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Artistas de Vendimia: ¿Una eterna historia de maltrato?

Frente a cada reclamo de los protagonistas del Acto Central, los gobiernos y parte del público han optado por descalificarlos. La deuda hacia los artífices de Vendimia.
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Laureano Manson

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Artistas de Vendimia: ¿Una eterna historia de maltrato?

Desde hace mucho tiempo -imposible precisar a partir de cuándo- el Acto Central de la Vendimia pasó a ser más un embutido político y comercial; que un hecho artístico. Año a año, se repite el sistemático ritual de despropósitos, y allí, siempre en el ojo de la tormenta; los artistas. A pesar de que ellos son los verdaderos protagonistas del tradicional evento provincial, el tratamiento que históricamente han recibido está lejos de la dignificación de su trabajo. Más bien, todo lo contrario.

Si bien es un clásico de cada temporada vendimial, el hecho de que flote el fantasma de la suspensión del Acto Central a partir de diversos reclamos de los artistas; lo cierto es que las veces que el espectáculo se pospuso o canceló, tuvieron más que ver con contingencias climáticas o coyunturales; que por determinación del staff artístico. En 1956, tras el golpe militar del año previo y una epidemia de poliomelitis, la fiesta fue suspendida. Mientras que en 1985, el gobierno de Felipe Llaver canceló la celebración por la aguda situación ocasionada por el terremoto que en aquel entonces azotó a Mendoza. 

El único antecedente que involucra a los artistas como factor determinante a la hora de levantar una función, fue en 2011 cuando las repeticiones de la fiesta Los rostros de la Vendimia, de Walter Neira, fueron canceladas por un reclamo de actores y bailarines que no recibieron las habituales entradas de regalo para sus familiares. En esa oportunidad, el público arrojó cuanto objeto tuvo a mano hacia el escenario en señal de repudio. En diálogo con el periodista Ulises Naranjo, de MDZ Online, en aquellos días Neira respondió: "Anoche, un grupo reducido tomó una decisión apresurada y equivocada. Nosotros hemos peleado mucho por lograr que haya presencia de actores en la fiesta y algunos de ellos se equivocaron mucho... Encima tuve que bancarme que el público se la agarrara conmigo. Me insultaron, me escupieron y quisieron pegarme piñas... No creían que yo no tuviera nada que ver con el lío". En esa oportunidad, los artistas sólo cobraron por la única noche que presentaron el espectáculo.

Con ese episodio en el recuerdo reciente, la grúa desmoronada sobre las gradas del Frank Romero Day hace días, y el peritaje de anoche en el teatro griego que arrojó claras falencias en la seguridad del escenario; se vuelve al eterno dilema de un evento al que nunca se llega en tiempo y forma, así como al desplazamiento de responsabilidades cuando las papas queman. Ya sea por inoperancia de los organizadores o desidia de los prestadores de servicios; los artistas se ven envueltos en una suerte de perpetuo acuerdo tácito de carencia y mediocridad. Y esto no corre sólo para vendimias centrales, sino también para las departamentales. En ambos casos, los controles de seguridad y los planes de contingencia brillan por su ausencia; a la vez que los requisitos que se cumplen, están muy lejos de lo que habitualmente exige cada municipio para la la habilitación de un espacio cultural o puesta en marcha de un espectáculo público.

Actores y bailarines coinciden en que "esto siempre fue así". Y aunque está claro que no debería serlo, cuando llega el momento del reclamo, la división de opiniones entre ellos mismos; termina favoreciendo a los funcionarios de turno que habitualmente los tildan de operadores políticos. Esta fragmentación quedó en evidencia anoche, cuando los bailarines folclóricos pidieron arrancar con los ensayos; aún cuando no se conocía el informe de los peritos que supervisaron cada rincón del escenario. Mientras tanto, los actores permanecieron fuera del teatro griego y mantuvieron un largo intercambio con Alejandro Pelegrina, quien más allá de su responsabilidad como funcionario, también comprende como actor que el reclamo en esta oportunidad, no pasa sólo por la integridad física; sino también por el resultado artístico. Hasta el momento, el espectáculo Con el vino en la piel, dirigido por Héctor Moreno; no ha contado con ningún ensayo del staff íntegro. Ni mucho menos una pasada con vestuario y utilería completa.

 Es importante destacar este eje del debate, porque para un sector del público los artistas son hippies irresponsables que sólo participan en el evento por el sueldo y el sandwich. Esto no es así, la mayoría de los artífices del Acto Central tiene un fuerte compromiso profesional, que habitualmente no se corresponde con la retribución y el reconocimiento hacia su trabajo.  

La historia de los artistas en Vendimia está en muchos sentidos teñida por la desconsideración, y esa enorme sensación de desamparo que sienten cuando en ellos se deposita toda la presión de decidir qué hacer frente a un caso límite. "El show debe seguir" reza la clásica ley del espectáculo, y bien lo deben recordar los protagonistas de la llovida fiesta de 1999, que terminó con actores y bailarines lesionados al caer sobre el escenario. Pero está claro que dentro de ese axioma del espectáculo, deben ponerse límites. Como también resulta evidente que deberíamos estar llegando al final del "esto siempre fue así".

Para salir entonces de los errores que se repiten cada año, y teniendo en cuenta que en toda relación laboral lo que rige es el contrato; resulta imperioso que delegados y asociaciones sean cada vez más minuciosos con los contratos que firman sus compañeros. No ceder tanto a cambio de tan poco, porque en definitiva, son los artistas quienes ponen el cuerpo. El Acto Central está propulsado a puro motor del oficio que ellos aportan. Es importante para todos asumir cuanto antes, que más allá del aplauso, hay una larga y compleja deuda a saldar con los verdaderos protagonistas de Vendimia.



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