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10 tácticas prácticas para que tu bebé te haga caso

¿Tenés un hijo mal criado? ¿Es un revoltoso que no logras domar? Acá te dejamos una guía práctica para ayudarte.
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El Mendolotudo

10 tácticas prácticas para que tu bebé te haga caso

10 tácticas prácticas para que tu bebé te haga caso

1- Utilizar lenguaje claro y preciso:

Los niños son como soldados rasos, hay que serles claros y directos al hablarles, nada de “bebechito menga para acá con la seño monono” o “ati nene ati ganote”, no… eso los atonta. Se debe utilizar lenguaje cotidiano y corriente, como el que escuchan en casa. Por ejemplo en vez de decir “todos a dormir”, hay que decirles “se duermen ya pendejos de mierda o los cago a cinturonazos”, en vez “a comer la papa los bebes” se dice “se tragan esta bosta inmunda o les bajo todos los dientes”, en vez de “guardemos los juguetes todos los enanos en orden y cantando” se dice “miren guachos, metan los juguetes en la caja porque sino los fajo”

2- Castigarlo en puntos dolorosos que no dejen marcas:

Muchas veces podemos darles una rica bofetada o una buena patada en el poto, pero eso deja marca y después vienen las mamis y los papis con sus cansadores argumentos. Entonces hay que aprender de nuestros amigos los patovicas y castigarlos en lugares precisos, como por ejemplo apretarles las muñequitas, darles un tirón de pelitos, pegarles con una varilla en las plantas de los pies o un tingazo en los huevitos.

3- Usar picana casera:

Como los sabios dirigentes militares que tuvimos en los 70, no hay mejor instrumento de control y orden que la picana. Pero lógicamente una picana es cara y cuesta conseguirla, entonces podemos desarmar un magiclik y utilizar el dispositivo para ejercer respeto. Entonces si el conchud… digo, si el nene se porta mal, de penitencia tiene que agarrar el cablecito y una darle al botoncito. Ese pequeño espasmo eléctrico encamina al niño y lo hace razonar.

4- Hacerles el submarino amarillo:

Si lo hace la policía, está bien. Esa es una de mis piedras fundamentales. ¿Cómo hacen que los presos se porten bien? ¿Cómo logran que los malos atestigüen? ¿Cómo hacen para que los ladrones digan la verdad? Bueno, con un baldecito y un poquito de agua se puede sumergir la cabecita del enfermo ment… ¡ups! del infante cariñosito unos cinco segundos para que reaccione y haga caso. Además ¿Quién no tiene un balde en casa? ¡Barato y práctico señora!

5- Sentarlos en la sillita de la vergüenza:

No hay nada mejor que hacer pasar vergüenza a estos sin vergüenza hijos de una camionada de put…. esteeemmm… a estos niños. Entonces utilizamos el famoso método de la sillita de penitencia, pero le sumamos algo que me inventé el otro día y es re efectivo: mientras el cabrón del cul… digo, mientras el bello niño está sentado, los demás compañeritos tienen que señalarlo y cantar al unísono cosas como “¡choto choto choto!” o “¡puto puto puto!” y si se ha portado muy mal, se pueden hacer cantitos más complejos, como por ejemplo “¡nunca serás feliz, nunca serás feliz!” ¡vamos todos! “siempre serás un gordo choto, siempre serás un gordo choto!” ¡bailen putos! “su mamá se morirá, su mamá se morirá”… este método no falla jamás.

6- El meneíto:

Estoy haciendo todos los trámites para registrar este método, porque es infalible y me lo inventé yo, nadie más lo hace. El mismo trata de hacer parar al desgraciado re contra forro mala… estemmm, al bebe precioso, bueno, hacemos parar al bebe precioso y lo empezamos a hacer girar sobre su propio eje, las primeras veces el reo reirá, ¡pero no bajemos los brazos seños! Al cabo de dos minutos de hacerlo girar al bebe no le gusta más, entonces hay que agarrarlo fuerte para que no se caiga y hacerlo girar por lo menos 10 minutos. Lleva su tiempo, pero después de uno que otro vómito el mugriento, digo el bebe, no jode más.

7- Usar la llamita:

¿Quién no fuma en clases? ¿Quién no tiene un encendedor para prender los cigarros? Bueno, este correctivo es simple, sencillo y barato. Si el mocoso del ort… si el niño se porta mal lo hacemos extender sus manitas y le pasamos a unos tres centímetros de la piel la lumbre del encendedor o fósforo. No podemos usarlo más de dos segundos, sino al guacho le queda colorado como mi cajet…. Como mi piel en enero. ¡Se portan bien o se viene llamita para todos! Y se acaba el descontrol.

8- La siesta de los lápices:

Este método es medio choto, a veces resulta, a veces no, lo que si esto y segura es que deja secuelas en los mocosos, secuelas que le van a indicar como portarse bien en la vida y no ser un porfiado tirabombas… digo, un nene malo. Consta de encapuchar al niño, atarle las manitas atrás con un pañuelo, amordazarlo para que no chille, atarle las piernitas con uno de esos precintos plásticos que venden en cualquier ferretería de barrio y encerrarlo en algún lugar oscuro y chiquito, como un armario por ejemplo y dejarlo toda la siesta ahí dentro, a oscuras. También podemos pasar cada cinco minutitos y decirle “espérate… que ya te vengo a fajar” ¡y no pegarle ojo! Pero bue… estas sabias palabras van a ejercer en el niño un sentimiento de terror y ansiedad muy provechoso para la seño.

9- El abstinente:

Este método es bastante malo, pero haciéndolo con tiempo puede resultar infalible y no deja marcas físicas en la lacra… digo en el bebecito. Radica en darles a todos de comer, menos a él, darles a todos de tomar, menos a él, traer postres y chocolates para todos, menos para él (si se lo puede atar de manos para que no afane algo de morfi, mejor). A los papis les decimos que el bebé no quiere comer en la salita, ¡pero nosotras sabemos que no es así! (guiño guiño). Cuando se porte bien, comerá.

10- El fantasmita:

Cuando el niño ya es insalvable y se han practicado las nueve alternativas anteriores, está “el fantasmita” que puede que genere algún resultado y haga acomodar a este marginado social. Es muy compleja, ya que deben interactuar los demás compañeritos… para siempre. La misma consta de decirles a todos que el nene es un fantasmita y con los fantasmitas no se habla. Entonces, desde la seño, hasta el más infradotado de los alumnos, nadie le hablará jamás, ni le dirigirá palabra alguna, ni jugará con él, ni lo hará cantar…. Como si no existiera, nada, muerto, un número. No se lo mira a los ojos, no se le habla, ¡cero bola! Se lo deja en bolitas para que no se ensucie tanto y minutos antes que vengan los papis (sin decirle ni mú) se lo cambia y se lo entrega ¡que se hagan cargo ellos de ese diablo!