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De Boca en Boca: El alimento Like

El placer (liking) o impacto hedónico, ha sido un componente constantemente excluido de una alimentación "saludable", una experiencia intencionalmente erradicada, casi una mala palabra.
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Noelia Giorlando

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De Boca en Boca: El alimento Like(Pixabay)

De Boca en Boca: El alimento Like | Pixabay

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En el mundo animal, sólo aquellos organismos capaces de alimentarse de acuerdo a los nutrientes que necesitan, pueden asegurar una evolución satisfactoria. En el caso del hombre, esta selección no es tan obvia, ya que además de nutrientes, requiere de otros elementos igualmente importantes para subsistir indemnes; entre ellos nada más ni nada menos; que el placer, el cerebro gusta lo que el cuerpo necesita.

El placer (liking) o impacto hedónico, ha sido un componente constantemente excluido de una alimentación "saludable", una experiencia intencionalmente erradicada, casi una mala palabra ; que esconde un intenso temor al desborde, al descontrol, a los excesos y culpas post ingesta, para eso se inventaron los permitidos, para dar una cuota de placer ocasional en medio de una lucha titánica, entre mecanismos adaptativos, aprendidos, de superviviencia y lo impuesto, las modas y las creencias populares.

Es por eso, que tanto la anhedonia alimentaria o ausencia de placer (unlinking) que aparece en los trastornos de la conducta alimentaria, al igual que el hedonismo extremo que tiene más que ver con un deseo (wanting) que con el goce; como sucede en el comer compulsivo, lleva a traspasar lo saludable y se convierte en enfermedad, al ser la comida sólo un objeto oscuro y prohibido.

Incorporar el disfrute como componente afectivo permite que sentimientos positivos acompañen el acto de comer, mejorando no sólo la calidad de la comida sino también estimulando una adecuada regulación de hambre-saciedad.

Y es el cerebro el responsable de procesar inicialmente la información sensorial de una manera desprovista de todo componente emocional y sólo cuando el estímulo alcanza ciertas áreas, los llamados «circuitos límbicos» se tiñen con tonalidades afectivas y emocionales.

El placer no es un estímulo, sino una cualidad sensual y cerebral que acompaña, y envuelve todos los sentidos, permitiendo la liberación de dopamina, así cuando disfrutamos de un alimento el sistema hedónico cerebral se activa y al mismo tiempo el sistema de equilibrio y homeostasis, que nos envía señales para dejar de comer: Placer y equilibrio están íntimamente relacionados y aprendidos (learning), lo que lleva a reproducir las conductas placenteras.

Hace unos años, se realizó un estudio en sujetos sanos, en el que se midieron las respuestas digestiva (la relajación del estómago), cognitiva (percepción de sensaciones tipo saciedad y plenitud) y hedónica (sensación de bienestar digestivo) inducidas el consumo de caldo y de agua. La ingestión del caldo indujo en condiciones normales una respuesta digestiva apropiada y una sensación de saciedad que fue satisfactoria y se acompañó de sensación de bienestar digestivo. El agua también indujo sensación de saciedad y plenitud, pero en este caso con una connotación desagradable no acompañada de bienestar digestivo. Además síntomas digestivos inducidos experimentalmente, mejoraron con la ingesta de caldo, pero no con el agua.

Así, todos los sentidos contribuyen a que el placer sea posible, si prestamos atención a lo que ingerimos, le estamos permitiendo al deseo y al disfrute entrar, y de esta manera la culpa, la represión y lo prohibido no nos persigan como fantasmas en cada bocado.

Lo que comemos debe gustarnos, para poder alimentarnos sin excesos, el placer nos afianza en una alimentación más sana, más real, más efectiva, nos permite sobrevivir aún en un ambiente de abundancia absurda, mediante emociones positivas que desencadenan mejores elecciones alimentarias, porque el placer le da valor a lo que comemos, le da sentido y lo que comemos es más significativo cuando lo disfrutamos.

 

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