría pero no abrí los ojos, estaba más dormida que despierta cuando me dice:

— ¿Querés ser mi mamá?

— Soy tu mamá, dormite —respondí entre sueños.

Al día siguiente una de mis hijas trajo unos rasguños en sus brazos y la vi triste.

—¿Qué está pasando? —le pregunté.

— Tenemos miedo y la niña no nos quiere en la casa, dice que no quiere compartir a su mamá.

Nuevamente me invadió el terror, no supe que decir ni cómo actuar, pues estaban sucediendo cosas raras. Mis hijas cambiaron mucho, ya no quieren dormir en su cuarto, lloran durante las noches y me piden que nos cambiemos de casa.

Hoy en día estamos quedándonos con mi mamá que vive a una cuadra, le doy vueltas a mi casa y de repente se escucha a la niña jugando en el cuarto de mis hijas o llorando. Una vecina me preguntó si mi mamá solo me cuidaba a una de mis hijas, que por qué dejaba tanto tiempo a la otra niña sola, porque la había visto asomándose por la ventana.

Escrito por Ana Guerrero para la sección:

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