El método Kominsky: una comedia hecha por grandes

Un productor acostumbrado a generar éxito tras éxito y dos actores legendarios son la carta de presentación de una serie que no defrauda. Un actor y su representante descubren lo bueno y lo malo de envejecer en una serie cálida y simpática, ideal para maratonear.

Francisco Pérez Osán

El método Kominsky: una comedia hecha por grandes

El método Kominsky: una comedia hecha por grandes

¿Qué pasa cuando un maestro de la comedia se junta con dos actores magistrales en sus “años dorados”? La respuesta es The Kominsky method (El método Kominsky), una sitcom que consiguió juntar al creador de éxitos Chuck Lorre y a los actores Michael Douglas y Alan Arkin.

Lorre tiene bien ganada su reputación como el “Señor Sitcom”. Algunos de los títulos en su haber son Dharma y Greg -esa es para los más memoriosos-, y un par de éxitos más o menos impactantes: Two & a half men y The big bang theory. Sí, Lorre creó las dos comedias más exitosas de los últimos 10 años, verdaderas máquinas de ganar audiencia y dólares. Puede ser que a cierta parte del público no le gusten, pero hay otra muchísimo más numerosa que sí las disfrutó lo suficiente como para transformarlas en hitos.

Con The Cominsky method,Lorre cambia su estilo rotundamente. Lejos de los chistes fáciles y la comedia más clásica, el productor eligió aggiornarse a los tiempos que corren, y se acerca -no del todo- al estilo de una sola cámara que está en boga actualmente, y cambia la temática del absurdo que cultivó en sus últimos éxitos a algo mucho más humano: la vida en la vejez.

Ahí es cuando entran los excelentes actores que encarnan a los personajes principales. Douglas es Sandy Kominsky, un simpático actor que irónicamente fracasó en la actuación, pero tuvo bastante éxito enseñando a actuar, y Arkin es su mejor amigo y representante, Norman Newlander, un clásico cascarrabias que se consigue hacer querer. La historia parte de un hecho que modificará sus vidas para siempre: la muerte de la esposa de Norman.

A partir de ese momento el mundo que conocían se desvanece, y mientras uno, Sandy, intenta adecuar su estilo de vida a su edad -setentaytantos-, Norman tratará de encontrarle sentido a su vida sin su esposa. El trasfondo lo dan las dificultades de envejecer, como la muerte de los amigos, los problemas de salud (algunos tratados con más dignidad que otros), la vida de los hijos ya sean cercanos o no tanto y la temida soledad.

Lo mejor de la serie es, por un amplio margen, las actuaciones de dos maestros como Douglas y Arkin. Uno inventándose a un fracasado irresistiblemente simpático y el otro consiguiendo formar un personaje entrañable, que mezcla muy bien la ternura y la misantropía. El reparto de actores secundarios consigue seguirle el ritmo, y alguno hasta brilla con luz propia, como Sarah Baker, quien interpreta a Mindy, la hija de Sandy. Los invitados son también bastante impresionantes, con un par de lujosas sorpresas a lo largo de los capítulos. 

Claro que nada es perfecto, y algunos de los vicios de Lorre se mantienen, especialmente en lo que respecta al humor escatológico o fuera de lugar, tan cultivado en Two & a half men. La muestra más acabada de esto son las apariciones de Phoebe, la hija de Norman. Su adicción a los calmantes se toma más como un chiste que como otra cosa, algo incomprensible, sobre todo si tomamos en cuenta que Estados Unidos, país de origen de la serie, está pasando por uan devastadora epidemia de adicción a los opioides. De todas maneras, no alcanzan para empañar lo que termina siendo un cálido homenaje a la amistad, a través de problemas más o menos graves. 

Con ocho episodios de alrededor de media hora, The Kominsky method es ideal para “maratonear” durante algunas noches frescas de verano. Los capítulos se pueden ver en Netflix.

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