Muere, Monstruo, Muere: viaje a las entrañas del miedo

La película del tunuyanino Alejandro Fadel, que ha conquistado elogios en festivales internacionales como los de Cannes, Sitges y Mar del Plata; propone un trance hipnótico que renueva el pacto de un cine que apuesta por el riesgo y la desmesura.

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Laureano Manson

Tania Casciani en un estremecedor momento de "Muere, Monstruo, Muere".

A los 38 años, el director Alejandro Fadel ha trazado una laboriosa ruta desde su Tunuyán natal hasta el Festival de Cannes. Guionista en películas de Pablo Trapero como Leonera, Carancho y Elefante blanco, más tarde conquistó un premio y dos nominaciones en Cannes con su aclamado largometraje Los salvajes. En estos últimos meses, Fadel viene cosechando el elogio de la prensa con Muere, Monstruo, Muere, una inquietante apuesta que compitió en la sección Un Certain Regard, el apartado del certamen de Cannes que reúne lo más innovador del cine mundial, a la vez que su film estuvo nominado en la Competencia internacional del Festival de Mar del Plata y postulado como Mejor película en Sitges, la meca del cine fantástico y de terror.

Desde la primera escena, Alejandro Fadel juega una carta de alto impacto. Una mujer degollada en las inmediaciones de la cordillera intenta sujetar su cabeza con sus propias manos. A partir de ese momento, el director induce al espectador en una atmósfera pesadillesca que transita múltiples códigos y texturas. A contramano de películas que despliegan algunas de las convenciones más clásicas del cine de horror, para ensayar una mirada sobre los temas más candentes de la coyuntura; Muere, Monstruo, Muere se ubica en las antípodas del relato discursivo. El guión de esta inquietante película, escrito por el propio Fadel, transita a sabiendas un flagelo tan espinoso como el de la violencia de género, pero se desentiende de las pretensiones de denuncia porque su objetivo no es el de cumplir con la agenda, sino el de renovar el pacto del cine como un ejercicio creativo que se zambulle en las profundidades del riesgo.

Los personajes que interpretan y Víctor López, perplejos frente a uno de los brutales crímenes que acontecen en "Muere, Monstruo, Muere".

No estamos frente a un relato de cronometrada concisión narrativa orquestado desde un manojo de lugares comunes, sino ante una experiencia movediza que requiere algo más que la atención de la platea. Frecuentemente, se han señalado puntos de contacto entre Muere, Monstruo, Muere con títulos de maestros como John Carpenter, David Cronenberg y David Lynch. Con respecto al último, este film rodado en diferentes locaciones mendocinas, ofrece tonalidades cercanas en su banda sonora y en su capacidad de labrar escenas que oscilan entre la incomodidad, el aburdo y el desconcierto, que aquí alcanzan su apoteosis con la irrupción de la canción de Sergio Denis Te irás, me iré. Es evidente que Fadel antes de ser un gran cineasta ha sido un cinéfilo alucinado, y como tal comprende que para atravesar una película que se propone como trance hipnótico, lo mejor es abandonar paulatinamente la resistencia lógica hasta desembocar en la más absoluta entrega sensorial.

Más allá del talento del director, guionista y coproductor que estuvo a la cabeza de esta creación, para alcanzar un hito como el de Muere, Monstruo, Muere es necesario el encendido compromiso de todo el staff técnico y artístico. Esa alianza traspasa la pantalla, con un notable trabajo de fotografía y sonido, que sella su estado de gracia con las precisas actuaciones de un elenco que incluye figuras con largo tránsito en las tablas mendocinas como Víctor López, Tania Casciani, Romina Iniesta y Francisco Carrasco, ensamblados a la perfección con referentes del cine argentino como Esteban Bigliardi y un magistral Jorge Prado.

El personaje que interpreta Víctor López transita un espiral hacia el abismo "Muere, Monstruo, Muere".

Si bien en este relato hay una investigación policial frente a múltiples femicidios, con un triángulo amoroso de fondo, todo desarrollado desde premisas de western y terror enrarecidos, lo que prima no son los eventos shockeantes, sino lo que hay detrás de ellos. Fadel logra construir una tensión que va in crescendo valiéndose de imágenes afiebradas, pero también preservando el misterio de todo aquello que permanece fuera de campo. El horror está representado en algo tan concreto como esas mujeres que son decapitadas una a una, pero por debajo el film va trazando un perturbador viaje a las entrañas del miedo. El meollo está en lo inasible, en aquello que escapa a un puñado de temas coyunturales o lecturas psicoanalíticas. Muere, Monstruo, Muere es una película que se atreve a hincar el diente en la desmesura. Una experiencia que demuestra que el cine todavía puede llevarnos al limbo de la conmoción.

Muere, Monstruo, Muere / Argentina-Chile-Francia / 103 minutos / Apta para mayores de 13 años con reservas / Dirección: Alejandro Fadel / Con: Víctor López, Jorge Prado, Tania Casciani, Esteban Bigliardi, Romina Iniesta, Francisco Carrasco / Complejos que exhiben la película: Cinemark Mendoza y Village Cines Mendoza.

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