volver a

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

No se pierdan la segunda parte de este relato por lugares increíbles.
Avatar del

MDZ Trip

1/9
Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Mendocinos por el mundo: seguimos con la "gran luna de miel"

Desde el cuarto piso de un hotel, con el sol a mis espaldas, hago las veces de espectador y diviso el movimiento de la ciudad. Autos, rickshaw, buses, peatones, vendedores ambulantes y demás conforman una perfecta sinfonía. En una esquina, la jornada laboral concluye y los locales disfrutan del whisky y la cerveza, otros comen diversos platillos de pescado, arroz y vegetales mientras que los que menos tienen, se conforman con un poco de nuez de betel y tabaco.

Última capital real, colonia, imperio, 1948, Aung San Suu Kyi, Orwell, the road to Mandalay. Myanmar, ese país misterioso que todavía lucha con su pasado, que combina amor y odio, donde ingleses y japoneses jugaron al ajedrez por más de cien años y dejaron heridas que no logran cerrar. Las venas abiertas del sudeste asiático. Una región en cuyo norte se libra una guerra religiosa entre budistas y los no reconocidos rohingyas, minoría que actualmente marcha, ante los ojos del mundo y en las peores condiciones, al otrora Paquistán del este.

¿Qué ha ocurrido de un tiempo a esta parte? Bastante. Un viaje al Rajastan, provincia al noroeste de la India, en la que visitamos su principal ciudad, Jaipur, y nos maravillamos con su arquitectura y sus bazares. Un tren de ida al desierto de Thar, donde emprendimos una travesía en camello y dormimos a la intemperie, con las estrellas oficiando de techo y el silencio haciéndose oir.

Un tren de vuelta, con dos horas de retraso, que nos depositó en la capital del subcontinente, la que despierta mil y una sensaciones, la que vio morir y arder al Mahatma, la querida y la detestada, la caótica Nueva Delhi. Nuestro hogar por 5 días, nuestra fiesta de navidad. Allí visitamos las reminiscencias del imperio Mogol y los parques del Raj británico, pulmones enfisematosos que no logran purificar el aire de la urbe más contaminada del planeta, pero que esconden una belleza única, ajena al turismo, donde los niños juegan, los viejos bailan y los jóvenes meditan.

>

Luego, para concluir nuestras peripecias por tan exótico lugar, descendimos de un autobús en Varanasi, enclave a la orilla del sagrado Ganges, ciudad de gahts y sadhus, ascetas que imitan al dios Shiva y abandonan todos los placeres mundanos para alcanzar el Moksha.

Terminada nuestra estancia, emprendimos un viaje de 24 horas combinando tren, taxi, Jeep y buses hasta llegar a Kathmandu, capital del tranquilo Nepal, tierra natal del Buddha. En ese pequeño país hinduista, que alberga 30 millones de almas, recorrimos sus calles, sus templos, sus viejas capitales y palacios y nos escapamos a Pohkara, ciudad situada a las puertas de los Annapurnas, macizo montañoso del Himalaya que alcanza los 8000 metros de altura y que pudimos contemplar desde el aire, cuando volamos en parapente.

Trazo en el mapa un camino: Bali -donde celebraremos nuestra luna de miel y el cumpleaños de Virginia (idea gestada hace ya dos años)-, Sumatra, Java y Borneo. Me recuerda a mi infancia, cuando con familiares y amigos jugábamos al TEG y me preguntaba si esos lugares verdaderamente existían. Hoy es una realidad, una ruta de viaje, una travesía por Indonesia y sus casi 20000 islas.

En su libro "El paraíso en la otra esquina", Vargas Llosa describe como Flora Tristán y su nieto Paul Gauguin jugaban al paraíso, el cual consistía en preguntar a los transeúntes donde quedaba tal lugar, obteniendo siempre la misma respuesta: intenté en la otra esquina. Algo en las entrañas nos dice que no habrá que seguir buscando, que allí estará, si bien paralelamente añoramos la hermosa incertidumbre descrita por Conrad, para que jamás cese la iniciativa. 

Temas
  • Mendocinos por el mundo
  • viajeros mendocinos
  • Luis Leiva