Chau 2019: El final ilumina todo

Chau 2019: El final ilumina todo

Un lector nos deja una reflexión filosófica sobre el año que se fue y el nuevo que hoy estamos celebrando.

Mendoza Escribe

Al final es solamente una vuelta más al sol,  365 días de 24 horas cada uno. El mismo cielo (y si, ni que fuese a cambiar alguna vez) obviamente los mismos apuros, las mismas fechas caducas, el correr atrás del sueldo, de las facturas vencidas, del todo y la nada misma al mismo momento, todo ese todo que nos abraza, nos martiriza, nos envuelve nos sodomiza y al final, el fin del sueño, lo peor es saber del fin.

A veces envidio a los animales, ellos no saben de su propio fin, en definitiva la conciencia quizás sea uno más de los dioses que nos castigan, y como no tenemos huevos para aceptar nuestro descontrol mental, inventamos personajes para echarles la culpa.

El año pasado, previo a la navidad, cuando caminaba por la calle San Martín, la gente iba rápido, ligero, buscando la oferta, claro, siempre buscando la oferta, en la vereda había unas señoras que tenían papel para enrollar regalos, nada más alejado de la realidad, sus caras tristes, morochas, pelo largo, estaban agachadas en cuclillas, se hablaban en voz baja entre ellas , los rollitos de papel regalo estaban amontonados en una caja de jabón Ariel, creo que  en el fondo de la caja tenia cinta para que no se abra y deje caer todo. Yo las miraba y pensaba que sentirán, si ellas en la noche tendrán regalo, ¿es importante el regalo? "Claro que no" dirán los que nunca les falta un regalo, "claro que si es importante", dirán los defensores de las buenas y justas causas, yo no sé si tuvieron el regalo, si al menos a la noche cenaron, ¿qué podrían comprar con la venta de rollitos de papel de regalo?

Justo cuando estaba por cruzar la calle pasó la caravana de papa Noel,  era un carro tirado por un auto bien tuneado para la ocasión, rojo y blanco, coca cola, rojo y blanco, nieve, venados y una cabaña con una chimenea que salía humo, yo, 40 grados de calor a la sombra, transpiraba y me quedaba a ver como los chicos y unos no tan chicos se acercaban al hombre que se había disfrazado de papa Noel, los bomberos enseguida siguieron el carro y les tocaban de vez en cuando la sirena.

—¡Santa! Santa!— ahora así le dicen a Papa Noel, no les daba nada, solo los subía al carro y se sacaban una foto con él, las madres bien emocionadas sacaban su celular última generación e inmortalizaban el momento, una señora que se puso del lado donde estaba el trafico quiso ser más osada y sacarle más cerca la foto o quizás con otra panorámica y un Ford Focus azul nuevito le rozo la pierna.

—¡Dale vieja pelotuda!— Gritó el del auto.

La señora no se hizo cargo y  siguió como si nada sacándole la foto a su hijo. Mientras todos se amontonaban y el trafico empezaba a descontrolarse el semáforo se puso en rojo y pude cruzar, caminé unas cuadras y llegué al cruce con Las Heras... en la esquina venden medias, pantalones de gimnasia, pantalones cortos, todo 3x2, lo más barato 500 pesos, la mayoría de las personas solo ven.

—Hola que tal, ¿buscabas algo? – Te dicen los que atienden.

—No, solo estoy viendo, cualquier cosa te aviso— Enseguida le contesta la gente.

Nadie saca una moneda, la cosa esta dura, se nota que nadie gasta, a la media cuadra de ahí venden panchos, panchos con papitas, Coca Cola o Fanta, aderezos, los comunes o con salsa picante, generalmente los que comen ahí son los vendedores que se suben a los colectivos para vender: venden pilas, USB que no funcionan, uno solo se entera cuando llegas a tu casa y queres cargar la película pirata que bajaste de internet y no lo reconoce la computadora, también venden linternas y uno que otro alfajor con la fecha de vencimiento cercana .

A veces pareciera que vivimos del 5 al 5 de cada mes, entre vencimiento de factura y vencimiento del próximo mes solo la meta, la zanahoria del pobre es el sueldo que no es mucho para que no avances lo suficiente,  para que te quieras independizar y tampoco es poco para que te creas que no sos como las señoras que venden el papel de regalo.

Y así se va el suspiro de la vida, viviendo como si no nos fuésemos a morir nunca jamás, y no hay garantías de nada, nunca las hubo, pero nos las inventamos para hacer la cama de cuchillas más cómoda, todas las hojas filosas se van hundiendo pero las vamos aceptando mientras tengamos el celular a mano, el punto de partida en definitiva es saber que caminamos acompañados y que tenemos un boleto a quien sabe dónde y que vamos a usarlo aunque no queramos, cuando se sabe eso, cuando se digiere lo peor,  se sabe todo.

Escrito  por Jtorcuato26 para la sección Mendoza Escribe

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