El día que salí con un travesti

El día que salí con un travesti

El Dr. Bomur nos cuenta su espectacular experiencia sobre la primera (y única) vez que salió con alto travesti.

Dr. Bomur

Era sábado a la noche, tenía plata y hacía calor. Estaba solo y aburrido, sin ningún hueso que roer, ni ex que convocar, ni amiga con derecho que quiera pasar a cumplir sus obligaciones contractuales. Ya me veía instalado viendo alguna película como una señora viuda. Entonces se me ocurrió llamarle al Negro Farmacia, el soltero chingolero del grupo, ese que siempre tiene dónde mojar, dónde buscar y dónde comer, cualquier día a cualquier hora…

– Negro, ¿que haces esta noche?

– Salir con vos papá… con vos y dos minas. A las once te paso a buscar.

Un fenómenos el Negro, no hacía falta más que ese llamado para que el tipo organice toda una gira épica que seguramente terminaba al otro día con el amanecer.

A las once en punto pasó por mí, salí vestido para la guerra, perfumado y con guita. Esa noche la teníamos que pasar genial. Subí al auto del Negro con una sonrisa de oreja a oreja, típica de esas noches que se la queres poner toda.

– ¡Que grande Negro querido siempre al pié del cañón vos!

– ¡De una papa! Vamos a buscar a las chicas.

Manejamos por todo el centro, salimos al acceso y encaramos hasta Maipú. Entramos por varias callecitas, hasta que llegamos a unos departamentos antiguos. Ahí el Negro llamó a una de las chicas, “en cinco estaban”.

Nos quedamos charlando boludeces con el Negro cuando las veo venir a las dos… camiones. Más de un metro setenta, una rubia la otra morocha, falditas cortas (cortas posta) que mostraban piernas largas y torneadas, las dos con tops ajustados que denunciaban terribles gomas, tacos agujas, caminando como gacelas, diosas totales. Lo miro al Negro sorprendido… no era normal que tuviese material de calidad premium el chanta este.

– ¡Terribles minas loco!

– Terribles nenos – me contesta el Negro.

– ¿Que? ¿Menos que? – le pregunto sin entender el chiste.

– Nenos Bomur… ne-nos – me dice el Negro sin quitar la vista de las minas.

– ¿Qué mierda es eso? – le pregunto preocupado.

– El antónimo de nenas – me dijo al tiempo que se bajaba a saludarlas porque ya estaban frente al auto.

Me bajo un poco en shock, nos presentamos, “Bomur – Macarena, Macarena – Bomur, Bomur – Karen, Karen – Bomur”. El Negro Farmacia saludó con un piquito a la Karen, así que supe que la rubia Macarena era la que en teoría me tocaba. Se subieron las dos atrás, el Negro me tocó la rodilla con cara de cómplice al tiempo que me dijo “preparate para la mejor noche de tu vida”.

– ¡Pongan música – ordenó la Karen con una voz seseosa. Entonces me puse a buscar en el stereo hasta que encontré una carpeta que decía “Cumbia”, apenas empezaron a sonar los acordes la Macarena tronó con una voz ronca…

– Bomur, ¡música en serio! – me retó al tiempo que el Negro Farmacia ponía la carpeta de Led Zeppelin y las chicas arrancaban a agitar… ¡alto gusto musical! Yo no lo podía creer.

– ¿Dónde vamos chicos? – preguntó la Karen. Una catarata de lugares se me vino a la cabeza, que de estar con cualquier mina hubiese propuesto, pero en esta situación especial no podía… se me vino un calor tremendo al cuerpo de solo pensar en entrar a un bar con dos… con dos… nenos. Me quedé callado, casi paralizado.

– No se, ¿vamos a algún bar de la Arístides? – dijo el Negro hijo de re mil puta.

– Naaaaa que vamos a ir a ese cheterío, ¿porque no compramos escavio y nos vamos a previar a la terraza del edificio tuyo negrito – dijo la Karen, que aparentemente ya había pasado por ahí. Yo no podía creer la onda de los genios estos.

Llegamos a un delivery de escavio y se bajó la Macarena, se apoyó en el vidrio de mi puerta, a escasos centímetros de mi cara y dijo “nosotros bancamos la previa ustedes el cheboli”, yo no lo podía creer… en mi vida había dejado que una mina pague algo, jamás, y estas dos diosas nos primerearon con toda la actitud. Y no dejaron de sorprenderme cuando, imaginando que iban a traer los típicos tragos de mina, chotos y dulces, se aparecieron con dos botellas de wisky y una bolsa de hielo. Lo miré al Negro anonadado…

– Te dije que son la gloria – me respondió cómplice.

Las chicas escaviaban casi sin hielo, el Negro trajo habanos y nos quedamos los cuatro chupando y hablando de política y fútbol en la terraza del edificio. Yo no podía parar de mirarle las tetas a la Macarena y esta, al darse cuenta, se bajaba la remera para pronunciar su escote. Me sentía mareado y cagado en las patas… ni quería mirarle más abajo. Para probar toqué el tópico “autos” y las minas sabían más que nosotros. La Karen era fanática de las motos y el año pasado se había gastado todos sus ahorros en una Kawasaki Ninja 1000… “un torpedo” dijo al terminar de describirla…. y ahí nomás se me vino a la mente el torpedo que debía tener entre las patas la chica esa. No podía con mi genio. El padre de la Macarena era camionero, así que por ende le gustaban los autos viejos y grandes, la Maca estaba restaurando con su papá un Torino 380w verde oscuro… el “avispón verde” me dijo al tiempo que me contaba la historia del auto en el París-Dakar… la palabra “avispón” emitida de los carnosos labios de la Maca me retrotraían a una sola cosa… un elemento punzante y curvo.

En un momento, cuando llevábamos botella y media de Jack Daniel’s, la Karen empezó a toqueater los botones del equipo de música y puso ACDC. Las Maca se paró de toque y las dos empezaron a bailar híper sensual frente a nosotros. Se franeleaban, se perreaban, bajaban y subían, se abrazaban y se daban piquitos y lenguetazos. Yo lo miraba al Negro confundido, él las miraba desaforado y de reojo me decía “te lo dije”, yo no podía separar el erótico baile y lo divina de las dos bestias esta con la manija y… y… y las bolas… si, perdón, no podía parar de pensar en el muñeco que se debían cargar. Pero ¡que rico bailaban la putísima madre que lo parió! El Negro fondeó el wisky y se paró, se puso entre las dos y le empezaron a bailar en sanguchito, la Maca le levantaba la remera y la Karen le daba besos en el pecho. Luego agarraron un hielo, que se lo pasó la Maca a la Karen con la boca y ésta última le pasó el hielo por todo el pecho al Negro, para luego soltárselo y que cayese justo dentro de su pantalón. Ahí nomas bajó la mano… medio gruesa y con venas marcadas, y se la introdujo por arriba del cierre, sacando el hielo entre risas y cosquillas. Yo me paré, me levanté del asiento e hice como que me llamaban por teléfono, porque sabía que me tocaba a mí. Tenía todas las ganas… pero esto era demasiado.

Cuando volí el Negro estaba sin remera, apoyándose a la Karen. La Maca me miró como un león en celo… un león bien macho y salvaje y dijo “¿vamos a ir a algún lado o la seguimos acá?” Por un lado tenía miedo que me vieran con la Maca… no porque tuviese algo contra los nenos, sino porque ver dos tipos con dos minas siempre se sobreentiende que son pareja, por más que no fuese a hacer nada… en la vía pública. Pero por otro lado el Negro estaba on fire, en media hora íbamos a terminar en su depto, él iba a ir derecho a su pieza e indefectiblemente me iba a tener que quedar a solas con la Maca, ahí se me llenó el culo de preguntas… con miedo a que más tarde se me llenara de plasticola. Rápidamente dije…

– Es temprano, ¡vamos a bailar!

Ambos nenos levantaron los brazos al tiempo que gritaron “yuuuujuuuuuu” con voz desafinada…. tenían más onda que todas las reinas de la vendimia juntas el día antes a la fiesta central. En el auto la Karen se subió adelante con el Negro y lo iba paqueteando mientras manejaba, la Maca atrás se me tiró encima y me hacía escabiar del pico de la botella como un bebé, yo estaba arrinconado entre sus tetas y la puerta, me sentía acosado y tenía terror a sentir un tobul en la gamba. Estaba asustado como la vez que perdí la virginidad, cagado en las patas. La Maca me agarró una mano y me dijo “relajate Bomur” al tiempo que me la ponía en el culo de ella… un culo duro, parado, firme… “¡cero celulitis rico!, 100% carne argentina” me dijo cuando se dió cuenta que estaba tocando sorprendido. Cuando yo me di cuenta queme estaba gustando ese culazo caí en la que me estaba mandando y suavemente me la saqué de encima, mientras ella no me despegaba la mirada de pupilen azules de mi boca y mis ojos… “te voy a violar” dijo entre dientes… y ahí si me agarraron terribles nervios. Entonces la Maca se olfateó las manos y volvió a mirarme seductora… “¿Qué perfume usas?… me mata” y se me abalanzó como un tiburón hambriento al cuello, pasándome la lengua desde la nuez hasta la oreja, nuevamente logré zafarme con sutileza, entre el escavio y los embates de la Maca mi guardia estaba baja como la de Maravilla Martinez contra Mayweather en el último round. Suerte que llegamos al boliche.

Cuando entramos, de los nervios, yo no podía parar de reírme, temblaba entero entre la idea de que me viera algún conocido y que la Maca sugiera avanzando al palo.

– Mirá lo contento que está este bombón – le dijo la Karen a la Maca cuando me vió – tiene una sonrisa hermosa.

– Me lo voy a devorar – le respondió la Maca y bastó para que guardase instantáneamente todos mis dientes tras los labios.

Otra vez prejuzgué al pedo… las chicas se portaron de diez en el boliche, ni siquiera la Karen se lo chapó al Negro, es al pedo… nosotros somos chotazos y los nenos la tienen re mil clara. Bailamos a full, los cuatro, en ningún momento nos avanzaron, compramos mil tragos, nos cagábamos de risa de la gente, las locas estas se levantaban un poquito la falda o nos mostraban la panza al tiempo que hacían chistes con la tonicidad, la celulitis, las estrías y todo lo que toda mujer tiene y ellas no. La verdad que eran dos tanques de guerra, de no haber sido trapitos, sin dudas no nos hubiesen hablado siquiera, pero de haberlo hecho yo ya estaría proyectando nenes rubios y viajes al Caribe con anillo de por medio.

Salimos de madrugada y un poco que se rompió el encanto, ahí puede ver las maravillas del maquillaje, pero por otro lado pude ver el terrible lomo de las dos animalitas estas… estaban fuertísimas. El Negro iba de la mano de la Karen, la Maca respetaba un metro de distancia pero me miraba como gordo al flan casero. Yo me puse a pensar en lo que podría llegar a pasar las próximas dos o tres horas… se me venían flashes a la mente, mitos como el de “los mejores petes lo hacen los travestis”, pensaba en esa espalda, en esa cola, en esa falda, en la posición del perrito, en esa cintura, en cómo se le arqueaba al caminar, en lo gauchita que debía ser… e indefectiblemente en el “vuelta y vuelta” o en el “paquete colgando”… ahí se me bajó todo, caí en la realidad y me quedó como saliendo de una pileta en el polo sur. Se me pasó el pedo y baje un cambio.

Nos subimos al auto, lo clarísima que la tenía la Maca la hizo decirle de toque al Negro “a mí llevame a mi casa Negrito” al tiempo que la Karen hacía chistes con mi cagazo y las dos se meaban de risa. Yo me relajé y me di cuenta lo divina que eran las dos pibas estas… claro… si en el fondo teníamos genes similares. El Negro le dijo que no, que no se iba a ir hasta Maipú a llevarla y después volverse y volver a llevar a la Karen. Entonces la Maca me dijo guiño de por medio, “tranqui, nos quedamos jugando al Fifa 2015 y te rompo el orto”. Se cagaron de risa todos menos yo, que no sabía si era chiste o posta. Y fue posta… me rompió el orto. Jugamos quince partidos, mientras el Negro se sacudía con la Karen, y le gané solo dos…

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