El Indio en Olavarría: el rock como todo llanto

Anoche, lo que debería haber sido una fiesta terminó con sabor amargo. Otra tragedia tiene al rock nacional como protagonista. Es momento de ponernos a pensar por qué volvemos a equivocarnos una vez más como sociedad.
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Gonzalo Arroyo

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El Indio en Olavarría: el rock como todo llanto(Clarin)

El Indio en Olavarría: el rock como todo llanto | Clarin

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El Indio en Olavarría: el rock como todo llanto

El Indio en Olavarría: el rock como todo llanto

Se presentó el Indio Solari en Olavarría, la misma ciudad que lo prohibió hace 20 años cuando estaba al frente de Partricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Esta vez, lamentablemente, el saldo del concierto tuvo sabor a tragedia, bronca e indignación.

A medida que la noche transcurría nos íbamos enterando por las redes sociales sobre distintos datos que harían que este show sea recordado por siempre. Las primeras cifras hablaban de casi 300 mil personas en el predio La Colmena, lo que lo transforma en el concierto pago más convocante de la historia del rock nacional. Pero una vez finalizado el mismo, la información se volcó hacia rumores de incidentes, accidentados y muertos. Una noticia de esta naturaleza cambia de raíz la mirada que debemos tener sobre el suceso en sí. Deja de ser un mero evento multitudinario para convertirse en una posible fatalidad.

Creo que acá recae el tema más importante en cuestión: la vida de las personas. Ningún concierto, partido de fútbol o evento multitudinario es más importante que la vida de alguien. Entonces me pregunto ¿alguno de la producción del concierto, de los medios de comunicación, de la dirigencia política y finalmente de la sociedad en su conjunto -no de personas individuales con su posturas particulares- pensaron verdaderamente en las víctimas de todo esto? Me cuestiono esto porque se viene hablando de tragedia desde que el Indio decidió volver a los escenarios como solista luego de terminado el ciclo con Los Redondos, etapa que también era señalada como una posible desgracia cada vez que se presentaban en vivo. Entonces, si TODOS sabíamos que esto iba a ocurrir porqué nadie hizo nada al respecto. Está claro que, con el diario del lunes, todos somos unos analistas fantásticos.

Noticias de ayer... extra, extra.

Ya lo decía Hermética en uno de sus clásicas canciones: "Cuando el humano se hunde, siempre busca un responsable". Encontrar un responsable es fundamental ya que hay vidas en torno a esto. Que se busquen a los reales y no a los perejiles. Esperemos que esta vez los responsables no sean la música o las víctimas. El caso de Cromañón es un claro ejemplo de esto. La música no mata, pero si la falta planificación, organización, la desidia política, la corrupción, los intereses económicos, los políticos oportunistas y el Estado ausente.

Luego de intentar reflexionar, y darle mil vueltas al asunto, creo que el fenómeno que genera el Indio Solari es incontrolable. Esto se les fue de las manos hace tiempo. Un artista que logra una convocatoria mínima mayor a las 150 mil almas por presentación es un hecho a tener en cuenta. Lo que sucedió podría haber pasado antes, pero también no suceder nunca. Los que tuvimos la posibilidad de asistir personalmente a algunos de estos conciertos -tres veces en mi caso- notábamos que esto se podía desmadrar en cualquier momento. El solo hecho de un escaso, y hasta nulo, control de ingreso generó que muchos ya ni siquiera compraran la entrada -"si total ni te la piden"-. De esta forma tenemos como resultado amontonamientos, empujones y corridas a la hora del comienzo del show. Además, es imposible saber cuánta gente se hizo presente verdaderamente.

Pienso que el Indio tendría que haberse bajado hace tiempo y no terminar su carrera, al menos sobre los escenarios, de esta forma. No lo merece, un tipo que hizo tanto por lo que más amamos. Pero tampoco podemos dejar pasar que acá hubo gente que perdió la vida en uno de sus conciertos. La Justicia deberá investigar y determinar ahora quienes son los verdaderos responsables y nosotros como sociedad reflexionar sobre las culpas que también nos tocan.

Violencia es mentir

El trato que hicieron los medios de comunicación requiere de un capítulo aparte. Muchos estaban más interesados en buscar una tragedia que informar realmente lo que estaba sucediendo. Por ejemplo el caso de Télam que publicó pasada la una de la madrugada "Hay siete muertos", citando un tuit de una persona y no una fuente fidedigna. Al ser la agencia de noticias del Estado muchos medios replicaron la información. Lo mismo pasó con La Nación, quienes comunicaron: "Los fallecidos serían en total diez, siete de ellos menores de edad y tres adultos". La información oficial llegaría recién a las 4.30 de la mañana: dos personas fallecidas mayores de edad. Obviamente los medios editaron sus títulos... y acá no pasó nada.

Sinceramente el periodismo debería hacer un mea culpa y preguntarnos realmente qué es lo que queremos informar, en qué momento y con qué objetivo o intención. Durante más de tres horas estos datos erróneos, y obviamente sin chequear, deambularon por toda la web generando preocupación en los que tenían a algún ser querido en el lugar. ¿Queremos informar y buscar la verdad, o es más importante generar lecturas y llegar antes a la primicia cueste lo que cueste?

En estos momentos sigo escuchando a los medios comparar esto con Cromañón. Que esto sea "otro Cromañón" es vendible, pero no es real. Si lo hubiera sido, las víctimas fatales se contarían por cientos. Acá no hubo una avalancha producto de un incendio con las puertas de evacuación cerradas con cadenas. Existió una situación complicada que conllevó a este número de muertes y personas aún internadas, pero no salgamos a hacer comparaciones pretenciosas buscando nuevamente el shock mediático y respetemos de una buena vez a los pibes que salieron a ver un concierto de rock y nunca más volvieron.

El problema es que antes de Cromañón se habló, pero no había nadie que quisiera escuchar. Por eso recomiendo la lectura de "El Rock perdido" de Sergio Marchi. Un libro que intentó oficiar como una historia del público del rock argentino, y tratar de situar sus cambios y evoluciones, para poder explicar algo de la naturaleza de la tragedia de Cromañón. Fue escrito con la desgracia ya consumada, e intentó señalar algo obvio: aprendamos de nuestros propios errores o volverá a suceder.