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Mamis y Papis: infidelidades de jardín

“Pasame tu número así coordinamos para llevar a los chicos”, “¿Nos tomamos un café mientras esperamos a los nenes? Histeriqueos y juegos de seducción que desatan un caos familiar. ¿Cuál es el límite?
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Muriel Del Barco

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Mamis y Papis: infidelidades de jardín(Web)

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“Todos los días me levantaba, les hacía el desayuno a los mellizos y mi marido los llevaba al jardín antes de irse a su trabajo. En la guardería los chicos pasaban entre siete u ocho horas diarias, por eso a veces nos turnábamos con otros padres”, contó a MDZ una lectora que no quiso revelar su identidad, pero sí su experiencia.

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Teníamos un grupo de mamis hermoso, organizábamos salidas con los chicos, íbamos en familia a los cumpleaños y nos dividíamos las tareas de la institución; meriendas, materiales y salidas.

Luego de un año complicado, porque la llegada de dos niños nos había cambiado la vida, noté que mi marido elegía hacerse cargo siempre de las actividades del jardín. Se ofrecía en todo, coordinaba, los esperaba y hasta organizaba juntadas de padres en casa.

Un día, uno de mis hijos me dijo: “Mamá estoy harto que en la guardería me digan que papá está de novio con la mamá de Guido. Yo ya les expliqué que vos sos mi mamá”... Y como decía mi abuela:”Los chicos sienten todo”.

Así que me embarqué en un viaje donde entendí lo que estaba pasando. Tantas momentos compartidos crearon una relación entre mi marido y la madre de un niño de la guardería; separada, sexy y moderna, todo lo contrario a mí y al momento en que me encontraba.

Una aventura (como él lo llamaba) y un desliz, terminó con nuestra familia, con nuestras amistades y con la inocencia de nuestros hijos. Realmente, ¿como educamos a nuestros hijos, con lo que decimos o con lo que hacemos?

Y esta es la pregunta que nos hacemos todos cuando sabemos que hay un “indefenso” en el medio de estos “juegos”, “histeriqueos”, “infidelidades”, “aventuras” o “decisiones del momento”.

En un círculo donde existen padres postmodernos, abocados a sus trabajos y libertades cada vez más individuales pueden pasar este tipo de cosas.

“El tema es delicado porque hay un menor involucrado”, aportó la psicóloga Andrea Zaporitti especialista en familia. Es importante tener en claro si se trata de un juego de “seducción” o de pasar a la acción.

“En algunos casos es sólo cortejo sin concreción, propio de personalidades con procesos inmaduros de acercamiento a las figuras adultas de origen (padre o madre ausente o distante emocional) que buscan agradar permanentemente al sexo opuesto”, explicó el sexólogo Miguel Palmieri.

En otros casos “hay algún tipo de involucramiento que va desde juegos sexuales, coitales o no, hasta relaciones esporádicas, estables o inestables y, a veces, inicio de una relación afectiva triangular que lleva al quiebre de la pareja estable anterior o mantenimiento de ambas relaciones estables”.

“También existen, dentro de este ámbito, reincidentes que se exhiben saltando de una persona a otra. Personas con inmadurez emocional que suelen resultar atractivos/as en la fantasía de aquietar u obtener el trofeo y mantenerlo para sí. En otros circunstancias son casos únicos que mantienen esa relación y no otras”, sumó el Dr.

Ambos profesionales, coinciden en que las relaciones humanas afectivas o de placer sexual se dan en cualquier ambiente social en dónde haya dos personas que interactuén y tengan deseo de iniciarlas.

Para Palmieri “el ambiente puede ser favorecedor (o facilitador), retardante o neutralizante de las mismas, pero el hecho real es que la decisión de iniciarlas o no, es una cuestión moral, no biológica”.


Entonces, sí es una cuestión moral, tiene que ver con las reglas o normas por las que se rige la conducta o el comportamiento de un ser humano en relación a la sociedad.

Es la moral la que nos hace replantearnos los códigos y el compromiso frente a los vínculos. “Antes de seducir o actuar debemos preguntarnos como adultos, ¿qué le queremos mostrar a nuestros hijos?”. Porque aunque parezca que ellos no se dan cuenta de lo que pasa... son grandes perceptores”, destacó Andrea Zaporitti.

Por su parte, el sexólogo mendocino coincidió: “El hecho que los niños de esa edad no pregunten ni cuestionen hace que sea más fácil ocultar los códigos de seducción y las charlas. Pero, por ejemplo, los niños de tercer o cuarto grado (que ya preguntan cuestionan o se ponen celosos) no son fáciles de engañar”.

Una de las protagonistas de esta historia contó que había excesos de café, de charlas y actividades en conjunto con los padres involucrados, “quizás ese era el momento de plantear ¿cuál era el límite y qué queríamos mostrarle a nuestros hijos?”, dijo la Psicóloga.

Y añadió: “El punto más importante antes de emprender este viaje es no perder de vista mi función como progenitor. Recordemos que lo que le enseñamos a nuestros hijos es lo que ellos toman como `normal´o `natural´”.

Me enamoré de la “Mami” del colegio

“Se me fue de las manos”, dice el personaje de esta historia. Para lo que nuestro sexólogo, Miguel Palmieri manifiesta: “No hay control externo posible. El único control es el autocontrol y la propia decisión de no iniciar la relación”.

Este amorío comenzó cuando Carlos llevaba a la escuela -donde trabaja su mujer- a sus dos hijos. Entre ideas y vueltas, se fijó en la mamá de uno de los compañeros de su hijo menor -del cual su mujer también era maestra-.

Ella es una mujer divorciada con dos hijos. Yo era maestra de su hijo más chico, quién tenía una hermosa amistad con mi nene, hasta que estalló la bomba. Aunque Carlos me dijo que fue algo que no pudo manejar, hoy formó una familia con ella.

Pero eso no fue todo, mis hijos se resintieron con sus amigos y con su padre. Además ellos decidieron sacar a los niños del colegio con el miedo de que existiera un maltrato de mi parte.

“A veces las cosas pueden pasar a mayores e involucrar emociones, no podemos generalizar. Pero ante este tipo de situaciones es importante remarcar los vínculos sólidos con nuestros hijos y asumir las consecuencias de desintegrar una familia con un indefenso de por medio”, analizó la licenciada Zaporitti.

Si estás situaciones se comparten, es porque existen. “Se dan, en todos los ambientes facilitadores no sólo se entre padres de jardín”, indicó Palmieri, quien además desarrolló los factores que entran en juego.

“Los factores retardantes o neutralizantes son: grado de madurez emocional individual elevado en cada uno de los que deciden no iniciar la relación a pesar de tener facilidades y anonimato, estado saludable y comunicacional en el vínculo que llevan adelante con su pareja estable, comunicación honesta de las expectativas respecto a los flirteos o coqueteos que se permitirán, grado de satisfacción erótica elevado (independiente de la cantidad de veces que copulen o tengan relaciones coitales), permisos de fantasear y jugar en la pareja estable, sensación de realización personal, templanza para soportar las adversidades que se dan en toda pareja, entre otras cosas.”

“Y los factores favorecedores de tales relaciones son: el anonimato relativo, la proyección de las fantasías ocultas en la otra persona, la excitación que provoca el proceso de seducción que se lleva a cabo, la adrenalina de lo prohibido, el juego creciente de estimulación sensorial de prepararse para ir a ese lugar, el hecho de que alguien llene el vacío emocional o erótico de parejas (en muchos casos jóvenes) que han envejecido en el vínculo prematuramente. También el hecho de sentirse contenido, comprendido o simplemente halagado/a por otro/a, el compartir aspectos agobiantes o rutinarios con otra persona, la búsqueda del escape de la soledad, etcétera.”.

Sí somos seres pensantes, racionales y sensibles, estamos en condiciones de decir que antes de entrar en este tipo de relaciones, que involucran a nuestros hijos y a su contexto educativo y social, podemos pensar, decidir y elegir.

Para Palmieri, “ el analfabetismo comunicacional, emocional y erótico entre parejas, producto de la idealización de un amor sin mantenimiento entre las parejas estables, es el factor que más propende a que se den este tipo de  relaciones”. Mientras que para Zaporitti, “el relativismo generalizado y globalizado, el individualismo fuertemente marcado y la idea de que somos totalmente libres a la hora de hacer o deshacer acarrea este tipo de situaciones”.

Quizás, a veces los adultos se sumergen en un individualismo neto que ignora la capacidad de asumirse como padres. Ignoran, además, que sus acciones traen consecuencias en la vida de sus hijos y que la paz y el mejor futuro para el ser humano dependerá de lo que los papás logren desarrollar en sus pequeños.