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Manual para mujeres de la limpieza, instructivo de supervivencia de las mujeres reales

Todo rescate tiene calidad de aplauso y de ovación. Y los "rescates" literarios no son la excepción. Por eso, celebramos a Lucia Berlin y a su Manual para mujeres de la limpieza. Lo merece, sin más.
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Cintia Álvarez

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Manual para mujeres de la limpieza, instructivo de supervivencia de las mujeres reales(Web)

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 Este libro se publicó en el año 2015 y, me atrevería a decir que, es uno de los hitos del último tiempo. Tiene todo para convertirse en un libro de culto, en un clásico. De los 77 cuentos que escribió, 43 conforman esta obra. Sí, el sujeto no le queda enorme para nada. Está a la altura de la circunstancias: es una obra literaria.

Lucia hizo de todo para ganarse la vida y para mantener a sus cuatro hijos. Fue enfermera, telefonista, profesora de escritura en distintas universidades y en la cárcel y, por supuesto, empleada doméstica, entre otras cosas. Berlin es una verdadera sobreviviente. No sólo porque sus historias trascienden en el tiempo, de hecho este libro se publicó post mortem, sino porque ella sobrevivió, verdaderamente, al mundo (más allá de que fue nómade por naturaleza). Sobrevivió a sus relaciones fallidas. Sobrevivió a su alcoholismo.

Tuvo una vida dura, pero nunca se victimizó. Vivió para contarlo y para escribirlo. Si bien no se aclara que Manual para mujeres de la limpieza conforme una especie de original autobiografía, no deja de ser una interpretación válida. Se respira su vida por las diferentes páginas. Se siente todo tipo de respiración: entrecortada, relajada, agitada. No resulta azaroso que las protagonistas sean mujeres con historias difíciles. Pero ellas son mucho más. Están amparadas por una gran fortaleza (creo que ni saben de dónde viene su fuerza de voluntad), son inteligentes, valientes y libres (aún dentro de una aparente no libertad)...Cualquier similitud con Berlin, ¿es pura coincidencia?

Lucia no pretende endulzar o decorar los relatos, hay algo magnífico en la manera de llevarlos adelante. Son realistas con un nivel de crudeza que impresiona, pero que nada tiene que ver con la crueldad. Además, dejan lugar al humor y a la melancolía (¿Quién mejor que uno mismo para reírse de sus "tragedias personales"?), y para la ternura. Sólo la oscuridad puede dar "existencia" a su contraparte luminosa. Y en este Manual emergen momentos de gran resplandor.

Su prosa sabe dejar huella (tanto como la autora). Genera golpes de efectos en forma contínua. Sus historias rinden culto a lo cotidiano, y ahí radica su belleza. Básicamente porque habla con conocimiento de causa. No son las típicas historias de terceros que le contaron. El juego entre la primera y la tercera persona nos permite inferirlo. En este libro hay vida. Y mucha.

Elegí dos relatos para "ilustrar" esta reseña. El primero, Manual para mujeres de la limpieza, de quien toma el nombre el título del libro. Esta historia cuenta la rutina de un viaje en autobús (con sus correspondientes paradas) que hacen estas mujeres (como si fuesen autómatas) para ir a su trabajo y para volver a su hogar. En él, Lucia realiza una tarea formidable sobre la subestimación de la cual, muchas veces, las empleadas domésticas son víctimas, consideradas como "menores", una etiqueta que discrimina y que dice más de quién hace uso de ella. Contra todo prejuicio de falta de inteligencia y de parecer no darse cuenta de nada de lo que sucede alrededor, la autora brinda una serie de tips para las mujeres de la limpieza. Por ejemplo, aceptar todo lo que la señora de la casa de con agradecimiento, luego se puede dejar abandonado en el transporte público. Nadie más que uno sabe sus propias necesidades, y dar lo que sobra no siempre es una opción y no siempre nos vuelve más genuinamente generosos. Si vamos más allá, Berlin levanta una bandera sobre el hecho de que todo trabajo dignifica, y no se es (mejor) persona por un trabajo mejor pago o considerado de mayor nivel según los cánones de la sociedad. Se es mujer. Y punto. "Las mujeres de la limpieza lo saben todo". Para no olvidar.

El segundo recibe el nombre de inmanejable. Inmanejable es el cuerpo, inmanejable es la adicción. "En la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados. La mujer palpó debajo del colchón; la botella de medio litro de vodka estaba vacía. Salió de la cama, se puso de pie. Temblaba tanto que tuvo que sentarse en el suelo. Respiraba agitadamente. Si no conseguía pronto algo para beber, le darían convulsiones o delírium trémens. El truco está en aquitar la respiración y el pulso. Mantener la calma en la medida de lo posible hasta que consigas una botella. Azúcar. Té con azúcar, es lo que te dan en los centros de desintoxicación...Se estiró en el suelo e hizo varias inhalaciones profundas tratando de relajarse. No pienses, por Dios, no pienses en que estado estás o te morirás, de vergüenza, de un ataque. Consiguió calmar la respiración. Empezó a leer títulos de los libros de la estantería. Concéntrate, léelos en voz alta. Edward Abbey, Chinua Achebe, Sherwood Anderson, Jane Austen, Paul Auster, no te saltes ninguno, ve más despacio. Cuando acabó de leer todos los títulos de la pared se encontraba mejor. Se levantó con esfuerzo. Sujetándose a la pared, temblando tanto que a duras penas podía mover los pies...A las seis, en dos horas, la licorería Uptown de Oakland le vendería un poco de vodka. En Berkeley tendía que esperar hasta las siete. Ay, Dios, ¿tenía dinero"?

Las "mujeres de Lucia" beben, pero también ríen, aman, lloran y se permiten ráfagas de felicidad ordinaria. A veces la desorientación es la mejor manera de encontrarse.

Lamento profundamente que Lucia Berlin no pueda ser testigo de la admiración que genera su don de la palabra. Lo interesante de los dones es que trascienden el tiempo y, por suerte, en lo que a la escritura se refiere, quedan plasmados.

Siento que es tan bueno este libro que si volviera a escribir esta reseña, la cambiaría por completo. Una y otra vez. Así como su sinfín de "Lucías" que invaden sus páginas. A veces las palabras no nos alcanzan para decir todo lo que queremos. Por eso, un simple consejo de mi parte: no se priven de leer Manual para mujeres de la limpieza. Es un verdadero acto de justicia. Y de rebelión.Si algo fue y es Lucia Berlin es auténtica. En estos tiempos que corren es para celebrar.

 Cintia Alvarez

Licenciada en Comunicación Social - Periodista Freelance.

Comunicación y Periodismo en lachicaquelee.com #LaChicaQueLee

Periodismo de moda en modazip.com, negrowhite.net y Revista Vía

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