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De Boca en Boca: ¿Cuántas dietas conocés? ¿Cuántas funcionan?

La tasa de éxito de una dieta se mide a través del tiempo, si a lo largo de dos años los objetivos cumplidos se mantienen, esa dieta tuvo éxito.
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Noelia Giorlando

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De Boca en Boca: ¿Cuántas dietas conocés? ¿Cuántas funcionan?

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De Boca en Boca: ¿Cuántas dietas conocés? ¿Cuántas funcionan?

Dietas hay para todos los gustos: dieta de la luna, de la manzana, del pomelo, del astronauta, detox, cetogénica, con y sin grasas, con poco o nada de hidratos de carbono, para el verano y para el invierno, la del comer lento y la del metabolismo acelerado...

La lista es inagotable, siempre hay alguna en boga, que la hizo el amigo de un amigo y le fue fantástico, claro que todavía no pasan dos años.... Pero antes de ese tiempo seguramente pruebe unas cuántas dietas más, encerrándose cada vez más en el circuito interminable de esperanza, fantasía, fracaso, desilusión y nuevamente esperanza con cada nueva dieta que sale...

Las dietas son restrictivas pero originales, hasta está la dieta anti dieta, mágicas, contradictorias, imposibles, nos prometen el cuerpo ideal y la vida más resuelta, nadie lee la letra chica: empezamos con gran entusiasmo, pero lo que parecía fácil y posible, se vuelve insostenible: dolor de cabeza, mareos, debilidad, cansancio, ansiedad, tristeza, astenia, mal humor...

"¿Porqué fracasan ? La realidad es que ninguna persona es feliz haciendo dieta....y nadie puede sostener ser infeliz por tanto tiempo..."

Las dietas no sólo, no permiten comer ciertos alimentos, seccionado la cabeza en dos: en el sector permitidos y el sector prohibidos, también descontextualizan, sólo vos y la dieta, las reuniones sociales, el compartir ya nos es posible, desarraigan en que dieta se permiten los guisos o las empanadas, despersolanizan, no tienen en cuenta particularidades, gustos, significados y terminan reduciéndose sólo a lo que otros me dicen que debería comer:

Así le paso a Ana, le encantaban los dulces, pero siempre se los habían prohibido, primero su mamá y luego las dietas, que había hecho toda su vida sin éxito; porque la balanza bajaba y subía.

Después de mucho tiempo, ella descubrió que lo dulce lo asociaba a los niños, al jugar, a la inocencia...a ella le hubiese gustado estudiar algo relacionado con el mundo infantil, pero no la dejaron.

Ana era una persona dulce y solidaria, algo infantil y dependiente. Recién en ese momento, descubrimos las idas y vueltas de la balanza, con tantas dietas...la habían despersonalizado...

Lo mismo le ocurrió a Matías cuando le cambiaron el asado de los viernes con amigos, por una pechuga, nadie nunca tuvo en cuenta que para él , el asado significaba amistad, esa indicación no iba a resultar... él jamás iba a dejar a sus amigos...

La sensación de que todo el tiempo debo contralar mi alimentación mientras hago una dieta, la constante lucha entre lo que me gusta y lo que debería comer, produce ansiedad y no se resuelve con un pedazo de queso. La ansiedad lleva a comer alimentos altos en azúcares porque es una respuesta adaptativa que prepara para la lucha y la acción, y para eso necesita de energía inmediata. El cuerpo pide, la cabeza también y la voluntad flaqueando entre los quiero y los debería...

 Al final, menos mal que fracasan, así nos dan la posibilidad de volver a encontrarnos con nosotros mismos...

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