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De Boca en Boca: Mamá, Mamar y Amar

Que la lactancia materna es lo mejor que uno puede darle a sus hijos, es una frase que hoy ha quedado sin sin fuerza, porque los prejuicios, le han ganado a una maternidad y paternidad confundida, haciéndonos titubear hasta de nuestra capacidad de alimentar.
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Noelia Giorlando

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Parece obvio pensar que la leche materna es el alimento ideal, porque naturalmente lo es, porque lo ha sido desde el principio de la vida, pero no... Hasta lo indiscutible entra en debate y los temores e incertidumbres nos desencantan, nos sacan los superpoderes naturales, espontáneos e innatos.

Por eso, estas verdades rotundas pero no tan obvias, vienen a empoderar la intuición, el deseo y la nutrición afectiva: la leche humana tiene mucho de fantástico; es única, cada mamá la elabora especialmente para su hijo, ninguna leche es igual a otra, danzante y dinámica va cambiando a lo largo del día, de las semanas, meses y años, acompañando el crecimiento.

Es la manera en que la madre le presenta el mundo, se comunica, le transmite calma y seguridad, contiene nutrientes indispensables de gran calidad, para el desarrollo cerebral y el aumento de peso, pero también esta envuelta en olor, voz y caricias de mamá.

Durante la noche secreta nutrientes que favorecen el sueño, cambia de sabor según lo que coma la mamá: es una manera temprana de enseñar a comer, transfiere anticuerpos y factores inmunológicos: es por eso que los niños que amamantan se enferman menos, emocional y físicamente.

Funciona mediante un perfecto sistema de oferta y demanda, mientras más toma, más produce, es inagotable, con un mínimo de inversión: amar y tiempo.

Porque el amor y la calma son valiosos instrumentos, ya que algunas hormonas que se disparan con el estrés y la ansiedad interfieren en la eyección de la leche, no en su producción: todas las mamás producen leche, pero no todas pueden darla.

La necesidad de complementar con fórmulas o estratégicamente llamada leche maternizada, puede ser por varias causas: desconocimiento, inseguridad, miedo, la fórmula o el biberón tranquiliza a las mamás, no al bebé.

Lactar a demanda, suena más a un castigo, a una especie de esclavitud que a un beneficio: a pesar de haber sido clave para la supervivencia humana, ya que de haberlos dejado solos habrían sido devorados por otros mamíferos.

Si bien ya no hay animales salvajes dando vuelta, la necesidad de seguridad emocional continúa intacta.

Más que demanda es un llamado, es el camino que el bebé tiene para estar próximo a su mamá, tan cerca como el pecho lo permita, satisfaciendo un pedido emocional, afectivo y de paso, alimentario, favoreciendo un vínculo con apego que no es más que un entendimiento y respeto mutuo, una comunicación fluida entre mamá y bebé.

Mediante esta decodificación de mensajes, se construye una relación sana, natural y nutritiva, donde ambos se retroalimentan, favoreciendo la fusión emocional y determinando el tipo de relación madre -hijo para toda la vida.

Dar el pecho no es la única manera de lactancia, ya que no sólo necesita se necesita tener leche, es estar disponibles y dispuestas a alimentar con la mirada, mimos y besos, aún si la lactancia natural no es posible, porque inclusive los papás pueden dar de mamar, al ser capaces de mirar, amar y acariciar.

Una lactancia exitosa es espontánea y gratifica a la mamá y al niño, más allá del aumento del peso.

Mamá, mamar y amar tienen un mismo origen, por eso bebés adoptados han logrado lactar de sus mamás no biológicas.

La lactancia materna no es fácil, pero es lo única manera de encontrarnos con lo realmente importante, lo valioso, para ensimismarnos y acurrucarnos en una magnífica simbiosis, tan increíble como la posibilidad de continuar dando vida a través del cuerpo, la piel, la leche, las manos, las palabras y los besos.

Es fantástico... ¿o no ?

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