Toto Ferro reveló una fuerte escena que no quedó en "El Ángel"

Lorenzo Ferro debuta por lo alto como actor, protagonizando la película de Luis Ortega que es furor de taquilla. MDZ charló a solas con un chico de 19 años, que tiene la impronta necesaria para arrasar con el título de revelación del año.
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Laureano Manson

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La vida de Lorenzo "Toto" Ferro dio un giro absoluto cuando audicionó por primera vez para interpretar al personaje central de la película El Ángel, dirigida por Luis Ortega. Hijo de un actor con amplia trayectoria en cine, teatro y televisión como Rafael Ferro; Toto da su primer paso en el mundo de la actuación aportando una contundente cuota de garra y frescura. En la entrevista, trazamos su recorrido en este último año a toda intensidad. Una auténtica montaña rusa a la que vale la pena subirse.

- Tuviste seis meses de espera antes de que te confirmaran como protagonista de "El Angel". Fuiste al primer casting leyendo un poco de info sobre Carlos Robledo Puch, y tengo entendido que en lugar de decir el texto asignado para la prueba de cámara, improvisaste algo. ¿Te acordás qué dijiste?

Sí, chamullé con el robo de un reloj. Había aprendido un poquito la letra nomás. Por suerte, pude jugar y eso le gustó a Luis (Ortega), y acá terminé. Pero sí, fueron siete etapas de casting en un momento en el que yo estaba terminando la secundaria, y en un contexto en que la sociedad te exige que te anotes en una carrera o sepas qué vas a hacer vos cuando salgas de la escuela. Pasé todo ese tiempo divagando, y esperando hasta que me den el sí para ser parte de la película. Fue como una montaña rusa de emociones, porque en algún momento pensé que no iba a quedar ni en pedo.

- Una cosa es la espera para un actor profesional, que ya está acostumbrado a audicionar y transitar esa espera, y otra muy diferente para alguien que nunca hizo un casting.

Mi vida dependía de eso. Yo estaba despositando todas mis energías en eso.

- Tuviste a un bestia como Alejandro Catalán a cargo de tu entrenamiento actoral. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Cuánto tiempo estuvieron trabajando?

Fueron unos cinco o seis meses. Pero como vos decís, al lado de una bestia así, es fácil sentirse un monstruo. En esos meses, nos juntábamos todos los días en la casa de Luis o en lo de Alejandro. Tuvimos charlas de horas después de leer el guión, largas jornadas de ensayo, moviéndome por todos los espacios, practicando también con cámara. Fue todo un trabajo de habitar el cuerpo de ese personaje, no sólo dentro de la película sino también explorando cómo era él afuera del guión.

- Con respecto al rodaje, más allá del entrenamiento actoral que recibiste, siendo un debutante, ¿cómo fue tu interacción con actores profesionales que ya tienen una fuerte formación técnica?

Yo creo que a ellos les sirvió que llegue un chico con frescura, y a mí me sirvió estar rodeado de esos cracks, terminamos armando un buen complemento. Ellos me aportaron el profesionalismo, la técnica y el aguante; y yo les brindé a ellos la frescura, la espontaneidad y el juego.

- Más allá de ser tu primer trabajo actoral, ¿en algún momento sentiste que podías hacer aportes y sugerencias? ¿Cómo fue la dinámica de trabajo con Luis Ortega?

Cuando yo sentía cosas que me quedaban incómodas, o cosas que no me gustaban mucho, le decía a Luis: "Che, quizá sea mejor ir por este otro lado". También hay un cierto contexto de época en la historia, que te lleva a que haya cosas que no se puedan decir, porque no coinciden con el vocabulario que uso yo hoy en día. Luis fue muy abierto en todo momento. Sabe claramente qué es lo que quiere, pero también es perceptivo con respecto al regalo que pueda surgir de manera espontánea.

- Sin dudas, eso habla bien de Luis Ortega. No todo director tiene la flexibilidad de escuchar a los actores.

Hay de todo, desde directores que prefieren no ensayar las escenas de antemano y se dejan llevar por el momento, hasta otros como Hitchcock, que decía que ya tenía la película en la cabeza y no cambiaba nada.

- En una película tan legendaria como La naranja mecánica, en donde el personaje central tiene algún punto de contacto con el tuyo, en el sentido de ser un delincuente con una notable sensibilidad por el arte, Malcolm McDowell empezó a jugar con la canción Singing in the rain durante la escena en que irrumpe con sus compañeros de banda en la casa de un escritor y violan a su mujer. Stanely Kubrick quedó fascinado con esa improvisación del actor, y automáticamente pidió a la producción que tramitaran los derechos para usar la canción.

Esa escena se transformó en una de las más recordadas de la película. En los rodajes, cada momento puede tener un regalo muy interesante para dar, que es el de la espontaneidad. Cualquier cosa puede pasar. Una escena que está improvisada en nuestra película, y que también es épica, es la del Chino (Darín) cantando en un show de televisión. La audición de su personaje en la tele estaba pensada, pero mi irrupción en esa escena fue una improvisación que le da a la situación un giro que tiene que ver con la imaginación de mi personaje, Carlitos.

- El Ángel es una película saludablemente movediza. Arranca con un diálogo en off que me hizo gruñir un poquito, pero después se desplaza a zonas muy diversas que sostiene con notable solidez. Mientras avanza, da mucho más de que lo que uno pudiera esperar.

Estuvimos un montón de tiempo para hacer esa voz en off, porque nos costaba encontrar el tono. Para mí, está bueno que esté esa voz porque es poesía, es literalmente poesía. Y está bueno que escuches al personaje en off al principio y después no lo escuches más. Pero igual puede sonar raro, hasta a Luis le sonó al principio un poco raro.

- Desde una apreciación personal, creo que las únicas dos concesiones que tiene la película son ese diálogo en off, en donde me quedó la sensación de que hay una intención de blindar al personaje, establecer con el público una suerte de alianza para que de antemano sepan cuál es el tono que va a asumir el relato sobre las motivaciones de Carlitos; y la escena en que llorás en un tren tampoco me resultó convincente. Pero son apenas dos detalles de mi percepción sobre una película que luego es capaz de sostener sobradamente cada una de sus decisiones visuales y narrativas.

Esa escena en la que lloro en el vagón no está completa en el montaje final de la película. Antes de ese plano, había una situación que la hacía más interesante. Es la única escena que me dolió que no quedara, en la que yo tengo una charla muy profunda con una chica que tiene toda la cara quemada. Es el momento en el que podés ver que al personaje, que tiene una filosofía de que todo lo que le sucede es una suerte de juego, se le revela que no todo es así. Algo parecido a lo que le pasaba a Jim Carrey en The Truman Show, cuando descubre que su vida fue parte de una puesta en escena.

- ¿Cómo te llevaste con el tema del rigor técnico durante un rodaje? Vos nunca habías actuado en un set, y habrás comprobado que muchas veces una escena de un par de minutos lleva largas horas de espera, entre la puesta de luces, cámara; y demás detalles.

Eso es un poco difícil. Pero siempre traté de pasarla bien, hablando con el Chino, Peter (Lanzani), relacionándome con todo el elenco y también con los técnicos. Todas esas horas que uno espera para grabar, que pueden ser cerca de tres, el tiempo una vez que dicen "Acción" no es como el tiempo en la vida real, vale mucho más. El tiempo de espera te hace trabajar la paciencia, y después cuando estás rodando le das un verdadero valor a la acción.

- El vínculo entre tu personaje con el del Chino, lo vi más desde un juego de roles de poder que desde algo estrictamente homoerótico. ¿Vos cómo procesaste la relación entre Carlitos y Ramón?

Para mí la película es la relación entre Carlitos y Ramón, esa es la esencia, no la historia real de Robledo Puch. Lo interesante que tiene ese vínculo es que no puede ser definido como una relación homosexual, sino como la situación de un avión que no aterriza. La gente tiene la idea de que un criminal es oscuro por naturaleza. Ver que un chico como Carlitos tiene un enamoramiento tan lírico como utópico con Ramón, es lindo. Pero de a poco Carlos se da cuenta de que Ramón es un pelotudo que quiere ser famoso, que quiere plata, que cuando va a robar no lo disfruta porque se apura. Carlitos en un punto lo ama y algo siente al delinquir con él. A mí me parece una relación interesante porque no es concreta.

- La película cuenta con un lanzamiento masivo, y esa montaña rusa de emociones que viviste antes de que te confirmaran como protagonista, ahora se debe estar replicando en el excitación que hay alrededor del estreno. Estás debutando por lo alto y más allá de que durante un tiempo vas a estar dedicado de lleno a la promoción de El Ángel, ¿tenés algún plan sobre lo que podría llegar después?

Me gustaría volver a actuar, ponerme en la piel de otro, volver a encarnar un personaje. Si fuera con Luis estaría encantado, pero también sería buenísimo trabajar con otros directores. Estuve estudiando actuación en Nueva York. Dejé porque soy poco constante. Me gustaría actuar en inglés, pero para poder actuar en inglés, tenés que pensar en inglés, y eso es lo difícil. Claramente, me gustaría seguir en este trabajo. La preparación es ardua, pero en el rodaje se vive algo que es hermoso. Esa sensación de equipo, de todos empujando juntos para que la película salga lo mejor posible, es muy poderosa. Yo solamente puedo hablar desde esta primera experiencia que tuve con El Ángel, y el clima que armó Luis en el rodaje, basado en el amor y el compañerismo.

- ¿Recordás un momento clave del rodaje en donde alguna situación mental, física o emocional te haya quedado grabada fuertemente?

Tengo la memoria medio mala (risas). No soy de reconocer muy bien mis emociones a veces. Físicamente, sentí un punto de cansancio que antes nunca había experimentado. Dieciocho horas filmando, la cara destruida, no sentís el cuerpo, te dan ganas de ponerte a llorar de lo cansado que estás. Casi me pasa de quebrar en llanto en el medio del rodaje de lo agotado que estaba. Fueron unas ocho semanas de rodaje, y yo venía de seis meses de preparación. Si no puedo recordar algo puntualmente, es porque la experiencia completa fue realmente intensa.

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