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¿Quién se ha robado todo el vino?

Una reflexión sobre el surgimiento de una nueva comunicación del vino, sobre las "salamerías del lenguaje" y sobre el olvido de los más importante: el disfrute.
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Enrique Chrabolowsky

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¿Quién se ha robado todo el vino?

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Enrique Chrabolowsky | lanocheenvino.files.wordpress.com

 Hace algunos años, quizás demasiados para la memoria colectiva, la mesa familiar, con el mantel de hule floreado, estaba con sus platos, vasos, cubiertos, servilletas (que no eran de papel), la panera, el salero y la botella de vino de un litro. A veces comprada en el almacén de la esquina y muchas otras, rellenada con el contenido de las damajuanas grandes.

Nadie hablaba del vino, simplemente estaba allí, casi como un miembro silencioso de la familia. Si faltaba su ausencia se notaba de inmediato, y había que salir corriendo a comprarlo al almacén de la esquina. La mesa estaba incompleta.

Algunos domingos, se estiraba la oferta, y llegaba un vino de los "finos", un poco mas caros y el cambio se percibía: se le ponía poca soda o nada. A veces se escapaba un ¡Qué rico!. Se solía tomar algún vermouth, esos domingos con visitas, pero solo una copa para acompañar un salame o los maníes salados.

Eran otros tiempos sin coca cola ni otras azucaradas, donde el consumo por habitante superaba los 90 litros anuales. Hoy estamos rondando los 18. ¿Quien se quedó con los 70 que faltan? Ahora todos hablan.

Consuelo de tontos: ¡pasó en todo el mundo! Entre otros factores, y no creo que sea el fundamental, se menciona a la comunicación. Creo más en los altos costos, márgenes estrepitosos en restaurantes, cambios de hábito y la invasión de otras bebidas. Un detalle: hasta hace algunos años, en las construcciones, los albañiles comían su asado con vino mientras dedicaban -conducta que hoy gracias a la educación tratamos de erradicar- no tan inocentes piropos a las señoritas que pasaban. Hoy toman gaseosas con un menú light y miran el celular.

Con el florecimiento del vino de calidad, que llegó principalmente a partir de los requerimientos de los mercados internacionales que le permitían comprar bueno y barato, surgieron comunicadores (no me excluyo, ya que estuve ente los primeros), que comenzaron a hablar fuerte para una elite del mercado interno, que consumía vinos de alto precio y que en la mayoría de los casos sus consumiciones eran pagadas por las empresas en exclusivos restaurantes. Ejecutivos que le dieron glamour al vino, junto con el foie grass y el confit de canard. La revista Cuisine&Vins que dirigía Miguel Brasco, era furor.

Mucho mas tarde aparecieron otros, que ahondaron la brecha entre el vino de la mesa y el de los restaurantes piripipí, como decía Brasco. El vino "garpa". Los nuevos escribas buscaron sofisticar esa comunicación haciéndola complicada utilizando términos inentendibles para la mayoría ("un vino con aristas sinuosas que se abre en capas de aromas donde predomina la orquídea y el lychi", por ej.). Mientras más lejano a los conocimientos de la gente, los snob se acercaban al vino y la gente se iba.

¡¿Cuántas veces me preguntaron sobre cursos para aprender a tomar de vino?! Esa prédica intelectualoide, que ahora se ha incrementado al infinito en las redes sociales donde cualquiera escribe, haciendo un gran trabajo a favor de la cerveza, las aguas saborizadas (vaya a saber con qué), y las gaseosas. Mucha gente se avergüenza de no tener ese grado de conocimiento que le ponen en pantalla, y se aleja. De todas maneras, no demos más de lo que vale: son muy pocos los que leen sobre vino como para cambiar una tendencia.

Sistemáticamente respondo que el vino no se estudia, se disfruta, y que tomando de todo se conoce y descubre el gusto de cada uno, sin dejar que se los cuente alguien que quizás sepa menos que ellos.

Hoy casi ni existe la especialización entre los periodistas que deben escribir de todo a partir de las necesidades de los medios. Hay periodistas que toman vino o cubren eventos de vino, de manera similar a cuando los mandan a notas políticas o económicas. Pero no es lo mismo.

La hago corta, el que comunica al vino necesita tres cosas: amar al vino, tomar mucho vino y querer compartir ese sentimiento con la gente.

Lo demás es un mal verso.


NOTA DE REDACCIÓN: Las opiniones vertidas en esta columna de opinión son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no necesariamente representan el pensamiento de MDZ. 

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