Así es un día argentino ¿Vos también querés irte?

Así es un día argentino ¿Vos también querés irte?

Un tipo común. Un día como todos. Un montón de episodios que podrían hacerlo explotar. Escuchá el nuevo cuento original de Viviana Muñoz.

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En el Mundo existen dos tipos de personas: las que saben que somos parte del problema y las que se rindieron. 

Hernán se sentó a desayunar en el mismo bar al que iba desde su separación. Prefería hacer ese gasto diario a tener que ocuparse de preparárselo a sí mismo. Nada le mostraba más su soledad que ese momento del día. Esperó que alguien lo atendiera, ilusionándose cada vez que una moza pasaba a su lado. No tuvo suerte. Se paró, fue hasta la caja y encargó su pedido. “La mesa de la ventana”, indicó. Abrió su teléfono y repasó su diario habitual, intentó leer una nota pero los banners publicitarios le impidieron seguir el hilo. Se cambió a Mercado Libre y encontró las cubiertas para su auto entusiasmándose por las 6 cuotas sin interés. Desistió (sólo permitía tarjetas de Bancos de los que jamás había oído). Terminó su desayuno y pretendiendo pagar, le hizo una seña a la moza que lo miró sin verlo. Esperó. Miró la hora. Llegaría tarde. Volvió a llamarla pero la vio absorta en su teléfono. Esperó más. Nada. Se paró y movió los brazos y entonces la moza se aproximó indiferente y sin el más mínimo registro de su ineficiencia, le cobró.

Existen las personas que dejan vivir a los demás y esas que pretenden que todos vivan como ellas. 

Tomó el camino a casa de su ex, apurándose un poco por la vida útil del helado en su asiento. Intentó pasar al auto de adelante, pero en la maniobra el auto se corrió a la izquierda, interpretando su cambio de luces como un agravio imperdonable que castigó, disminuyendo la velocidad a paso de hombre. Encaró la ruta alternativa y bajando por el Acceso divisó una nube verde fluo sobre el asfalto. Aminoró la velocidad y se vio obligado a andar 700 metros detrás de esos ciclistas que, en grupo, uniformados y mientras pedalean, se adjudican un pedacito de poder.

Llegó al barrio y en la guardia volvieron a indagar sobre su identidad después de 7 años de visitas. Le preguntaron dos veces su apellido, su destino, su intención. Mostró el carnet de conducir, el DNI y sintió estar al borde de marcar sus huellas digitales. Esperó 12 minutos para que la propietaria lo dejara pasar. El guardia sonriendo triunfal le preguntó si sabía cómo llegar... 

Pararon por las hamburguesas favoritas de ella que los tentó desde un cartel gigante mostrándolas generosas, irresistibles y turgentes. Ya sentados en la mesa, no comentaron lo chico que se veía todo, ni lo pálido, ni lo mustio. 

Existen dos tipos de personas en el mundo: las que se quedan atrapadas en la fallas y las que como Hernán no indagan demasiado y seguramente son más felices. 

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