Diego "El Cigala" en video, volando sobre los Andes, y su enamoramiento con Mendoza

Una nota del archivo de MDZ con Diego El Cigala en el avión rumbo a Chile, tras su actuación en Mendoza en 2012.

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Gabriel Conte

Hablar con un músico es una gran debilidad para quien le toca contar este encuentro: y lo es en el estricto sentido, ya que no se nada de música. Sin embargo, la vida me ha regalado dos momentos interesantísimos. Uno, en Medellín, cuando me tocó esperar la salida de un avión a Bogotá junto a la inmensa cubana Omara Portuondo, quien habló de sus ocho décadas de vida y música y hasta deseó en voz alta cantar en Mendoza. La otra, ahora, cruzando la cordillera en avión, con Diego "El Cigala" como compañero de asiento.

La historia comenzó en El Plumerillo, en donde ese mechudo rodeado de decenas de maletas gritaba, ofuscado, por la mala atención en el mostrador de la aerolínea. Algunos se alborotaron al identificarlo, pero de inmediato relacionaron actitud = estrellato.

Sin embargo, todo cambió con el vuelo. Recaló en el último asiento, allí en donde estaba quien esto cuenta, solo. Se acomodó.

"¡Conchaesumare, más papeles!", exclama, entredientes, tras decirle amablemente "muchas gracias" a la azafata que le acerca los formularios de visitante que deberá entregar no bien intente salir del aeropuerto de Santiago.

Venezuela estaba en el camino de ambos. Era mi destino, para cubrir las elecciones presidenciales y había sido el principio de su gira latinoamericana que terminará pronto en Perú, tras su presentación en Santiago.

"Luego vendrán 13 días de descanso antes de que empiece de nuevo por Nueva York... Miami... Panamá...".

- ¿Esperás el descanso con bastantes ganas por lo que veo?

- Es por esto: cuando descansás, después empezás de nuevo con más... con más... con toda la energía necesaria, ¿no es así?

Eran los últimos minutos antes de que el avión despegara así que repasaba por última vez MDZ y, justamente, la nota de Ulises Naranjo sobre el espectáculo del músico en el Bustelo. De reojo, miró. "¡Qué! ¿Ya hay crítica?".

Le respondí que sí y le pasé el teléfono. "¡Pero si hasta es del espectáculo de anoche! ¡Qué cosa maravillosa la tecnología, ¿no?".

- ...Y ni qué hablar de los periodistas que hacen notas como esa y a esta velocidad...

- Ni hablar...

La leyó durante un largo rato, completa y volvió arriba. "Me enamoré del público. Me enamoré".

Realmente sorprendido por la reacción de "todos esos jóvenes y gente de distinta edad" que estaban allí, según contó, avanzó con gestos y elogios hacia los mendocinos.

"¿Me avisas cuando pasemos sobre el Aconcagua?", interrumpe.

También contó una anécdota gris: no le prestaron el piano del Independencia y tuvo que traer otro desde Córdoba. En el camino, el camión chocó y el instrumento perdió las ruedas de las patas. Llegó a Mendoza sobre las 18. "Pensé una estupidez: no subir al escenario, ¿sabes?, porque no puede ser que un lugar como Mendoza, tan grande e importante, tenga un solo piano y ¡no lo ponga a disposición por miedo a que se rompa!".

Pero subió. "Subí. E hice bien en hacerlo aunque por contrato prodría no haberlo hecho", dijo. "Y me di un gusto: en el camarín agarré a el ministr de Cultura (SIC) y le reclamé que un lugar como Mendoza no puede dejar de invertir 60, 100 mil dólares en tener un piano. No para mí, sino para que vengan todos los artistas del mundo a actuar sin estos inconvenientes".

Poco afecto a las entrevistas, El Cigala se maneja con conferencias de prensa. "Sí, es cierto", me dice cuando se niega, por primera vez, a charlar con la cámara encendida.

"¿Me avisas cuando pasemos sobre el Aconcagua?", recuerda, nuevamente, sorprendido por la inmensidad de la cordillera nevada.

Violando las normas, un pasajero cholulo que nos escucha, pone un tema interpretado por él desde un aciento cercano. Lo mira, le choca la mano y volvemos.

"¡Qué impresionante eso de la tecnología! Yo hablo en ivo por el iPhone con mis hijos... es maravilloso!".

- ¿ ...Y cuántos hijos tenés?

- Son tres. Pero el más grande y me ha hecho abuelo y... ¡mierda! ¡Qué cagao me tiene esa chiquilla! Me ha hecho muy feliz.

- ¿Alguno se inclinó por la música, como vos?

- El más chico, el de 7. ¡Ese sí que canta todo el día! La música es su vida. Mi hija de 15 es muy estudiosa. Los dos más grandes, inclusive el que me hizo abuelo, de 19, no le han dado mucha importancia a la música, pero los tres son excelentes.

- ¿Grabamos un rato de charla así podés contar eso que me dijiste que te pasó con el público?

- Luego... cuando lleguemos.

- Es que cuando lleguemos, te vas a ir con la avalancha....

- Bueno, hagámoslo... qué da... es una linda charla.

- El Aconcagua, a tu izquierda, pero no se ve casi nada, porque está nublado.

- ¡Qué belleza!

A partir de allí, que Chávez gana o no gana, que "en España, hay gente que no come... y bah, qué te lo voy a contar a tí si es más o menos lo que les pasó a ustedes con el corralito".

Llegamos a Chile. La gente ya lo reconocía. En el viaje demostró ser el mejor tipo del mundo: llano y preocupado por las mismas cosas que todos; enorme y, a la vez, un par para darse un nuevo tiemp y hablar de la fortuna del rey de España que publicó el New York Times con uno y otro pasajero. Para sacarse fotos con parejas de grandes y de adolescentes al bajar del avión.

.....

Nota: tras leer este texto, desde el Ministerio de Cultura negaron haber ido al espectáculo y señalaron que desconocen el problema del piano.

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