Por esto, Mirtha pierde contra Andy cada sábado

En los programas que compiten en la misma franja horaria, hay invitados que cenan y conductores que preguntan. Legrand está por encima de Kusnetzoff en oficio y sagacidad. Sin embargo, el rating lo gana "PH". Las razones.
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Laureano Manson

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Por esto, Mirtha pierde contra Andy cada sábado

Por esto, Mirtha pierde contra Andy cada sábado

Cuando en julio del año pasado, Telefe puso en pantalla el programa PH, Podemos Hablar, Mirtha Legrand puso el grito en el cielo. El ciclo conducido por Andy Kusnetzoff, y producido al igual que La noche de Mirtha por Endemol, arrancó con un formato muy similar al de la legendaria diva. "Está mal eso, además Andy tiene talento para hacer otras cosas. ¿Por qué me va a copiar si yo no copio a nadie?", dijo la diva y agregó: "Están en una mesa, comen... Ahora comen en todos lados. Yo no copio, que no me copien", descargó con enojo Legrand.

Lo cierto es que a medida que fue pasando el tiempo, el programa conducido por el ex CQC, comenzó a escalar en el rating hasta imponerse sobre La noche de Mirtha. De hecho, durante esta temporada el último batacazo de "La Chiqui" en la audiencia de los sábados, dejó un tendal de críticas. La polémica cena en la que Natacha Jaitt vinculó sin sustento ni denuncia judicial alguna, a conocidas figuras con la investigación por pedofilia en el club Independiente, tuvo una medición con altos picos. Sin embargo, tras el repudio generalizado de los medios y de la opinión pública, Legrand debió practicar una disculpa frente a cámara por los escandalosos dichos de su invitada. Obviamente, ese descargo también obtuvo jugosos puntos de rating.

A partir de ese momento, sábado a sábado, los programas que salen al aire por El Trece y Telefe han jugado sus cartas, y la producción de La noche de Mirtha se ha esmerado por armar mesas que conjuguen coyuntura política, polémicas mediáticas y testimonios de víctimas de los flagelos más diversos. Así y todo, los números de la conductora que está celebrando 50 años en el aire caen en picada, y en el minuto a minuto, hay tramos en los que PH logra ventaja por una diferencia cercana al doble en las mediciones.

El triunfo o la derrota no se define por los invitados

En esta semana, la sorpresiva renuncia de Pampita a la conducción de su programa en Telefe estuvo en el centro de la tormenta, la producción de Legrand convocó a Barbie Simons, ex panelista de Pampita Online y amiga de la modelo. El resto de los comensales fueron Javier Iguacel (Ministro de Energía de La Nación), Julio Bárbaro, Florencia Arietto, Gustavo Pastorizzo (padre de Fernando. Caso Nahir Galarza) y Juan Carlos Peragallo (abogado de Pastorizzo).

Mientras que los productores de PH, Podemos Hablar apostaron por Claudia Fontán, quien se hizo cargo en estos días de estar al frente de Pampita Online. Además, estuvieron Ricardo Alfonsín, Patricia Sosa, Silvina Luna, Mariano Zabaleta y Adriana Brodsky.

Si bien ambos programas abordaron el caso Pampita, en varias ocasiones van por temas absolutamente opuestos. Pero hay algo que es claro: la estelaridad de los invitados no determina el resultado de las mediciones. De hecho, Kusnetzoff nuevamente logró imponerse con figuras que actualmente están lejos de su mayor pico de popularidad, tal es el caso de Sosa, Luna y Brodsky; quienes generaron algunos de los momentos más inesperados de la noche.

Dando en la tecla con el tono sábado

Anoche, mientras en lo de Mirtha el Ministro de Energía Javier Iguacel hablaba sobre las tarifas de luz, en lo de Andy Ricardo Alfonsín interactuaba con total soltura con los restantes convocados, sin privarse de evocar a su padre, el ex presidente Raúl Alfonsín, aunque desde una perspectiva más personal que política.

Ahí está una de las claves del triunfo de PH. El programa de Kusnetzoff hasta hace poco tiempo indagaba en temas de coyuntura social, y paulatinamente se desplazó con éxito a las zonas más intimistas de sus invitados. Para el televidente promedio de sábado en la noche, evidentemente resulta más atractiva la anécdota cotidiana que el debate de ideas.

Del otro lado de la batalla por el rating, Legrand también tiene gran destreza para abordar, y muchas veces acorralar, a sus comensales con temas de su vida personal. Algunos de los pasajes más emotivos de las mesas de Mirtha surgen desde ese preciso lugar. Sin ir más lejos, este sábado Barbie Simons causó tanto impacto contando la estremecedora historia de la exhumación del cadáver de su padre, como refiriéndose al tema de agenda de la semana: la renuncia de Pampita.

La clave está en el formato

En términos de conducción, por oficio y sagacidad Legrand está a años luz de Kusnetzoff. Sin embargo, el programa de Andy fue sumando condimentos que lo hicieron más rendidor en su franja de sábado a la noche.

La supervivencia de la televisión de aire, con una audiencia cada vez más raquítica frente al abundante menú de series y películas que ofrecen las plataformas de streaming, depende de la actualización e incluso del cambio sobre la marcha.

Tanto La noche de Mirtha como PH, cuentan con anfitriones muy entrenados a la hora de dosificar el tiempo de lucimiento de cada invitado. Pero el ciclo de Legrand es claramente menos dinámico para un horario nocturno. Los legendarios almuerzos soportan su clásica estructura, porque los domingos tienen por naturaleza una modorra que permite un formato menos agitado. En cambio, un programa que sale al aire en pleno sábado a la noche, cuando mucha gente está en la previa de una salida, o dispersa entre tantas opciones de entretenimiento; requiere de una dinámica más variada.

Concretamente, Andy no gana el rating por ser mejor conductor que Mirtha, sino porque su producto es más ecléctico. Él y sus invitados van pasando por distintos espacios de esa suerte de casa trazada en el set de televisión, mientras que Legrand va del escritorio donde muestra su vestido y sus joyas, a la mesa que comparte con sus comensales, y allí queda.

Antes de la cena, el programa de Kusnetzoff pasa por un semáforo en el que las figuras pueden obtener luz verde directa de ingreso, o roja que marca una pregunta del conductor que podría resultar levemente incómoda. A pesar de que PH pretende pasar por un programa espontáneo, no tiene casi nada librado al azar. Las luces de ese semáforo están tan predeterminadas como las preguntas del supuestamente agudo anfitrión. De inmediato, sigue la habitación en donde las figuras convocadas avanzan a un punto de encuentro cuando coinciden en las premisas y temas que plantea Andy. El segmento claramente funciona, tanto para el público como para los invitados que van distendiéndose antes de llegar a la mesa.

Dependiendo del rendimiento del rating minuto a minuto, la previa de PH puede extenderse durante una hora. Mientras las cenas de Legrand se estiran durante más de 2 horas, Kusnetzoff saca ventaja con algunos segmentos, como el forzadamente lacrimógeno instante en que los comensales se lavan las manos (esponsor de jabón mediante), y cuentan mirando al espejo/cámara a qué persona que ya no está presente traerían para compartir una tarde. La consigna "trío sexual", con la Andy va a un corte publicitario ya cerca de la recta final del programa, también es rendidora. Es sabido que la mayoría de las figuras no contestarán con la verdad, pero no importa. El gancho igual funciona.

Con respecto al perfil de los conductores, el ex ladero de Mario Pergolini se ha acomodado en un molde que combina una impostada calidez y un seudo coqueteo con la provocación, remarcando que ya no es aquel notero avasallante de CQC, y a su vez constantando que tampoco se transformó en un conductor del todo brillante. De hecho, la diva le saca mil vueltas a la hora de generar un acalorado debate, ya sea con o entre los invitados. "La Chiqui" tiene espalda para lanzar estocadas sin filtro, aún a costa de que algunos de esos dardos la dejen casi debajo de la mesa. Podrá ser amada o denostada, pero frente a cámara Legrand ha potenciado una personalidad a la que Kusnetzoff, en su versión de cuarentón que oscila entre lo canchero y lo políticamente correcto; no podrá aspirar ni en 50 años más en el aire. De todas formas, queda en claro que el triunfo de un ciclo u otro en el rating del sábado a la noche, no depende de la fortaleza ni del talento de sus anfitriones.

Una posible receta para que Mirtha se imponga sobre Andy

Las mesas de Mirtha tienen varios momentos que ella ha transformado en clásicos, tal vez sea sólo cuestión de "aggiornar" un poco el formato. Por ejemplo, en lugar de que la infaltable pregunta fulminante de la conductora llegue en cualquier momento del programa, podría estar anunciada antes de ir a alguna tanda publicitaria. Se sabe que a Legrand le gusta esperar el isntante indicado para hincar el diente, pero tal vez "esa pregunta" podría rendir más como sección, y hasta tener algún un auspiciante que pague una suculenta suma por ella.

Con un poquito de apuesta por lo lúdico, y sin desvirtuar demasiado la habitual estructura del programa de Mirtha, sobre el final de la cena los invitados podrían elegir sobres, por ejemplo de "Verdad" u "Opinión", y pasar otro filoso momento frente a la inquisidora conductora.

Teniendo en cuenta que "La Chiqui" estudia a fondo vida y obra de cada comensal, la producción también podría jugar un poco con secciones ya probadas con éxito en otros ciclos, como la de enfrentar a los convocados a ver hasta qué punto su ideología resiste un archivo del pasado. De hecho, ese recuerdo podría estar directamente relacionado con el paso que han tenido en el programa de Mirtha a lo largo de décadas, ya que la mayoría de los invitados se han sentado en su mesa más de una vez.

No se trata de transformar las noches de Legrand en una experiencia pastiche, que sería desconcertante para ella y sus seguidores. Pero dados unos números que ya marcan casi en rojo, tal vez sea hora de renovar los pasos del menú de esas cenas.

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