Fútbol gay: luces en la cancha y sombras en el armario

Una espontánea foto que el islandés Rúrik Gíslason borró de su Instagram, desató múltiples reacciones entre sus nuevos fans. El jugador como objeto de deseo globalizado y el gol que podría sacar al fútbol del clóset.
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Laureano Manson

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Fútbol gay: luces en la cancha y sombras en el armario

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Fútbol gay: luces en la cancha y sombras en el armario

El sábado pasado, en cuestión de minutos, el futbolista islandés Rúrik Gíslason se transformó en el objeto de deseo nacional, cuando en el segundo tiempo del partido que disputó su equipo con Argentina, ingresó en la cancha y desató un aluvión de piropos en las redes. El rubio de ojos claros y 1,84 de estatura, como otros tantos jugadores, podría amasar fortunas tanto en el mundo del fútbol como en el del modelaje.

Antes de pisar el campo de juego del estadio ruso, el volante de la gélida isla europea tenía 40.000 seguidores en Instagram. Un par de días después, ya supera los 400.000. Teniendo en cuenta que la población total de Islandia es de poco más de 300.000 habitantes, queda en claro que la nueva masa de fans que ha cosechado el volante es bien argenta.

Mientras todos los diarios y portales de noticias, horas después del partido del sábado, daban su nota de color con títulos como: "El islandés que enamoró a las argentinas", el staff de Espectáculos y Mediáticos de MDZ Online, stalkeó a fondo la cuenta de Gíslason. A diferencia de las grandes estrellas del deporte o del espectáculo, que abren sus perfiles en las redes sociales ya siendo famosos, y suben fotos generalmente asesorados por sus publicistas o representantes, recorrer el Instagram de un tipo de 30 años, que vive en un país remoto, y que en cuestión de minutos se transforma en una figura internacional; tiene su encanto. 

El título elegido por MDZ fue certero y eficaz: "El islandés más deseado, en la cama con un hombre". La nota, publicada el domingo, es la más vista en este diario en lo que va de junio. Más allá del gancho y el fervor por todo lo que esté relacionado con el Mundial, no puede ser solamente un dato de frivolidad dominical, que una noticia así supere en lecturas al debate por la despenalización del aborto. Muchas veces, todo aquello que es tildado de banal en la superficie, en sus repliegues se abre a más de una perspectiva de análisis. Allá vamos. 

La poronga en Saturno

El perfil de Instagram de Rúrik Gíslason combina imágenes de su performance como futbolista, algunas vacaciones paradisíacas, y un puñado de espontáneos retratos familiares. Para todo stalker intenso, eso no es suficiente, y por ende es capaz de curiosear desde las fotos más recientes, hasta los posteos más remotos del personaje que ha decidido indagar. Y allí fue precisamente cuando, ¡oh sorpresa!, saltó ante la vista de muchos la divertida instantánea que tomó algún amigo de Gíslason, que muestra al jugador durmiendo casi "en cucharita" con un hombre en la cama. El futbolista acompañó la simpática imagen con un comentario, que apelando a algún traductor en la web, nos permite desentrañar que dice: "Estás buscando una cuchara. ¡Salí de la casa!".

A mitad de camino entre el juego y la sorpresa, muchas argentinas volcaron su impresión de la foto. Con el variopinto despliegue característico de las redes sociales, donde las expresiones oscilan entre lo directo y lo desopilante, algunas de las chicas lanzaron: "Acá media Argentina comentado de este bombón y llegamos tarde, es gay", "Jajajaja acá no entendemos de límites para el stalkeo", "Todas las argentinas vinimos a pajerearnos con el chabon y bue jajajaja", "Pinchó viajar a Islandia", "No, Dios esto es demasiado. Quiero ser ese acolchado". No faltó quien peguntó con un rapto de exaltación: "Alguien sabe con certeza si es su pareja..?????? Necesitamos información desde Argentina". A lo que otra usuaria respondió: "¡Es su compañero, el que sale en la próxima foto! El cual está casado con una mujer. Sólo son amigos". En el festín de creatividad expresiva de los seguidores de nuevas o consagradas estrellas, hasta las palabras más vulgares pueden cobrar alto vuelo para ilustrar con contundencia una idea o sentimiento. Es el caso de una flamante fanática del jugador islandés, quien enfatizó su repentina decepción con la hilarante frase "La poronga en Saturno".

Frente a la foto en cuestión, los varones argentinos armaron un cuadro con opiniones divididas en dos equipos: los que no entendieron ni entenderán nada (es decir los que bastardearon al islandés por "futbolista presuntamente gay"), y los que rieron con complicidad porque alguna vez (sin intención sexual alguna) se despertaron en situación semi cuchara con un amigo.

Este martes sorpresivamente, la inocente imagen del volante europeo junto a un amigo "desapareció" de su cuenta de Instagram. Una medida absurda, seguramente aconsejada por algún representante o asesor de imagen. Si Gislason es gay o no, es absolutamente irrelevante. Pero la decisión de quitar esa foto de su perfil en Instagram, refuerza la rancia atmósfera de homofobia que rodea al fútbol, incluso frente a la idea de que alguien suponga que tal o cual futbolista pueda ser homosexual.  

Luces en la cancha y sombras en el armario

Por ahora, Rurik Gíslason está muy ocupado en el Mundial. Cuando vuelva a su isla, tal vez se tome un tiempo para desentrañar, con las insólitas variaciones de los giros argentos que le ofrezca el traductor de Google, los múltiples comentarios que captó su simpática foto. Si decide venir a nuestro país, no faltará quien lo invite a dar una vuelta.

Más allá del humor, el intenso revuelo de la imagen del futbolista durmiendo en la cama con un amigo, admite otras capas de lectura. Repetimos, si el jugador en cuestión es gay, no tiene relevancia. En caso de que lo fuera, lo único que podría resultar triste, es que tenga que vivir su sexualidad obligadamente dentro del armario. En el mundo del fútbol, son pocos los jugadores que se atreven a exponer su identidad gay. Una cosa es que elijan no plasmar su vida privada en la esfera pública, por absoluta decisión personal. Otra muy distinta es que dada la coraza de homofobia que va desde la cancha hasta la hinchada, no les quede otra que limitar su intimidad a un círculo tan pequeño como asfixiante.

Hace casi una década, la tira Botineras alcanzaba altos picos de rating, focalizando en un romance que mantenían un par de futbolistas a escondidas. Con una doble vida, los personajes vivían el sexo entre la culpa y la represión. Aparentemente, nada ha cambiado demasiado desde la historia propuesta por aquella ficción. La visibilización de la identidad gay dentro del fútbol va a paso lento. Obviamente, sucede lo mismo en otros deportes, y también alrededor de algunos oficios o profesiones en los que el velo homofóbico sigue siendo demasiado espeso.

Hay que destacar iniciativas que tienden a que espacios tradicionalmente machistas se vuelvan más inclusivos, por ejemplo el Huarpes Rugby Club, que adoptó como eslogan: "Tackleando prejuicios". El equipo mendocino, cuyos fundadores son gays, cuenta con cerca de 40 jugadores, homosexuales y heterosexuales. Nuestra provincia está postulada como sede finalista de la próxima Copa Bingham, un evento mundial que hace pocos días se  desarrolló en Amsterdam, y donde compiteron más de 70 equipos internacionales de rugby gay.

El futbolista como fetiche y la chance de un gol histórico

Otra arista a tener en cuenta en medio del revuelo por Rúrik Gíslason, tiene que ver con cierta elevación del futbolista como objeto de deseo de una buena porción del mundo. Sobre gustos y fetiches no hay nada escrito. Hay miles de chicas y chicos que pueden sentirse atraídos por estrellas del fútbol y su estilo de vida. Aunque claro, por lo anteriormente expuesto, son pocos los varones que tienen la chance de formar una pareja visible con un jugador.

A su vez, si bien los hinchas más tolerantes, se empeñan en señalar que la homofobia en el fútbol es producto de una sociedad que odia porque está enferma; también es justo remarcar que ese rechazo no viene de un plato volador social. Los futbolistas y la hinchada también tienen su parte en la gestación y la perdurabilidad de sus fobias, armarios y prejuicios.

Sería revelador que en el país más extenso del mundo, ese que es fuertemente hostil con la comunidad LGBTQ, allí mismo donde en este momento se está jugando el Mundial, jugadores y "botineros" puedan expresar su amor; dando un primer paso para barrer con todo aquello que atrasa. Rusia recibiría un merecido penal por su retrógrada intolerancia, y el fútbol podría hacer historia con un gol que atraviese las puertas del clóset.

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