Zapatos: ese placer femenino que él jamás entenderá

Zapatos: ese placer femenino que él jamás entenderá

Comprar zapatos para una mujer es la gloria y una lectora nos explica el por qué en esta nota.

Hay cientos de cosas que un hombre jamás va a entender de una mujer, nuestros estados, nuestros picos de simpatía, nuestros llantos, nuestros dolores, etc. Pero hay una cuestión, fría y banal, tan corriente para nosotras y tan lejana para ellos que jamás de los jamases van a terminar de procesar: el placer único e inigualable, cuasi orgásmico y maravilloso de comprar zapatos.

Para un hombre común (metrosexuales y homosexuales son una exquisita excepción), un zapato es una “cosa” que se pone en los pies para que no duela caminar descalzo, es un accesorio de moda, un agregado más del montón, como un cinto o un reloj. Para una mujer es muchísimo más importante, es un placer que comienza desde el momento que decidimos ir en búsqueda de ellos, hasta cuando los presentamos en sociedad, porque es el accesorio que puede diferenciarte del resto, que te da onda, nivel, estilo y actitud, incluso más que una cartera.

Para nosotras, el hecho de salir en busca de un par de zapatos es una fusión increíble de sensaciones, olores, colores, diseños y demás características que invaden nuestra retina de placer, como para el hombre ir a mirar autos.

La elección de zapatos no es tarea fácil, y mucho menos para las ladys que tenemos una especie de trastorno obsesivo compulsivo con éstos. Hay pautas y una serie de pasos que debemos seguir si queremos hacer una muy buena compra. Es por ello que algo tan sencillo y práctico para un hombre, es tan complejo para una mujer. Ustedes buscan plata o tarjeta y salen así sin más, nosotras tenemos que tener dos cuestiones previamente resueltas antes de emprender tamaña y satisfactoria empresa:

Primer cuestión: el tiempo, no es menos importante la distribución equitativa de éste para cada vidriera, para cada rincón donde pueda alojarse un par de zapatos. Sin apuros, dedicarnos toda una jornada laboral, pedirnos franco, parte de enfermo, lo que sea… Ese día no nos hacemos cargo de nuestros hijos, la comida, el estudio, la dieta, lo que sea. Una media jornada para nosotras no suele ser suficiente, ¿y sabes porque? Porque para un hombre el calzado se divide en cuatro: zapatillas de salir, zapatos, zapatillas de deportes y ojotas, nosotros tenemos cientos de estilos y dentro de cada estilos, miles de modelos y colores. Enumerarlos sería tema de otra nota extensa y aburrida.

El segundo asunto es la compañía, es lógico que no puede ser cualquiera, en lo posible una amiga que sepa de lo que estamos hablando, con el novio o mejor amigo ni garpa, no entienden nada, se aburren, para ellos son todos los modelos son iguales… De temporadas ni hablar, son unos analfabetos de la moda femenina. Si alguna está en Compradores Compulsivos Anónimos, por favor lleve a su terapeuta porque podría resultarles contraproducente. La zapatilla blanca y el zapato negro combina con todo, ¡todo el año y desde siempre! nosotras necesitamos de más de un par de ojos y más de una revista de modas para estar convencidas de combinar. Los quiero ver a ustedes con siete tipos de rojo distintos.

Organizados estos dos puntos… ¡Estamos listas! Llegó el momento… Entramos al local donde está ese par de zapatos fabuloso en la vidriera, verlos desde afuera nos acelera el corazón. Se acerca él con una hermosa caja de cartón que atesora la perdición de cientos de mujeres alrededor del planeta. Para vos machito, es como si tu papá te trajera la caja de una Play 4. Abre y desenvuelve del delicado y delgado papel uno de ellos, los miramos… Los ojos nos brillan, las manos nos transpiran, en el aire ronda un olor inigualable a nuevo, ya nos soñamos sobre ellos caminando por el centro o bailando en una fiesta. Nos los probamos, son perfectos, nuestra compañía de compras nos guiña un ojo, miramos a quien fue el responsable de traértelos asentimos con la cabeza y él sonríe. Llega el momento más doloroso pero no por eso menos placentero, hay que pagar, quizás comamos arroz todo el mes pero ya son nuestros. Para que tengas una idea, es como cuando le pones llantas al auto.

Mujeres, sin duda alguna son el mejor invento de Dios, son los que compensan finales desaprobados, infidelidades, kilos engordados… Son exclusiva y propiamente nuestros, hechos y pensados para la mujer, nos pertenece a nuestro sexo. Un macho jamás va a saber lo hermoso que es desangrarse económicamente por un par de éstos ni mucho menos sentir esa mezcla rara e inconfundible de sensaciones al tenerlos en tus manos. Nosotras no entendemos cómo te podes gastar sueldos enteros en video juegos, celulares o asados, así que es lógico que vos no comprendas el porqué de los zapatos, pero es así y nos lo tienen que bancar.

¡Hemos dicho!

Escrito por Juli para la sección Mendoza Escribe

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