Luis Miguel, la serie: embutido híbrido que no llega a culebrón

La producción de Netflix repite códigos narrativos y estéticos de toda serie promedio. Una propuesta desabrida, que no logra captar el espíritu de la era y el ídolo a los que retrata.
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Laureano Manson

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Luis Miguel, la serie: embutido híbrido que no llega a culebrón

Luis Miguel, la serie: embutido híbrido que no llega a culebrón

Luis Miguel, la serie: embutido híbrido que no llega a culebrón

Luis Miguel, la serie: embutido híbrido que no llega a culebrón

Diego Boneta, interpretando a Luis Miguel en modo maqueta

Diego Boneta, interpretando a Luis Miguel en modo maqueta

Luis Miguel, la serie: embutido híbrido que no llega a culebrón

Luis Miguel, la serie: embutido híbrido que no llega a culebrón

Luis Miguel, la serie: embutido híbrido que no llega a culebrón

Luis Miguel, la serie: embutido híbrido que no llega a culebrón

Después de meses de intensa promoción, el domingo de la semana pasada Netflix estrenó el primer episodio de su producción Luis Miguel, la serie. En lugar de colgar en la plataforma la temporada completa, el gigante del entretenimiento on demand apostó a subir un capítulo por semana. Una estrategia en vías de extinción, que tiene que ver con la clásica conquista del espectador cautivo, que espera con ansias durante unos días para degustar su venerada ficción. En tiempos de maratones voraces, en que el público succiona series completas - insomnio de por medio- en cuestión de una noche, la presentación semanal de la flamante recreación de la vida del astro latino; sintoniza en parte con el aire de un pretendido culebrón.

Con un primer episodio, que osciló mayormente entre comienzos y finales de los '80, tiempos en los que Luis Miguel y su familia pasaron diversas penurias en México, siempre al borde de la debacle y el desalojo. Sin medias tintas y jugando al más llano estereotipo, el capítulo debut coloca rápidamente al músico español Luisito Rey como villano del asunto. Se trata del padre de la estrella de la música latina, el hombre que intuyó que "Micky" podía ser una mina de oro. Cuando el niño tenía apenas 11 años, lo presentó en público en una suerte de antro de Ciudad Juárez. La entrega inicial de la serie también mostró a la primera novia de Luismi en sus tiempos de adolescencia, una fotógrafa cuyo romance con el cantante fue saboteado por el manejo que el padre ejercía sobre el naciente ídolo popular.

Con una fuerte factura de producción, la flamante serie se deshilacha en un híbrido desde sus primeros minutos. La propuesta tenía todas las cartas a su favor para jugársela por un melodramón recargado con estética kitsch, que hubiera estado muy a tono con el despegue a la fama de Luis Miguel. Pero no. Opta por el mismo camino de tantísimos productos televisivos, que se han encargado de generar un código rápidamente devenido en lugar común. Por un lado, una narración construida a salpicones con idas y vueltas en el tiempo, focalizando en el protagonista central de la historia, pero también desparramando subtramas y personajes secundarios que son pura maqueta. Por otro, una estética satinada e insípida, que responde a los patrones de cierta prolija "globalización visual", que se ha impuesto de manera uniforme en series de alta producción despachadas en cualquier lugar del planeta.

Los diálogos ultra subrayados y la nostalgia de éxitos como Cuando calienta el sol, que sonó en el capítulo debut, coquetearon con un aire de culebrón de los años '80, pero sin gracia. Esa idea de manejar moldes narrativos y estéticos idénticos a los de todo producto promedio, atentó claramente contra el poderoso e irresistible encanto cutre que tuvieron los primeros pasos de Luis Miguel en el mundo de la fama. En lugar de ir por esa vibra de desmesura, con los tonos estridentes de aquellos aparatosos años '80, la serie de Netflix se limitó en su episodio estreno, a replicar de manera desabrida los peinados y la indumentaria de aquella década. Solamente tomó la cáscara, pero no entendió nada del espíritu y el fervor de esa era.

Cuando se cuentan historias sobre ídolos populares contemporáneos, es más atrapante que estos relatos capten el sabor de su tiempo, y no sólo el supuesto rigor biográfico de la estrella retratada. La verosimilitud en términos de parecido físico entre Luis Miguel y Diego Boneta (Pretty little liars, Rebelde), actor que contó que bajó 10 kilos y se sometió a un tratamiento para separar un poco sus dientes, con el objetivo de dar con la misma sonrisa del cantante; es pura cáscara. La imitación de una batería de gestos y movimientos del astro, podrá lucir más o menos lograda, pero eso no define el resultado general de esta apuesta.

A su vez, como sucede con toda serie o película basada en la vida de una estrella, el hecho de que esta producción cuente con el aval del propio Luis Miguel, implica el consabido riesgo de caer en el exceso de indulgencia hacia su figura, disimulando o pasando por alto sus bordes más sombríos. En los créditos de cierre, se remarca que el guión fue escrito sobre la base de entrevistas con el astro latino, y el libro Luis mi rey, la apasionante vida de Luis Miguel, del escritor español Javier León Herrera.

Más impacto que la serie, han tenido durante estos días varios chimentos sobre la vida del artista en cuestión. Un ex director del Festival de Viña del Mar, aseguró que el padre del cantante le daba cocaína al insipiente astro, cuando sólo tenía 13 o 14 años. También, hace unos días se mostró a la presunta madre del boricua mendigando en las calles porteñas; aunque luego se confirmó que la señora no tiene parentesco alguno con el ídolo.

Con respecto a ese traumático suceso, el capítulo estreno mostró en un breve instante al cantante preocupado por la ausencia de su madre, de quien no se supo nada desde 1985, después de que su hijo le dedicara una canción en un show en el Luna Park. Será cuestión de ver si en alguno de los 12 episodios restantes, hay algún desarrollo interesante sobre la misteriosa desaparición de la mujer.

Por el momento, el debut de Luis Miguel, la serie no dejó nada distintivo, sino apenas un guiño, con el fugaz paso del verdadero ícono en un plano del primer capítulo. El resto fue pura y desabrida fórmula. Un producto tan desapasionado como híbrido.