No reservations: el legado de Bourdain

El programa que terminó de catapultar a la fama al chef Anthony Bourdain sigue siendo, a más de 10 años de su estreno, uno de los mejores shows de viaje que existen.
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Francisco Pérez Osán

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No reservations: el legado de Bourdain

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No reservations: el legado de Bourdain(Pixabay)

No reservations: el legado de Bourdain | Pixabay

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 "Soy Anthony Bourdain. Viajo, como, y tengo hambre de más". Con esas sencillas palabras el reconocido chef Anthony Bourdain -Tony- presentaba Anthony Bourdain: no reservations, el programa de viajes que lo terminó de catapultar a la fama, y redefinió el género del programa de viaje con su humor ácido y su capacidad de ir más allá de la comida.

Bourdain, encontrado muerto el viernes en la habitación de un hotel, fue un hombre de múltiples talentos: además de chef -él se describía más como "cocinero"-, escribió numerosos libros y filmó una cantidad similar de programas. Su estilo era único, y será irrepetible: es imposible encontrar otra persona con la mezcla de entusiasmo y conocimiento sobre comida, política, música y cultura pop que él tenía, y además que esa persona además tenga humor y gracia suficiente como para hablar de todo eso y hacerlo interesante.

No reservations tomó a todos por sorpresa. En el año 2005 los programas de viaje tenían un buen mercado. Después de todo, la cadena Discovery ya les había dedicado un canal entero, Travel Channel, y el interés por los contenidos que mostraban el mundo estaba en aumento. De todas maneras, todavía era difícil encontrar un programa de viajes que sea atrapante en cualquier lugar que visitara y se pudiera ver a pesar de que el espectador no tuviera ninguna intención de salir de su casa para recorrer el mundo.

Ese era el fuerte de Tony. No importaba si llegaba a Hong Kong, Rumania, Argentina o Kansas, siempre conseguí hacer que el lugar pareciera interesante, y lo hacía de una manera tan personal que era imposible no identificarse con él y sentir que no era tanto un presentador de TV, sino más bien un amigo que contaba historias locas de su viaje, de los bares por donde había pasado y de la gente que había conocido.

Tony y su guía Zamir Gotta. 

Durante 142 episodios paseó por buena parte del mundo: siguió los pasos del pintor Paul Gauguin en la Polinesia Francesa; habló con sobrevivientes de algunas de las guerras civiles de Nicaragua; rockeó con Josh Homme, el cantante Queens of the Stone Age, en el desierto californiano; comió tiburón en descomposición en Finlandia y foca cruda en Quebec; estuvo atrapado junto a su equipo en el Líbano, en medio de una batalla de la guerra libanesa-israelí; visitó y odió el castillo de Drácula en Rumania junto a su guía-amigo Zamir; cocinó un servicio en la última noche del mítico El Bulli... No reservations no se detuvo en un rótulo, y tuvo un poco de libro de viaje, diario íntimo y novela beat. En el medio, Tony consiguió mostrarse como realmente era, y la felicidad de una noche de borrachera daba paso a miradas perdidas durante un desayuno resacoso, con curas que los lugareños le ofrecían, siempre acompañadas de algún plato compuesto con "carne misteriosa".

No hace falta decir que, gastronómicamente hablando, había de todo. Desde la más alta cocina en los restaurantes más exclusivos del mundo -el capítulo con Ferran Adrià es el mejor ejemplo- hasta comida callejera de dudosísima procedencia, pasando por platos caseros hechos por abuelas italianas, o una barbacoa cocinada por músicos sibaritas. Bourdain no tenía una concepción elitista de la comida, y hacía lo que la mayoría de la gente hace con la comida. La disfrutaba. 

Un capítulo de No reservations trajo a Bourdain a la Argentina, durante la tercera temporada del programa. Su recorrido fue, a diferencia de lo que hizo en otros lugares, casi enteramente turístico. Aunque visitó a Marta Minujín, y se reunió con Los Pericos, la mayoría de la emisión fue Argentina clásica: asado en el campo, empanadas en Buenos Aires y una visita al Perito Moreno. El mejor recuerdo que deja es la mirada sorprendida de Tony ante los gauchos que lo acompañaban, quienes en un momento -mientras comían guiso de conejo y tomaban mate- le dijeron "los cocineros tienen dos opciones o son alcohólicos o gays". "Yo soy alcohólico", respondió entre risas. La broma no envejeció bien.

Es un hecho más o menos universalmente reconocido que Bourdain fue el primer "chico malo de la cocina", pero a veces eso parece haber sido un accidente. Su juventud estuvo marcada por el abuso de sustancias y la conducta autodestructiva, y terminó en la cocina como podría haber terminado en una redacción, en un estudio de cine o en el cementerio. Su paso a la fama le permitió, en gran parte, encaminar su vida, pero su suicidio es la prueba de que algunas cosas simplemente no desaparecen, a pesar de la suerte o el talento que puede llegar a tener una persona.

Puede parecer extraño para quién no conocía a Tony el nivel de tristeza que se mostró por su muerte. Diarios de todo el mundo y millones de personas en las redes sociales demostraron el cariño que les generaba el chef. Esas mismas personas son un poco afortunadas, ya que tienen por descubrir un poco de lo mejor que la televisión tiene para dar.

No reservations finalizó en el 2012, cuando Bourdain dejó Travel Channel para comenzar otra serie en CNN: Parts Unknown. En la nueva entrega, que tuvo 11 temporadas y estaba por estrenar la 12, Tony siguió viajando con su habitual carisma y agudeza, pero esta vez enfocándose más en la trama social y política de los lugares a los que visitaba. Por estos días todo su trabajo televisivo se puede encontrar en internet con una mínima búsqueda.

El último capítulo de No reservations -en Brooklyn, hogar del conductor- termina con un mensaje optimista, en el que Bourdain reconoce el largo camino que recorrió, y que, fiel a su estilo, seguiría recorriendo. Probablemente ese optimismo sea lo que tenemos recordar quienes disfrutábamos de que Tony nos mostrara el mundo a través de la TV.