Crítica: La sanadora revancha de Vendimia

La puesta de "Constelación del Vino" le devolvió al Acto Central la belleza perdida en los últimos años, y una merecida ovación a todos sus artistas.
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Laureano Manson

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Con casi 900 artistas en escena, el cuadro final de "Constelación del Vino" levantó la ovación del público.(Alf Ponce / MDZ)

Con casi 900 artistas en escena, el cuadro final de "Constelación del Vino" levantó la ovación del público. | Alf Ponce / MDZ

Crítica: La sanadora revancha de Vendimia(Alf Ponce / MDZ)

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Crítica: La sanadora revancha de Vendimia

Crítica: La sanadora revancha de Vendimia(captura de video)

Crítica: La sanadora revancha de Vendimia | captura de video

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Crítica: La sanadora revancha de Vendimia | Alf Ponce / MDZ

Cada año, antes de sentarnos a ver el Acto Central de la Fiesta de la Vendimia, sabemos de antemano de qué va el asunto. Un compendio de cuadros preestablecidos se repiten a rajatabla, dejando en claro que no se trata de un espectáculo que va por el factor sorpresa. El agua, los huarpes, la fundación de Mendoza, la Virgen de la Carrodilla, los inmigrantes, San Martín y la industria del vino; son algunas de las inevitables viñetas que se despliegan desde hace varias décadas sobre el escenario del Frank Romero Day.

Dentro de una estructura tan rígida, sólo existen dos posibilidades de darle vuelo creativo a la fiesta mayor mendocina. Una de ellas tiene que ver con el riesgo narrativo, opción raramente incursionada en la larga historia de este tradicional evento. Otra chance está vinculada con el trazado de una puesta escénica que ensamble belleza y teatralidad.

Constelación del Vino, el espectáculo escrito por Arístides Vargas, y dirigido por Vilma Rúpolo junto a Guillermo Troncoso; se inclinó con notable dignidad hacia la segunda vertiente. Con destellos de creatividad y una contundente destreza como puestistas, la dupla de directores demostró que a pesar de no contar con el promocionado arsenal de drones volando; supo mantener la atención del público con recursos más nobles que pirotécnicos.

Con una estructura de 12 actos, subdivididos en varios cuadros, Constelación del Vino combinó momentos de solvencia con algunas mesetas. En determinadas instancias, la apuesta por giros innovadores, como el de la escena de la fundación de Mendoza, resuelta en una mixtura que jugó entre lo bufonesco y las convenciones de la comedia musical; tuvo una impronta de frescura que se diluyó por la larga duración del cuadro. Lo mismo sucedió con el extendido paseo multicultural durante el acto de los inmigrantes. El espectáculo completo llegó a los 80 minutos, cuando en un formato más ajustado, podría haber redondeado a la perfección en poco más de una hora.

El momento de mayor ovación por parte del público coincidió con el paso de San Martín sobre el escenario. También fue un instante cumbre a nivel de puesta. Por un lado, la plasticidad con la que se evocó al prócer nacional, amalgamando su figura con las blancas nieves de la cordillera. Por otro, los gendarmes desatando un vigoroso malambo, cuya figura central en la pasarela fue una ex reina de Rivadavia, que con arrolladora energía, se ganó el aplauso unánime del teatro griego. La gesta sanmartiniana adquirió aquí, una resignificación con la revolución femenina que hoy sacude los paradigmas machistas del mundo. La decisión de poner a una poderosa chica en el centro de esa escena, fue sin dudas uno de los grandes aciertos de Rúpolo/Troncoso.

Más allá de los cuadros arengadores, Constelación del Vino encontró su punto justo en las instancias más contemplativas. Entre ellas las dedicadas al agua, la Virgen y el vino. A la elegancia de la puesta, con las características bailarinas aladas de Vilma Rúpolo, se sumó el lucimiento del vestuario, la iluminación y los videos proyectados. Esta vez, las pantallas LED (incluyendo una sobre el piso del escenario), estuvieron armoniosamente dispuestas, y por primera vez en años; las visuales estuvieron a la altura de las circunstancias.

Desde lo musical, el ensamble dirigido por Juan Cucchiarelli y Joaquín Guevara, logró navegar los territorios del malambo, la cueca, el tango, la chacarera; y también subirse al festejo de una tarantela, una rumba flamenca o al ska de La Skandalosa Tripulación. Músicos y cantantes tan virtuosos como versátiles, aportaron todo su caudal a la exuberante lista de canciones y temas instrumentales. En la puesta, construida con escenarios dispuestos en tres niveles, ellos ocuparon un cuarto piso, sobre una plataforma suspendida por encima del escenario. En la transmisión televisiva, la imagen de instrumentistas e intérpretes reforzó la atmósfera del espectáculo. En vivo, dada la distante ubicación y la escasa iluminación sobre la banda, su presencia no terminó de cobrar la merecida relevancia.

En el ensayo final del viernes en la noche, Vilma Rúpolo dijo en algún momento por micrófono: "Somos artistas e ingenieros", en referencia a la capacidad operativa que tuvo el equipo de Constelación del Vino a la hora de sortear toda clase de obstáculo o imprevisto. La creatividad de la dupla Rúpolo/Troncoso, labró una poderosa alianza con la dedicación del staff completo de bailarines, actores, músicos y técnicos. Todos ellos, lograron superar las fallidas propuestas de los últimos años, en un espectáculo que además funcionó como un abrazo sanador para los artistas, que en 2017 no sólo debieron soportar la caída de una mastodóntica grúa; sino también la falta de solidaridad entre pares, la indiferencia de varios funcionarios y el desdén de gran parte del público. El triunfo de esta fiesta es una reivindicación del trabajo de todos sus hacedores. La ovación les devuelve el respeto con el que debemos seguirlos, en toda oportunidad que podamos, en cada pequeño o gran escenario donde se presenten. 

Constelación del vino

Autor: Arístides Vargas

Dirección general: Vilma Rúpolo y Guillermo Troncoso

Producción artística: Ester Liliana Bermúdez y Demián Parmeggiani

Producción ejecutiva: Patricia Inés Baldín

Asistente de producción: Laura Rodríguez

Dirección coreográfica, danza folclórica: Franco Agüero y Virginia Paes

Dirección coreográfica, danza contemporánea: Marcela Nadal

Dirección actoral: Victor Arrojo

Dirección musical: Juan Cucchiarelli y Joaquín Guevara 

Diseño de sonido: José Segovia

Diseño de luces: Santiago Chaab

Efectos especiales: Adrián Bustos

Vestuario y maquillaje: Marcelo Mengarelli

Utilería mayor: Bruno Cazzola

Utilería menor: Damián Belot

Responsable video y filmación: Cecilia Agüero


Temas
  • Constelación del Vino
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