Chino Darín confesó el momento más oscuro de su carrera

A solas con MDZ, y a días del estreno de "El Ángel", el actor cuenta cómo la película de Luis Ortega lo levantó de una tenebrosa experiencia. Además, habla de su trabajo en España y su debut como productor con "El amor menos pensado".
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Laureano Manson

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En una charla todoterreno a solas con MDZ, Chino Darín habló sobre varios aspectos de su vida profesional, ensamblados con algunos reveladores momentos de su presente personal. Desde su contundente actuación en El Ángel, la película sobre el legendario asesino Carlos Robledo Puch, que se estrena el jueves próximo en los cines del país, hasta su agitada agenda laboral en España, su debut como productor con El amor menos pensado; y un traumático momento que pudo significar el final de su carrera como actor. Un recorrido apasionante por el mapa de un artista sub 30, que a puro motor de inquietud, se transforma en una ilimitada usina creativa.

- Siempre se piensa que para un actor es un plus volver a trabajar con un mismo director. Con Luis Ortega, viviste una experiencia clave en tu carrera con Historia de un clan. ¿Cómo ves tu evolución desde ese momento hasta hoy y qué sentís sobre la dinámica de trabajo entre ustedes?

Creo que hemos crecido, por separado y en conjunto. Por momentos, siento que ha pasado mucho tiempo desde Historia de un clan, y después cuando pienso en los detalles de ese 2015, creo que fue ayer. El rodaje de El Ángel empezó el año pasado, así que mi trabajo con Luis forma parte de una misma etapa de mi vida. Haber laburado con él, me abrió la puerta para ir a trabajar a España, y eso a la vez fue la consecuencia de conocer a mi novia. Son muchas cosas en poco tiempo. Hoy me siento con más herramientas, que fui adquiriendo en el proceso y en esta cosa de supervivencia de ir conquistando nuevos pequeños territorios.

- Trabajar con Luis Ortega supone de antemano una garantía, pero con respecto a El Ángel, cuando leíste el guión, ¿qué te llevó a decidir a formar parte de la película?

Yo estaba dentro del proyecto desde antes de leer nada. Cuando terminamos Historia de un clan, Luis me dijo que tenia una historia de Robledo Puch en la cabeza. Yo le pedí que me mantenga al tanto. Después, cuando él estaba escribiendo el guión, me dijo que tenía un personaje para mí. Yo no necesitaba más que eso, porque me moría de ganas de volver a trabajar con él. Todo lo que después encontré en el guión fue un plus, porque me ofrecía la posibilidad de interpretar a un tipo sin tapujos. Si bien lo que hicimos en Historia de un clan era lanzado, se trataba de una familia en la que había mucha planificación, con un sistema infecto dentro de una casa en la que mi personaje vivía todo con mucha carga y culpa. En cambio, mi personaje en El Ángel es totalmente diferente, va para adelante y lo que se le cruce se lo va a llevar puesto.

- ¿Cómo fue tu interacción con un debutante como Lorenzo Ferro? Ustedes hacen de compañeros de colegio, y más allá del buen trabajo de caracterización de tu personaje, es notoria la diferencia de edad, un detalle que no molesta porque la película no está trazada desde la idea de que todo sea estrictamente verosímil.

Había algo que nos atraía de esa diferencia de edad, de que los personajes tuvieran una cosa de que más allá de ser compañeros, uno fuera un hombre y el otro casi un chico. Ahí hay una dualidad en donde Ramón tiene una carga masculina de un tipo, y Carlitos esa cosa andrógina de la adolescencia en donde todo es muy indefinido.

- La película tiene el plus de que se permite la inversión de roles entre el dominante y el sometido.

Todo el tiempo. Los protagonistas chocan y se atraen con una energía que va cambiando a lo largo de la película. Todos los personajes tienen un arco y un vuelco muy interesantes. 

- Muchos colegas de la prensa, hicieron una lectura de la película desde la preponderancia de un vínculo homoerótico. Yo la viví más desde la tensión sobre los roles de poder en una relación, donde más allá de la recreación que Luis Ortega hace de comienzos de los '70, se está hablando de la forma en que nos relacionamos hoy, que puede ser común entre personas de 20, 40 o 60 años. Nos acompañamos como podemos, nos usamos, nos explotamos y nos descartamos; todo sin carga moral alguna.

Para mí el valuarte que tiene esta película, tiene que ver justamente con eso. Luis toma una etapa muy definida e identificable de los años '70, y transforma toda esta historia en algo súper vigente. Un poco por lo que vos decís sobre el carácter descartable de las relaciones, otro poco por este espíritu new age de vivir el ahora, de las libertades personales, de aprovechar el momento. Luis retrata a Carlitos, que es una persona condenada social y éticamente por todos, mirándolo más allá de los actos que cometió. Hay una búsqueda sobre qué es lo que hacía ese chico en ese camino de destrozos.

- Hablando con actores, me han contado que muchas veces hay escenas que parecen sencillas de resolver, y luego se vuelven extremadamente complicadas. ¿Te pasó eso en algún momento puntual durante el rodaje de El Ángel?

Me pasó con la primera escena que rodamos en el primer día, que es la que más habíamos ensayado. Esa escena no quedó en la película, y yo sabía que no iba a quedar. Particularmente, le pedí a la producción si podían poner un día de retoma, porque sabía que si eso quedaba, no iba a ser bueno para mí ni probablemente para nadie. Me fui con la clara sensación de que había algo que no estaba funcionando, y creo que ese fue el puntapié inicial para que diéramos en la tecla con la relación de mi personaje con el de Carlitos.

De las escenas que sí quedaron, la que más me costó hacer y en la que más sufrí, fue en la que aparezco cantando en televisión. Es algo medio insospechado, porque obviamente hay escenas mucho más jugadas, pero tiene que ver con los pruritos que uno tiene. A mí me da mucho calor cantar y bailar en público, además era una canción de Palito Ortega. Estaban Palito y los hermanos Ortega, todos mirándome. Después lo terminé disfrutando, pero en el momento transpiré como testigo falso (risas),

- Para vos fue difícil resolver esa escena, y en la película tenés un par de momentos de exposición física que a un actor le podrían resultar particularmente incómodos....

El día en que filmamos una de esas escenas deber ser la jornada en que peor me he sentido en un rodaje. Estaba muy mal, completamente descompuesto desde el día anterior, había tenido 39 y medio de fiebre. Me dolía la cabeza, estuve intentando no ir a rodar, pero no por esa secuencia puntualmente, sino porque realmente me sentía mal. Estaba todo el tiempo transpirando, además estaba todo hinchado, y eso sí que te da pudor. Cuando tenés que hacer una escena de exposición física, y estás en ese estado, te cuesta, porque querés estar lo mejor posible. La pasé como el culo, hasta que me entregué y dije "esto hay que surfearlo", mejor que quede esa escena y no haber pasado por lo mal que me sentí todo ese día.

- Hay otra escena de exposición, con una situación de sexo oral.

En esa nos cagamos de risa.

- Más allá de la explicitez, no sé si serás vos quien le pone el cuerpo integralmente a esa escena, o si hay un doble o retoques digitales.

(Risas cómplices) Tampoco sé.

- Con respecto a todos los trabajos que estás haciendo en España, cómo te sentís profesionalmente en un contexto de producción que tiene sus diferencias con respecto al de nuestro país.

Me han convocado de muchos proyectos. Una de las últimas películas que hice allá (Las leyes de la termodinámica), se va a estrenar en Netflix a fines de agosto o principios de septiembre. Me siento muy bien recibido y tratado. Hace un par de años, ni sospechaba que iba a estar trabajando en España. También lo disfruto mucho porque es tener acceso a otra idiosincracia, a otra forma de trabajar. De alguna manera, ellos tienen una historia del cine un poco más solemne. Aquí en Argentina, por una cuestión de diferencias presupuestarias, tenemos ese impulso de que podemos con todo, resolviendo las cosas con un palito y un alambre muchas veces las películas salen bien. Ellos trabajan con estructuras muy sólidas, es todo mucho más verticalista.

- Cosa que también tiene su margen de error, por ejemplo vos formaste parte de una gran producción como "La reina de España", que no funcionó en la taquilla. Muchos atribuyeron el fracaso comercial de esa película a algunas declaraciones de su director, Fernando Trueba, quien dijo "Nunca me he sentido español".

Fue una producción descomunal, la pasamos increíble durante el rodaje. Es incomprobable saber qué hubiera pasado sin esas declaraciones de Trueba. Lamentablemente, eso manchó el desarrollo de una película que podría haber tenido otro recibimiento. Pero más allá de eso, es una experiencia que disfruté muchísimo.

- Sos un tipo muy inquieto, siendo un artista sub 30, acabás de debutar como productor con El amor menos pensado, que protagoniza tu viejo, quien también hace su primera incursión en la producción.

Estamos en plena revolución, familiar y societaria. Es algo que estamos descubriendo juntos. Es un lugar en donde el camino no hace tanta mella como en la actuación, porque estamos entrando los dos casi al mismo momento.

- ¿Qué cosas comprendiste sobre el hecho de hacer cine que no las habías visto desde tu lugar como actor?

Comprendí que todo es un quilombo increíble (risas), que la cantidad de cosas que hay que resolver desde la concepción de una idea hasta la proyección en una pantalla de cine para el público, son realmente muchas; y algunas de ellas son bastante bizarras.

- En el saldo final, ¿fue una experiencia que te estimula para seguir produciendo otras películas?

Sí, de hecho fue una idea mía la de armar esta nueva usina. En el caso de mi viejo, desde hace muchos años forma parte de las películas en roles que exceden muchísimo el de ser actor. Han sido muy desagradecidos hacia el sacrificio y el esfuerzo que él pone en cada propuesta, porque lo consultan desde el momento en que empiezan a escribir los guiones, hasta la hora de conseguir la financiación; y también le piden sugerencias sobre el equipo técnico y el elenco. Entonces, desde antes de empezar a rodar, él ya se involucró en un montón de tareas que tienen que ver con las de un productor. Y también le preguntan por varias cosas que tienen ver con lo artístico, yo lo he visto dejar sangre, sudor y lágrimas, porque mi viejo es el tipo más laburante que conozco. Hasta en la instancia de edición, lo tienen ahí presente. En definitiva, no ha recibido el agradecimiento que merece.

- Claramente, Ricardo es desde hace rato una suerte actor, consultor y productor...

Hace todo. A mí también me empezó a pasar un poquito esto, de que llegan consultas sobre el guión, el personaje; y muchas cosas que me hicieron entender lo que mi viejo vive desde hace años. De ahí la idea de crear proyectos y tomar decisiones desde nosotros. A futuro, parte de nuestro proyecto es involucrarnos con historias que valga la pena contar y que no necesariamente tengamos que ponerle la cara y el cuerpo.

- Hablando de tu padre, y sin entrar en el terreno de las declaraciones en su contra que hizo Valeria Bertuccelli, Ricardo ilustró hace unos días su sentimiento con una palabra que tiene una carga muy visual y conceptual. Habló de "erosión". Quiero llevar ese concepto a tu vida personal o profesional. Sos el objeto de deseo de media Argentina y de media España...

(Riéndose) Más o menos.

- Yo ya me bajé, hay demasiadas personas deseándote. En un punto puede ser divertido, o tal vez te resulte agotador. Más allá de eso, ¿en qué momento te has sentido erosionado profesional o personalmente?

El año pasado hice una película que se va estrenar en septiembre si Dios quiere, o mejor dicho si los distribuidores quieren. La película se llama La noche de 12 años. Para el personaje que hago en esa historia, me tuve que someter a una dieta que siempre vi como un (enfatizando irónicamente) un "desafío actoral". Una cosa naif y pobre de mí, porque la verdad es que fue un abismo total. Me volví completamente neurótico y me puse en riesgo real, tanto a nivel de salud física como psicológica. Puse en riesgo también mis relaciones personales y quedé completamente trastornado. No quería actuar nunca más en mi vida después de haber terminado esa película. Justamente, tras finalizar ese rodaje, empecé a buscar formas, como la de generar una productora, para no tener que volver a trabajar como actor. En el medio de ese desconsuelo, Luis Ortega me convoca para fimar "El Ángel". Yo tenía una deuda moral con él porque me apasiona su trabajo. Y así como pudo ser el peor momento para actuar en una película, porque yo estaba totalmente desmoralizado, "El Ángel" me levantó como una patada en el culo.

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