Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

El ícono británico demostró, ante unas 21.000 personas en Palermo, cómo rockear y ser romántico a los 73 años. Los detalles y las fotos del show.
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El cantante británico Rod Stewart se presentó esta por quinta vez en la Argentina, en un show masivo en el club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Fotos: Martín Bonetto

El cantante británico Rod Stewart se presentó esta por quinta vez en la Argentina, en un show masivo en el club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Fotos: Martín Bonetto

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

Rod Stewart en GEBA: la vigencia de un seductor

En una introducción musical, a veces, abreva la esencia de un show. Este es el caso.

En las raíces familiares de su artista principal (a pesar de haber nacido en Londres), aparecen las gaitas de un clásico escocés, Scotland the Brave, abriendo la noche. Y también está el sonido de Soulfinger, de los estadounidenses The Bar-Kays, un ensamble de sonidos simples y bailables, que se engarza a un buen rhythm & blues de 1967. Porque Rod Stewart es mixtura y adaptación, el responsable de ponerle su cuota de sensualidad al sonido disco, el rock y el pop.

Roderick David Stewart es un cantante que no parece haber nacido en los coletazos de la Segunda Guerra Mundial (1945, año en dónde la mayoría del público que asistió el viernes a GEBA aún ni había nacido), pero sí que tiene la capacidad para convocar a millennials y a adultos mayores, por igual. El los reúne, en ese ritual de baile y tarareo de obras (en su mayoría ajenas), hechas propias. Siempre con la estirpe del playboy con voz disfónica. El que marcó a varias generaciones, elevando al rock y al pop hacia la potencia melosa que se le antojó.

El show de Rod Stewart en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires fue un ida y vuelta con el público sostenido por una pila de clásicos.

Como buen tiempista, Rod supo adaptarse, reconocer sus limitaciones, virar el timón y explotar sus cualidades. Tiene una buena cintura, que también lo demuestra en vivo a través de un clásico. Con su pierna diestra (para el tema Hot Legs), patea de volea varias pelotas de fútbol hacia su público, como recuerdo de su fugaz paso como defensor en un equipo colegial. O recordar que rebotó en una prueba para llegar al Brentford F.C., un equipo de la tercera división inglesa.

Los sinsabores no son una buena compañía para él, excepto en las letras de sus canciones. Pero este fanático del Celtic de Glasgow supo dejar la redonda de lado para seguir su sendero musical. Luego de pasar por bandas menores, recaló a la sombra de Jeff Beck y tiempo después aterrizó en Faces junto a su amigo, el guitarrista rítmico Ronnie Wood. De allí en más, la historia del autor de 28 discos de estudios y caballero de la Orden del Imperio Británico, es conocida.

Volviendo al predio de avenida Dorrego y Marcelino Freyre, los colores blanco y negro se imponen en la estética del concierto: distribuidos en simétricos cuadrados tanto en los tambores, el piano, la base del escenario y hasta el pie de micrófono de Rod. Fiel a su camaleónica música, el vocalista británico cambia de vestuario en varias oportunidades y delimita, a través de su particular ropaje (trajes floridos o dorados, conjunto con brillos negros, camisas blancas abiertas al tono), las distintas porciones sonoras de su repertorio porteño.

Por eso desde You´re In My Heart y hasta Have I Told You Lately, transcurrieron cinco canciones en dónde a Rod mejor se lo apreció y disfrutó, sobre todo en First Cut is the Deepest. Con cierto recogimiento, casi en solitario, a capella, que recordaba su época de Unplugged... and Seated (1993). Durante esas interpretaciones, la instrumentación fue un acompañamiento que engrandeció la voz de Rod. Y así, valía la pena disfrutarlo, a diferencia de las tres canciones que abrieron el show (Infatuation, Having a Party y Have You Ever Seen the Rain), en dónde tanto las cuerdas, percusión y coros, se oían a un excesivo volumen en relación al tono de Stewart.

Un detalle: durante el comienzo del cover de Creedence Clearwater Revival, se vive uno de los pocos pifies de la noche. Rod comienza a cantar pero su voz no se oye, él mira con cara de extrañado y enseguida pide parar a la banda. Se excusa "por un error fruto del paso de los años", sonríe y arranca de nuevo, remontando la situación y repitiendo al final de la canción una palabra clave de la noche: "enjoy" (disfrutar).

El otro cover de Creedence (¿eran necesario dos y dejar afuera otros hits?) fue Proud Mary, interpretado por la otra gran pata del show de Stewart: las tres coristas -que apuntalan el registro vocal del británico en los momentos más exigentes del show-secundadas, por otras tres mujeres en la instrumentación, junto con un saxofonista, dos guitarristas, un bajista y un batero. Todos tuvieron un correcto desempeño, distinguiéndose el hombre a cargo de los bronces en Downtown Train, que Rod canta sentado al borde del escenario.

Por momentos, el audio no lo convence a Stewart: le pide al sonidista que suba el volumen de su voz, ajuste los retornos de algunos instrumentos o gesticula, algo incómodo, al no llegar a un registro óptimo en Forever Young, la canción "bisagra" de la noche. ¿Por qué? Por un lado, porque fue dividida por un interludio a dos baterías y percusión (que le sirvió a Rod para oxigenarse) y, por el otro, porque a partir de este tema -del disco Out of Order (1988)- el show siguió con contínuos homenajes a Escocia, entre fotos, violines, gaitas y hasta polleras tipicas en las chicas.

Decenas de remeras a rayas blancas y verdes, con los colores del Celtic, lucen en el pecho de hombres y mujeres, extasiados por el magnetismo visual de Rod. Se contrastan gritos de euforia ("¡Me señaló a mi!", grita una chica al elevar su casaca del equipo escocés) con cierto nerviosismo de parte de los presentes. ¿Una óptima identificación de los accesos al predio o que el personal de seguridad no obstruya la visión en este tipo de shows con butacas es mucho pedir?

Every picture tells a story (1971) es el disco que contiene ese hitazo pionero de Rod, que es Maggie May, para él cual se esperaba una mayor efervescencia del público y sólo se agitaban algunos teléfonos celulares. Su contracara fue Da Ya think I´m Sexy, con una puesta visual multicolor y en el cual un carismático (y enérgico) Rod mostró el "poster" de la noche: un sombrero de ala ancha que casi impedía percibir su mirada. Pero no esa sónrisa cómplice, de eterno rompecorazones.

A la hora de los bises -que en este caso fue uno solo-, según la lista de temas que la productora le envió a la prensa, figuraba Sailing y (como cierre) Baby Jane (NdR: en el setlist también aparecía Love Is como séptimo tema, que no la interpretó). Pero Rod, decidió enrocar los dos temas finales. Y eso dio un mejor resultado. Sailing te baja la adrenalina y huele a despedida (¿definitiva?), mientras la voz de Stewart se pierde limpia en la cálida noche de Palermo. Porque, como un buen vino, Rod añejó de la mejor manera, sin caer en el ridículo ni ser una vil caricatura de si mismo.

Embanderado. La estirpe futbolera de Rod Stewart estuvo presente en varios pasajes de la noche, y los colores argentinos cubrieron su cuerpo, que luce una prodigiosa agilidad a sus 73. 

Calificación: Muy bueno

Lista de temas: Infatuation / Having a Party / Have you ever seen the rain / Rhythm of my heart / Some guys have all the luck / Tonight´s the night (Gonna be alright) / Forever young / Downtown Train / You´re in my heart / People get ready / First cut is the deepest / I don´t walk to talk about it / Have I told you lately / Proud Mary / Rolling and trumbling / Hot legs / Maggie may / Da ya think I´m sexy / Baby Jane / Sailing 

Fuente: Pablo Raimondi para Clarín. Fotos: Martín Bonetto 

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