Cuando la imaginación se vuelve mi mejor realidad: El encuentro

Cuando la imaginación se vuelve mi mejor realidad: El encuentro

Ayer nos quedamos todos duros con el relato de Betty Boop... ahora viene el desenlace.

Betty Boop

Llegó el bendito día lunes. Todos odiamos el día lunes por costumbre, pero a este había que sumarle que mis vacaciones aburridas y sola continuaban su rumbo. Levantarse a las 14, desayunar café y cigarrillos, sentarte a mirar por la ventana, ¿qué tenia de nuevo este día? Sí, más personas que salen de vacaciones. Mi vecina de enfrente con su bello marido y sus dos bestias de niños. Había que ser abogada o psicóloga en la vida. Pero, ¿qué ven mis ojos? Ah, ¿él no se iba?, ¿se iría ella sola con esos monstruos sola?, ¿él no se va?, ¡Él no se va! Y ¿por qué tanto alboroto? si, o sea, es tu vecino, el marido de la de enfrente, esa forra con tetas caídas y una voz de pito infernal que todos los días a las 21 grita “¡llegá a la hora que quieras, total a los pendejos los tuve sola!”. Si tuviese un marido así, nunca le gritaría, le cocinaría todos los días manjares, iría al gimnasio, a la cama solar, a la peluquería, todo para ser una diosa y… ¡bue! Seguimos con la pelotudez. Lo veo despedirse y meterse a su casa.

Me siento a ver tele. Como era de esperarse, nada para ver, hasta los productores estaban de vacaciones y solo se limitaban a dejar grabaciones con novelas de hace 7 años y los Simpson. Me da gula gracias a mi amigo el aburrimiento y decido ir al súper de la esquina a buscar algo para comer. Me pongo los shorts de jean, la musculosa negra, las ojotitas, me hago una cola en el pelo y salgo. Llego al súper, agarro un canastito (mucho no voy a llevar, vivo sola) y empiezo: yogur, casancrem light, leche descremada, galletas de salvado, mermelada dietética, danet, dulce de leche, hamburguesas, helado (bendito es para las películas románticas). La mezcla es para cuidarme cuando estoy de humor y para matarme cuando estoy depre.

En la góndola de los snacks, buscando como estúpida los benditos palitos sabor queso, siento un perfume que me desconcierta. Pienso "¡oh my fucking god! ¿Quién está buscando ser atacado ya mismo?" Cuando giro la vista a mi derecha, estaba ahí, tan inmaculado, con una chomba rosa, una bermuda color crema, su peinado despeinado, ojotas blancas y ese perfume con feromonas propias que me estaban volviendo loca.

— Hola vecina.

Me quería morir, estaba totalmente colorada, babeada, despeinada, desarreglada y con ganas de darme un tiro en el medio de la frente, ¡me estaba viendo así! — Hola, ¿cómo va, qué andas haciendo acá? — pregunta estúpida, ¿comprando será?

— Jaja —sonrisa para marcar mi pregunta estúpida — vine a comprar algo de provisiones. Laura se fue con mi cuñada y mis hijos a la costa unos días y yo me tuve que quedar porque me quedaron un par de cosas por hacer y no puedo postergarlas.

— Ahaaa… ¡oh! ¡qué embole! ¡Yo estoy igual, solo que no tengo absolutamente nada para hacer y me estoy pegando unos emboles de dios!

— Mirá vos, podríamos compartir aburrimientos entonces, por ahí podrías ir un día a casa o yo a la tuya y cenar algo, quizás ver unas pelis también, digo, si te parece.

¡¡Yo no lo podía creer!! El rico del marido de la forra de enfrente me estaba proponiendo cenar, a la luz de las velas, con un buen vino, para después ver películas en un sillón abrazados, y… ¡Pará con tu mambo Victoria! Fue una invitación simple y normal, tomala como tal — ¡Dale, me re pinta!

— Bueno, después quedamos para algún día. Te dejo así sigo haciendo las compras. Nos vemos.

— Dale, dale…

Pasaron 3 días después de eso… se acercaba el bendito fin de semana y yo seguía sin nada que hacer. Como me arrepentí de no escuchar a mi vieja cuando me decía "juntá plata, juntá plata…" Ahora estaría en Mar del Plata con mis únicas tres amigas, tostándome el culo al sol y haciéndome exfoliaciones con arena, o lo que sea. Pero había que pagar muchas cuentas, y hubo mucha joda que no se pudo despreciar en el año. Pensé "este flaco me chamuyó como las mejores, yo caí como una tonta". El loco está casado, ni en pedo me iba a invitar a cenar a su casa, menos en este barrio de mierda donde nadie tiene una vida, por ende se dedican a vivir la tuya. Sentada al pedo, me acordé del doctor amor. ¿Y si lo llamo para molestarlo? O al menos para que se conecte y volvamos a tener un ratito de esos. Bueno, le mando un mensaje de texto.

— Hola, soy la chica de tus fantasías, ¿qué estás haciendo ahora?

— Jajaja Hola, sabía que ibas a escribirme. Estoy en casa, solo, pensando que voy a cenar esta noche, y pensando si te gustaría acompañarme.

— Pero, no te he visto jamás en mi vida, no sé nada de vos, no me animo a ir.., perdón si parezco chiquilina.

— No, no pareces eso. Hagamos así, si queres nos juntamos en un café, el que quieras, y si pegamos onda vamos a cenar, ¿te parece?

— Mmmm, puede ser. Dale… Hay un café cerca de mi casa, nos vemos ahí a las 19. — Le mandé la dirección.

— Ok, no te arregles mucho. Algún día las mujeres entenderán que son más hermosas al natural.

— Jajaja ok.

¡Jajaj! ¡¿A qué no?! Vestidos, jeans, blusas, remeras, escotes, sin mangas… ¡qué me pongo! Crisis. Me terminé poniendo una remera blanca con encaje atrás, unos jeans que me apretaban hasta el apellido y unas chatitas simples, pero bonitas. Me planché el pelo, me delineé los ojos por debajo, me pinté las pestañas y ya estaba. No había más para hacer. No había más ropa. No había más plata.

Llego al bar, puntual, entro y.., ¡sorpresa! ¿Qué hacía mi vecino ahí?

— ¡Ey! Otra vez vos...

— Bueno, por lo que puedo ver, parece que estaba esperándote a vos

— ¿A mí? — Qué habla este loco lindo.

— Por cómo estás arreglada, y teniendo en cuenta que es exactamente lo que pedí, debes ser vos

— Jajaja, no se a que te referís.

— Veamos, vos viniste acá a encontrarte con el “doctor amor” a las 19, ¿no?

Silencio de entierro y cara de pocker de mi parte — Sssssi...

— Bueno, aquí estoy. Doctor Suarez, Doctor amor para vos.

— ¡Ay no, me quiero matar! ¡Me muero de vergüenza!

— No veo por qué. Bueno, considerando que ya nos conocemos, podemos obviar la parte del café e ir a prepara la cena

— Jajaja dale, vamos a mi casa.

Llegamos, estoy por abrir la puerta y me agarra por la cintura. Yo temblaba como testigo falso.

— Así imaginé tu espalda — me susurra al oído.

Entré derecho al desayunador, a dejar las cosas y cuando volteo lo tenía a solo 3 pasos mío. Me mira a los ojos.

— No pude dejar de pensar en lo que hablamos el otro día.

— Y yo no entiendo por qué me dijiste que eras separado y resulta que sos el marido de la f… de la de enfrente.

— Si te decía que era casado, ese momento que pasaste no lo hubieses podido pasar

— No con vos.

— No con nadie… ¿Por qué estás tan tensa? Si querés te hago unos masajes.

Y diciendo eso me puso de espaldas a él apoyando mi cintura contra el desayunador y su pelvis contra mi culo. Comenzó a hacerme masajes por los hombros y me dice — de acá puedo ver perfectamente lo que el otro día estaba sin sostén.

— ¿Y te gusta?

Termino de decirle eso y aprieta más su pelvis contra mí y responde — ¿a vos te gusta lo que estás sintiendo?

Giro y poniéndome muy cerca le digo — quisiera sentirlo más, pero vos ya hiciste todo el trabajo el otro día, ahora me toca a mí.

Se hizo para atrás y me dijo — soy todo tuyo.

Lo agarré del cuello y empecé a besarlo, mientras lo llevaba hacia el sillón de dos cuerpos que tengo en mi pequeño living. Lo senté, me senté sobre él y empecé a besarle el cuello, a la par de que le pasaba la punta de mi lengua haciendo líneas. Le desprendía la camisa despacio, mientras seguía con mi lengua juguetona por su pecho. Me salgo de arriba de él, me arrodillo en el piso y lo miro a los ojos mientras le sigo desabrochando la camisa. Él me mira y hace una sonrisa pícara y me dice — siempre te imaginé así, es una linda casualidad que hayas sido vos la que estaba esperando en el bar.

— Vos no te das una idea de lo que puedo hacer — Diciendo esto, desabroche su pantalón y dejé salir lo que estaba pidiendo a gritos ser liberado.

Nuevamente lo miro y pongo mi boca en ese soldado, firme, caliente, seco y listo para ser humedecido. Él respiraba agitado. Me tocaba la cabeza, me acomodaba el pelo. Yo con la otra mano me desabrocho mi pantalón y comienzo a tocarme, a prepararme. En un momento me agarra del pelo, me saca de mi trámite y me dice: no puedo más, necesito que vuelvas a donde empezaste. Así que me paro frente a él, me bajo el pantalón junto con un culotte color rojo y me subo encima.

— Cómo me calienta el color rojo nena...

— Cómo me calentás vos.

Me tomó de la cintura de nuevo y con sus manos acompañó mis movimientos pélvicos. Su boca quedaba justo a la altura de mis pechos, por lo que con mi ayuda los ponía en su boca. Estábamos demasiado calientes. Yo gemía como una loba en celo, y él respiraba muy fuerte, lo que me calentaba más y más. Estaba a punto caramelo, cuando me agarró del pelo nuevamente y me dijo al oído — quiero escucharte terminar como nunca en tu vida terminaste — y me agarró con la otra mano por la espalda y me apretó contra él y di el gemido más grande que haya dado jamás.

Me recosté sobre su hombro y me dice: espero que te haya dado mucha hambre, porque yo estoy que me muero.

Nos levantamos, me fui a duchar, mientras él se quedó preparando… hamburguesas.

Cuando terminamos de cenar, vimos la famosa peli de la que habíamos hablado y se fue como a las 4 de la mañana, diciendo — todavía me falta conocer ese famoso camisón con breteles finos, negro y con puntillas en los bordes.

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